Ruth Langan - Serie Las Hermanas Drummond 02 - La Traicion

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La traición- Ruth Langan

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La traición- Ruth Langan

La traición The betrayal

Prólogo Reino Mítico, 1547. —¡Allegral ¡Gwenellen! La pequeña Kylia Drummond, de seis años, iba corriendo hacia la orilla del Lago Encantado, llamando a sus hermanas por encima del hombro. — ¡Venid a nadar conmigo! Sin esperar a que ellas la alcanzaran, comenzó a quitarse el vestido. Entonces, sólo con la enagua, se metió en el agua. Cuando ésta le llegó a los hombros, se sumergió y comenzó a nadar. Siempre le había encantado el agua. Como un amante, parecía llamarla constantemente. A pesar de que el Lago Encantado estaba lleno de criaturas muy peligrosas, no tenía miedo, porque tales criaturas se mostraban amistosas con sus hermanas y con ella. Sólo eran los forasteros los que debían tener cuidado. El dragón que guardaba las orillas del lago y los otros monstruos que vivían en sus profundidades, eran muy leales a los que vivían en paz con ellos allí, en el Reino Mítico. Allegra, que tenía siete años, y Gwenellen, que tenía cuatro, se tomaron su tiempo para despojarse de sus vestidos y entrar en las frías aguas. Entre gritos de alegría, llegaron poco a poco al lugar en el que Kylia estaba nadando. La niña tenía un trozo de red que su madre le había preparado. Al ver que los rayos de sol se reflejaban en un banco de peces que pasaban por allí, Kylia, con un rápido movimiento, sacó uno de ellos con la red. A continuación, observó cómo el banco de peces cambiaba de dirección y desaparecía con un destello de luz. —Le prometí a la abuela que le llevaría unos peces para la cena —dijo. —Yo te ayudaré. Allegra escrutó las profundidades del lago y entonces, con la velocidad del rayo, capturó un pez y lo depositó junto al que su hermana había pescado. —Me toca a mí —gritó Gwenellen. La pequeña persiguió varios bancos de peces, pero siempre salió con las manos vacías. Presa de la desesperación, probó uno de los conjuros que había estado aprendiendo. Sin embargo, en vez de peces, se encontró con un plato lleno de heces, lo que provocó las carcajadas de sus hermanas. La sonrisa de Gwenellen se transformó muy pronto en un puchero. —No importa —le dijo Kylia, para tranquilizar a su hermanita—. Ya tenemos más que suficiente con los peces que hemos pescado nosotras para llenar la cazuela de la... Súbitamente, interrumpió sus palabras, pero no dejó de mirar el agua con una expresión de sorpresa en el rostro.

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La traición- Ruth Langan —¿Qué ocurre? —le preguntó Allegra, apresurándose por llegar al lado de su hermana. —Mira esa cara. ¿La ves? Aunque Allegra y Gwenellen miraron hacia el lugar que ella les indicaba, no lograron ver nada. —Yo veo agua. Peces. Algunas piedras... — respondió Allegra, frunciendo el ceño—. ¿Qué ves tú, Kylia? —El rostro de un hombre. Justo aquí. Metió la mano en el agua y la retiró rápidamente cuando tocó algo cálido y suave. Había una forma y una carne humana brillando por debajo de la superficie. —¿Es que no lo veis? Cuando notó que sus hermanas la contemplaban con perplejidad, añadió: —Entonces, está aquí sólo para mis ojos. Aceptó su don con la misma naturalidad que sus hermanas aceptaban los suyos. —No importa. Yo lo veo claramente —prosiguió—. Tiene el cabello largo y oscuro, que le llega hasta los hombros. Sus ojos son grises e inescrutables. Tiene la nariz recta y una firme barbilla, con un pequeño hoyuelo en el centro —añadió, mientras estudiaba el reflejo. A continuación suspiró—. Parece triste... —¿Por qué está triste? —preguntó Gwenellen. —No lo sé, pero parece llevar una carga muy pesada en el corazón —replicó Kylia, mientras acariciaba suavemente la superficie del agua. Al sentir un hormigueo por el brazo, la apartó rápidamente—. Lo que sí sé, es que un día él y yo nos encontraremos —añadió. La imagen seguía brillando bajo la superficie, pero, de repente, comenzó a disolverse hasta que desapareció por completo—. Entonces, conoceré todos los secretos de su corazón.

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Capítulo 1 Tierras Altas escocesas, 1559 El impacto de la espada contra el escudo resonó en los bosques. Los bárbaros salieron de sus escondrijos para enfrentarse con los caballeros que se dirigían hacia ellos en fila india. Atacados por sorpresa, los guerreros de las Tierras Altas no pudieron reagrupar sus fuerzas. No les quedó más opción que defenderse con valentía, aunque sus enemigos los superaban ampliamente en número. —Sabían que veníamos, milord —dijo Finlay, el anciano que había cabalgado con el clan MacCallum durante más de cuarenta años, mientras agarraba el brazo de su joven señor—. Debe hacer que los hombres se batan en retirada. Si no, todo estará perdido. La retirada iba en contra de todos los principios en los que creía Grant MacCallum, pero el sentido común debía prevalecer por encima de su orgullo. Aquellos hombres tenían esposas y familiares que dependían de ellos. Si se veían obligados a enfrentarse a una fuerza tan superior, muchos de ellos perderían la vida, lo que dejaría a su clan con un número aun más alto de viudas y huérfanos lamentándose de su pérdida. De mala gana, gritó la orden. — ¡Retirada! Minutos después, el gemido de las gaitas hizo que los hombres se dieran la vuelta y se lanzaran contra los matorrales para escapar de las espadas de los enemigos. Grant mantuvo su posición, luchando junto al viejo Finlay, hasta que todos sus hombres hubieron conseguido escapar. A continuación, cubrió las espaldas del anciano hasta que él también se puso a salvo y, sólo entonces, se subió en su corcel y siguió la estela de sus hombres en medio del estruendo de los cascos de su caballo. Mientras regresaba a su fortaleza de las Tierras Altas, reflexionó sobre el que había sido el último de una escalofriante serie de acontecimientos. Desde que había sido nombrado Jefe del clan de los MacCallum, se habían encontrado dos veces con un ejército de invasores en el mismo lugar desde el que habían esperado lanzar un ataque sorpresa. Uno se podría haber considerado un accidente. Tras haberse producido en dos ocasiones, ya no se podía calificar de incidente aislado. Aquello demostraba sin duda alguna que estaba siendo traicionado. Sin embargo, dado que sólo había comunicado los planes de aquella marcha a un puñado de los miembros del Consejo en los que más confiaba, se deducía que la traición era personal y que provenía de uno de los suyos. —Acabamos de enteramos de las noticias —dijo Dougal, el hermano de Grant. El joven, que era trece meses menor que Grant, estaba sin aliento por haber subido corriendo por las escaleras hasta llegar a los aposentos de su hermano. Aunque era más bajo y más corpulento, sus ojos y su cabello eran tan sólo una versión más clara de los de Grant. Los dos hermanos tenían un extraordinario parecido. Detrás de él iba una mujer muy alta, vestida como una monja de clausura, con un hábito negro, la cabeza cubierta y un velo sobre el rostro. Atravesó la estancia y tomó asiento sobre una butaca que había junto al fuego. —Tía Hazlet —dijo Grant. Se alejó del balcón, en donde había estado sumido en sus pensamientos, y se acercó a la mujer para apretarle las manos con una de las suyas. Ella las plegó inmediatamente sobre el regazo. Hasta su voz tenía el tono preciso y cortante de una madre superiora.

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La traición- Ruth Langan - El Consejo me ha dicho que no has capturado a los invasores, sobrino. Supongo que comprenderás que todos te consideran ahora un cobarde por haber rehuido un enfrentamiento con ellos. Grant se volvió para mirar las llamas del fuego que ardía en la chimenea. —Lo que piensen los demás es la menor de mis preocupaciones. —¿Qué puede ser peor que permitir que los invasores escapen o que tu propia gente te considere un cobarde? —¿Me preguntas que qué puede ser peor, tía? Yo te lo diré. La traición —le espetó Grant, casi escupiendo la última palabra. —¿De qué estás hablando, hermano? — preguntó Dougal, mientras cruzaba la estancia para acercarse a él. Grant miró al viejo Finlay, que estaba en silencio al otro lado de la sala. —Nuestros atacantes nos estaban esperando. Estaban escondidos en un recodo del camino, el lugar en donde más difícil nos sería presentar batalla. —Tal vez vieron el brillo de vuestros escudos —sugirió Dougal frunciendo el ceño. —El sol no brillaba en el bosque —le informó el anciano con voz suave. —En ese caso, tal vez escucharon el sonido de las voces de los hombres o el estruendo de los cascos de los caballos. —No —replicó Grant—. Yo les había advertido a los hombres que avanzaran con sigilo. Los caballos iban al paso. Te aseguro que nuestros enemigos habían sido advertidos de nuestra llegada. —¿Estás diciendo que hay un traidor entre los nuestros? —preguntó Dougal. —Así es —respondió Grant. Tomó una manta escocesa y se la echó al hombro antes de que ceñirse la espada. Al verlo, su hermano le tocó suavemente el brazo. —¿Adonde vas? —Al Reino Mítico. —Debes de estar de broma —comentó Dougal. Sin embargo, al ver la ira que se reflejaba en los ojos de su hermano, arqueó una ceja—. No, ya veo que hablas en serio. Estoy seguro de que sabes lo que dicen sobre ese lugar. —Sí. He escuchado durante toda mi vida la leyenda del dragón que guarda el lago y que protege a las brujas que viven en el Reino Mítico. Sin embargo, si la leyenda es cierta, si un hombre consigue entrar en el Reino, esas brujas tendrán que revelarle sus secretos. —Estás loco. —Tal vez —replicó Grant mientras tomaba su daga y se la metía en la bota—, pero las gentes de Duncrune me han nombrado jefe del clan MacCallum. Con ese privilegio viene la responsabilidad de mantener a salvo a los que están bajo mi protección. Si eso significa que debo arriesgar mi vida, que así sea. No regresaré al castillo de Duncrune hasta que tenga lo que busco — añadió colocando una mano sobre el hombro de su hermano. —¿Y qué es lo que buscas? —La verdad. En aquel momento, su tía se puso de pie. —¿Y piensas aceptar como verdad lo que te diga una bruja? —le preguntó. —¿Acaso es mejor que confíe en los que me están traicionando? —No estás seguro de que sea así. —Me lo dice mi corazón, tía —afirmó Grant. —Yo debería acompañarte —dijo Dougal suavemente. —No —rugió Hazlet. Sus ojos echaban chispas a través del velo—. Nuestra gente no puede perderos a los dos. Si tienes intención de llevar a cabo esta locura, sobrino, es mejor que dejes aquí a Dougal para que actúe como jefe en tu ausencia. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan Grant escuchó un murmullo de voces que provenían del salón de gala que había en la planta inferior del castillo y en el que se habían reunido los hombres en los que más confiaba. —Tenemos al Consejo. Ellos son capaces de velar por la seguridad de nuestro clan hasta que yo regrese. —Son unos excelentes guerreros, si eso es lo único que se necesita, pero tú mismo has dicho que podría haber un traidor entre ellos. ¿En quién se podrá confiar para que tome una decisión de importancia mientras tú estés por ahí, persiguiendo brujas? Grant no se ofendió por el sarcasmo que teñía las palabras de su tía. Hubo un momento en el que él también hubiera considerado que las brujas y la magia eran un completo desatino. Sin embargo, aquello había sido antes de que se apoderara de él la desesperación por saber la verdad que había detrás de su traición. Se volvió de nuevo a su hermano. —La tía Hazlet tiene razón, por supuesto. Hasta mi regreso, dejo la protección de nuestras gentes al Consejo y las decisiones que requieran mi sello a ti, Dougal. ¿Te encargarás de todo? —Si tú me lo ordenas, sí, hermano, aunque preferiría acompañarte antes que quedarme aquí. —En ese caso, te lo ordeno. Los dos hombres se dieron las manos. —¿Y yo, mi señor? ¿Me permitirás a mí que te acompañe? Al escuchar la pregunta de Finlay, Grant se dio la vuelta para mirar al anciano. —No, amigo mío. Tú permanecerás aquí y te ocuparás de la seguridad de mi hermano y de mi tía. Unos breves instantes después, los tres observaron cómo Grant salía de la sala a grandes zancadas. Permanecieron de pie en el balcón y escucharon cómo los criados gritaban palabras de despedida al ver que su señor dirigía su corcel a las montañas cubiertas de bruma que se divisaban en el horizonte. Hazlet se dio la vuelta y sacudió la cabeza. —Grant es tan obstinado como lo era mi hermano Stirling. Rezaré para que no se demuestre que es igual de temerario. Aquellas palabras provocaron un escalofrío en Dougal. Todo el mundo sabía que el caso omiso que su padre había hecho de su propia seguridad en el campo de batalla le había costado la vida a él y a su mejor amigo, Ranald, que había sido el gran amor de Hazlet. Con el corazón destrozado, Hazlet se había recluido en sus aposentos como muestra de duelo, negándose a ver a nadie. Las desgracias familiares no terminaron ahí. Mary, la hermosa y joven esposa de Stirling, que ya tenía una salud muy frágil por el nacimiento de su primogénito, murió horas después de dar a luz a Dougal. Hazlet se había visto obligada a sobreponerse a su pena y a ayudar en el parto y luego en la crianza del recién nacido. Al ver la aflicción que se reflejaba en los ojos de Dougal, Hazlet se apresuró a tranquilizarlo. —No debes preocuparte, querido mío. —¿Y si mi familia está destinada a repetir los errores del pasado? Tu misma has dicho que Grant es muy imprudente. —Eso no significa que tu debas ser como él. —La misma sangre corre por las venas de ambos. —Y por las mías —replicó Hazlet tocando suavemente la mejilla de su sobrino—, pero yo no me parezco a mi hermano, igual que tú no te pareces al tuyo. Vamos. Vayamos abajo para reunimos con los demás. Cuando se enteren de la Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan última locura de su jefe, necesitarán un sabio consejo. Tú y yo juntos aplacaremos sus temores. El viejo Finlay permaneció en el balcón, observando a su señor hasta que éste desapareció en la distancia. El bosque estaba tan oscuro como la medianoche. La luz del sol no penetraba en la espesa maleza que resistía todo avance. Grant se había visto obligado a desmontar de su caballo y utilizar la espada para cortar de un tajo las ramas de los arbustos que le bloqueaban el camino. Varias veces su rocín se encabritó al sentir las criaturas que se cernían sobre ellos, con los ojos brillantes como brasas que ardían en la oscuridad. Aquello era suficiente como para helarle la sangre a un hombre y dar alas a un terror completamente ciego. Sin embargo, la necesidad que lo empujaba lo consumía más que el miedo a lo desconocido. Por eso, siguió adelante, decidido a alcanzar su objetivo. Después de largas horas, vio un tenue destello de luz delante de él. Lanzó un suspiro de alivio por poder salir por fin del bosque. El brillo del sol reflejándose sobre el agua que se extendía directamente delante de él estuvo a punto de cegarlo. —El Lago Encantado... Susurró el nombre del lugar del que había oído hablar desde su más tierna infancia. Efectivamente así era, dado que el agua refulgía con los colores de los diamantes y los zafiros. Tomó un poco de agua en el hueco de la mano y bebió. Era el agua más dulce y pura que había saboreado nunca. Cuando se miró los dedos, vio que las gotas que habían quedado entre ellos eran en realidad Joyas que brillaban bajo la luz del sol. Relucientes diamantes blancos y zafiros azules. Asombrado, los envolvió en un trozo de tela y se los metió en un bolsillo que tenía en la cintura. De repente, los truenos retumbaron en el cielo. Al levantar la vista, se dio cuenta de que no habían sido los truenos, sino el rugido del dragón que guardaba el lago. La criatura fue surgiendo lentamente entre las aguas, cerniéndose sobre él y empequeñeciéndolo con su tamaño. Su envergadura era tal que hacía que los acantilados que se levantaban en el extremo más alejado parecieran minúsculos a su lado. Tenía el cuerpo más largo que el de cualquier barco y completamente cubierto de escamas. El gigante abrió la boca y sacó la lengua, seguida de una llamarada de fuego que provocó que Grant se lanzara contra la arena de la orilla para evitar que aquella bestia lo quemara vivo. Sintió un intenso calor por encima de la cabeza. Entonces, observó horrorizado cómo el monstruo emergía del agua y se dirigía hacia él. Lo primero que Grant pensó fue que no se debería haber enfrentado a un oponente tan terrible. A menudo se había visto superado en número por sus enemigos durante una batalla y se había visto obligado a luchar hasta que ya no le quedaban fuerzas. Sin embargo, siempre había creído que tenía los recursos internos para poder ganar. Aquella vez, su valor sufriría la prueba más dura a la que se había visto sometido hasta entonces. Desenvainó la espada y dio un paso al frente, decidido a vencer tanto a aquella criatura como a su propio miedo. El dragón se inclinó hacia atrás para descansar sobre su cola. Entonces, lanzó una enorme zarpa. En menos de un segundo, Grant pudo sentir muy cerca unas garras tan afiladas como cuchillas, que podían hacer trizas el cuerpo de un hombre con un único golpe. Saltó hacia un lado, pero sintió un agudo dolor que le iba desde el hombro hasta el codo. Durante un instante, el tormento que aquella herida le provocó le hizo caer de rodillas mientras la sangre le fluía del brazo como si fuera un río, empapándole la manta escocesa con la que se había cubierto. La espada se le cayó de las manos, momento que el dragón aprovechó para enroscar la cola alrededor de Grant e inmovilizarle los brazos Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan contra los costados. Muy lentamente, comenzó a apretar con la intención de arrebatarle la vida. A medida que la presión fue incrementándose, Grant notó que le costaba respirar. Poco a poco comenzó a ver estrellas bailándole delante de los ojos. Sabía que faltaba muy poco para que perdiera el conocimiento. Como ya no tenía la espada, levantó poco a poco el pie hasta que consiguió asir el mango de la daga que llevaba oculta en la bota. El sudor le cubría copiosamente la frente mientras sacaba centímetro a centímetro la hoja. Cuando tuvo el arma bien agarrada comenzó a cortar la cola escamosa que lo mantenía prisionero. Con el primer corte sintió que podía expandir el pecho y respirar un poco mejor. Con el segundo y el tercero, notó que empezaba a liberarse. Con unos cortes más, salió volando por los aires y cayó en el agua en medio de un gran chapoteo. Durante unos momentos se hundió en el líquido elemento y se preguntó si iría a morir de todas formas, aquella vez ahogado. De repente, sintió la arena bajo sus pies y supo que había llegado a la parte menos profunda del lago. Justo allí, delante de él, estaba su espada. Vio que el dragón se erguía y comprendió que no sobreviviría a un segundo ataque. Rápidamente agarró su espada y decidió atacar en vez de esperar simplemente a defenderse. Se metió entre las patas delanteras de la criatura, levantó la mirada y vio el enorme torso del dragón encima de él. Con las dos manos, agarró la espada con fuerza y la hundió en el corazón de la bestia. El dragón cayó de espaldas, con los ojos mirando al sol, mientras emitía un rugido que se abrió paso a través de los cielos. Las aguas se riñeron de rojo con su sangre cuando el monstruo se hundió lentamente en medio de un remolino. Grant se dirigió hacia la orilla para tratar de recuperar el aliento mientras las aguas del Lago Encantado se agitaban y burbujeaban antes de quedar en calma una vez más. Cuando levantó la mirada, ya no pudo ver al dragón, aunque el agua permanecía teñida por su sangre y brillaba como si contuviera rubíes. Se ató un trozo de manta alrededor del brazo para detener el flujo de sangre. Entonces, sin dejar de empuñar la espada, agarró a su caballo y lo llevó al lago. Fueran cuales fueran los peligros que lo acecharan, se enfrentaría a ellos con la misma determinación. Aunque estaba agotado por su batalla con el monstruo, estaba decidido a que nada le impidiera su objetivo de llegar al Reino Mítico y a las brujas que habitaban en él. Al oír el lejano rugido, Nola Drummond levantó la vista de su telar y lanzó una mirada de preocupación hacia el cielo. Éste era de un bello color azul, sin una nube en el horizonte. Echó a correr hacia la puerta y llamó a gritos a su madre, que estaba cocinando sobre el fuego al aire libre. —El dragón está gritando. —¡Ay! —exclamó Wilona mientras se secaba el sudor de la frente—. Debemos llamar a las muchachas para que regresen a casa. Tras dejar a Bessie para que removiera el puchero, las dos mujeres comenzaron a atravesar la pradera hasta que llegaron a una colina que les permitiera examinar el área que las rodeaba. Se llevaron los dedos a la boca y lanzaron el silbido que siempre les había ayudado a avisar del peligro inminente. Minutos más tarde, Gwenellen salió del bosque seguida de Jeremy, el pequeño trol. La muchacha se acercó corriendo hacia las dos mujeres. Nola saludó a su hija con un fuerte abrazo. —¿Dónde está tu hermana? Gwenellen se encogió de hombros. —Conociendo el amor que Kylia siente por el agua, estoy segura de que está en el lago o cerca de él. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan Wilona vio el miedo que se reflejaba en el rostro de Nola. Rodeó los hombros de su hija con un brazo e hizo lo mismo con su nieta. —No tengáis miedo —les dijo a ambas, para tranquilizarlas—. Nuestra Kylia no se arriesga a lo loco. Estoy segura de que habrá escuchado el grito del dragón y ya estará de camino a la cabaña. Vamos. La anciana entrelazó las manos con las de su hija y su nieta y juntas atravesaron la pradera de vuelta a la cabaña. Jeremy corría detrás de ellas para no perderles el paso. Wilona no dejaba de rezar para que pronto vieran la esbelta figura de la que esperaban que ya los estuviera esperando a la puerta de su casa. Kylia observó atónita el agua sanguinolenta que llegaba hasta las orillas del lago y que le manchaba el bajo del vestido. Lo mismo le había ocurrido poco más de un año antes, cuando un desconocido había matado al dragón que guardaba su reino para obligar a su hermana Allegra a acompañarlo a su castillo. Lo que había comenzado como una terrible situación se había transformado en un profundo amor entre Allegra y su amado Merrick MacAndrew. En aquellos momentos, Allegra vivía con su esposo y con su hijito Hamish en el castillo de Berkshire, lejos del Reino Mítico. Sin embargo, regresaban con frecuencia. La familia de Allegra estaba convencida de que la joven había encontrado una felicidad plena fuera del Reino Mítico. Más tarde, Kylia había encontrado el huevo del dragón en un nido escondido junto a la orilla del río. Había visto cómo el huevo se incubaba y cómo el pequeño dragón se convertía, al igual que sus antepasados, en un fiero protector de su tierra. Tras haber encontrado un nuevo nido, que contenía a su vez otro huevo, sentía un profundo pesar en el corazón. ¿Acaso habría presentido el dragón de alguna manera que su tiempo en aquella tierra se estaba acercando a su fin? Kylia pensó en la expresión favorita de su abuela. "Hay un tiempo para todas las cosas". Wilona le había explicado que había un ritmo para la vida. Un momento para vivir y otro para morir. Una etapa para aprender y otra para amar. Mientras el agua empezaba a agitarse y a burbujear, Kylia se preguntó cuándo le tocaría a ella. Como respuesta, vio una imagen resplandeciente bajo las olas del lago. Gradualmente, se hizo más nítida y vio el rostro del hombre que había visto docenas de veces en el lago desde su infancia. El cabello oscuro tan familiar cayéndole por los hombros. Los ojos grises que reflejaban una gran preocupación. La firme y fuerte mandíbula y el hoyuelo en la barbilla. Sin embargo, en vez de desvanecerse como siempre había ocurrido en el pasado, se fue haciendo más clara y comenzó a levantarse del lago. Era más que un rostro. Mucho más. Había unos hombros fuertes y anchos, un torso poderoso, apenas cubierto por una manta escocesa. En la mano llevaba una espada con la empuñadura cubierta de piedras preciosas que reflejaba la luz del sol. En la otra mano, tenía las riendas de un caballo que lo seguía muy lentamente. Tanto el hombre como el caballo parecían estar completamente exhaustos y respiraban con dificultad. Durante un instante, ni el caballero ni Kylia pronunciaron palabra alguna. Simplemente se observaron atentamente, ambos con la mirada llena de sorpresa. Cuando él se acercó, Kylia pudo por fin articular palabra. —Que haya podido matar a nuestro guardián significa que su fuerza es grande, porque mi abuela dice que hacen falta unos poderes extraordinarios para superar al dragón. Al ver que el hombre seguía observándola en silencio, Kylia sintió que el rubor le cubría las mejillas. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan —Perdóneme. Mis primeras palabras deberían haber sido de saludo. Bienvenido al Reino Mítico. Me llamo Kylia. Mi familia pertenece al clan de los Drummond y, aunque no conozco su nombre, su rostro sí me es familiar. Llevo viéndolo en el lago desde que era una niña. Grant estaba muy asombrado. La mujer que estaba frente a él no era una bruja sino más bien una diosa. Su piel era tan blanca como la leche. El cabello negro azulado, brillante como las alas de un cuervo, recogido en una gruesa trenza que le llegaba hasta la cintura. Tenía una cintura muy estrecha, ceñida con una cinta en la que ella se había metido una ramita de brezo que era del mismo color que sus ojos. Las palabras con las que la joven lo había saludado carecían de sentido para él. —¿Me ha visto antes? —Sí. Aquí —explicó, señalando el agua del lago, que en aquellos momentos estaba tan clara y brillante como los diamantes—, Siempre supe que vendría algún día... —¿Que lo sabía...? Grant sintió un extraño zumbido en los oídos. Se preguntó por qué la voz de la joven se iba haciendo cada vez más débil. -—Perdóneme que no haya dejado de hablar —se disculpó ella. Su sonrisa se había desvanecido—. Está herido... -¿Sí? Grant se miró la sangre que le manaba a borbotones de la herida del brazo. Trató de agarrárselo para tratar de cortar la hemorragia. Antes de que pudiera hacerlo, sintió que las piernas le fallaban. La vista se le nubló. El zumbido se hizo mucho más fuerte, hasta que le pareció que un enjambre de avispones se le había metido en el cerebro. Sin decir palabra, se desmoronó sobre la arena en el momento en el que sintió que lo engullía un oscuro túnel que le impidió seguir viendo la luz del sol.

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Capítulo 2 Grant permaneció inmóvil, asimilando unos olores y unos sonidos desconocidos para él. Voces suaves y susurrantes. Risas tan dulces como la música. El dulce perfume del brezo y el delicioso aroma de la carne y las hierbas asándose sobre el fuego. Permaneció tumbado, con los ojos cerrados esperando el dolor que sabía que no tardaría en llegar. Se movió ligeramente sobre un camastro tan blando como si estuviera hecho con plumas. Al ver que no le dolía nada, se llevó la mano al brazo. No sentía molestia alguna. Tampoco notaba sangre, ni venda ni cicatriz alguna. Abrió los ojos y miró a su alrededor. —Por fin ha decidido regresar con nosotros. Con un ligero crujido de la tela de sus faldas, la diosa se arrodilló a su lado. —La recuerdo —dijo él, al reconocerla—. Estaba en la orilla cundo salí del lago. Después de eso, no me acuerdo de mucho más. La risa de la joven resonó tan clara como el repique de una campana. —No me sorprende, dado que se cayó a la arena. No pude despertarlo, por lo que tuve que ir a buscar a mi familia para que me ayudara. —¿Dónde estoy? —En nuestra casa. En mi cama —añadió la joven, sonrojándose-—. Lleva dormido tres días. —¿Tres días? —Y tres noches —comentó ella. Unos labios gruesos y perfectos formaron una sonrisa—. La abuela nos dijo que no teníamos que preocuparnos, porque su cuerpo sólo estaba reclamando el poder curativo del sueño. —¿La abuela? —Sí. Yo vivo aquí en el Reino Mítico con mi madre, mi abuela, una hermana menor, y unos amigos. Jeremy, un trol, y Bessie, que es como una tía para nosotros. Tengo una hermana mayor también, pero ella se marchó de casa para estar con su esposo. —¿Y su nombre... su nombre es Kylia? —Veo que lo recuerda. -¿Cómo iba a olvidarlo? Nunca en su vida había visto una criatura tan perfecta. —El brazo... Lo levantó del colchón de pieles y, al contemplarlo, se quedó atónito. ¿Acaso habría sido un sueño la herida que había recibido de las temibles garras del dragón? La joven volvió a echarse a reír, lo que provocó un extraño sentimiento en el corazón de Grant. —Tuvimos que cantar mucho y hacer infinidad de conjuros para sanarlo. Mi hermana mayor, Allegra, es la que más desarrollado tiene el don de la curación, pero ahora no está aquí, así que debimos hacerlo con nuestros escasos dones. —¿Consiguieron... consiguieron que mi herida desapareciera con cánticos? —Sí. Pudimos conseguirlo porque era muy reciente. Tuvimos que utilizar hierbas y mucha meditación para algunas de las cicatrices más antiguas. —¿Cicatrices más antiguas? Por debajo de la piel que lo cubría, Grant se pasó la mano por el torso y descubrió que los nudos y los abultamientos de piel que tan familiares le habían sido hasta entonces habían desaparecido. Tenía la piel tan suave como la de un recién nacido. Atónito, se incorporó y la manta de piel se le deslizó hasta la cintura, revelando así que estaba completamente desnudo. Aunque reaccionó con Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan rapidez y se cubrió inmediatamente, pudo ver que el rubor se extendía por las mejillas de Kylia y que la joven se ponía rápidamente de pie. —Iré a por su manta —dijo—. Mi madre la ha remendado y la ha lavado para quitarle la sangre. Cuando la joven desapareció, Grant volvió a tumbarse. Se sentía más que abrumado. ¿Habría perdido la cabeza o estaría aquello ocurriendo de verdad? Le parecía imposible que una herida tan grave como la que había tenido en el brazo hubiera podido sanar en tres días sin dejar marca alguna. Además, las cicatrices más antiguas habían desaparecido, dejándole una piel completamente perfecta. Se sentía renacido. En realidad, no recordaba haberse sentido nunca tan descansado. Experimentó un momento de incomodidad cuando pensó que unas mujeres desconocidas le habrían estado examinando el cuerpo. Sin embargo, lo que me importaba era que todas sus cicatrices habían desaparecido con unos cuantos conjuros. Se colocó un brazo sobre los ojos y suspiró profundamente. O se había vuelto completamente loco o las historias que llevaba escuchando toda una vida eran ciertas y en realidad estaba en el Reino Mítico, en compañía de brujas. Grant se colocó la manta sobre un hombro, al modo de los habitantes de las Tierras Altas. Cuando salió de la cabaña sintió el calor del sol sobre el rostro. Se detuvo un instante para admirar la vista. Varias mujeres ataviadas con vestidos de alegres colores estaban realizando diversas actividades. Una mujer de cabello largo y oscuro, tenido ya algo de gris, estaba removiendo algo en un caldero. No obstante, aquella no era ninguna pócima de brujas. El aroma que flotaba sobre la brisa hizo que la boca de Grant se hiciera agua. A un lado; estaba una mujer más joven trabajando en un telar. Una anciana jorobada estaba sentada a sus pies, retorciendo el hilo y haciendo una madeja con él. Un pequeño trol avanzaba hacia ellas desde el lago. Aquél tenía que ser Jeremy. Iba acompañado de Kylia y de una joven rubia de ojos azules que llevaba unos peces. —Buenos días —le gritaron todas. —Buenos días —respondió él—. Muchas gracias por haberme sanado. Estaré para siempre en deuda con todas. La que estaba al lado del caldero sonrió. —Nos alegra haber podido ayudarlo. Yo soy Wilona, del clan Drummond. Ésta es mi hija Nola —dijo, refiriéndose a la que estaba sentada en el telar—, y nuestra amiga Bessie. Ése es Jeremy y mis nietas Gwenellen y Kylia, a la que ya conoce. Grant trató de no mirar demasiado intensamente a la belleza de cabello negro, cuyo vestido mojado se le pegaba a cada línea y a cada curva del cuerpo. No parecía que se hubiera dado cuenta del aspecto que tenía. Tomó un cuchillo y se puso a preparar el pescado para el fuego. -Yo soy Grant, jefe del clan MacCallum. -¿Un jefe? —repitió Wilona, mirándolo atentamente—. Nos sentimos muy honradas con su visita. Sin embargo, un hombre no mide su valor con un dragón sin tener un buen motivo. ¿Qué desea el jefe del clan MacCallum del Reino Mítico? —He venido a buscar el nombre de mi enemigo, que camina a mi lado fingiendo que es uno de mis amigos —respondió Grant, con un tono de voz muy duro. —¿Qué le hace pensar que podemos ayudarlo? —Ya han demostrado que pueden curar mi cuerpo. Debo curar a mi clan averiguando ese nombre. —¿Para que pueda buscar venganza? Grant notó la censura que la anciana había reflejado en la voz. —Para poder mantener a mi gente a salvo de futuras venganzas. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan Wilona lo estudió atentamente antes de volver a centrar su atención en el puchero. —Ya tendremos tiempo para hablar de esto más tarde. Ahora, dado que ha recuperado su fuerza, Kylia y Gwenellen están deseando mostrarle nuestro reino. Grant sabía que la mujer había dado por terminada la conversación, pero no se ofendió por ello. Aquellas mujeres necesitaban tiempo para aplacar el temor que sentían de él, igual que el propio Grant necesitaba tiempo para ajustarse a la situación. —Estoy deseando verlo, dado que he oído hablar de este lugar desde que no era más que un niño. Lentamente, siguió a las dos jóvenes, que condujeron a su huésped a través de una pradera de brezo en flor. Jeremy, que no era más alto que un muchacho, los seguía a cierta distancia. Cuando los cuatro se hubieron marchado, Wilona se giró y vio que su hija estaba observando atentamente el lugar por el que ellos habían desaparecido con una mirada de intensa concentración. —Estás preocupada, hija mía. —Yo no diría preocupada, pero sí inquieta. —¿Temes que nuestro huésped haya traído los peligros a nuestra casa? —No, al menos no creo que sean peligros físicos. Tiene un aspecto muy apuesto. He visto el modo en el que Kylia lo observa. —No está acostumbrada a poder mirar a un hombre. —Efectivamente. Ni que un hombre la mire a ella. He visto cómo él también la observa... —¿Qué es lo que temes, hija mía? ¿Que pierdas a Kylia por ese hombre? —Si fuera por amor, estaría encantada. Desde que Allegra se marchó de nuestro reino he visto algo en los ojos de Kylia. Anhela alguien que la ame. Alguien que le llegue al corazón del mismo modo que Merrick llegó al de Allegra. —En ese caso, lo que temes es que Kylia esté enamorada del concepto del amor. —Así es. Tal vez cometimos un error al proteger tanto a las niñas del mundo exterior. Son tan inocentes... —Pero no por ello son seres indefensos. Las hemos educado para que sean fuertes, inteligentes e independientes. Ahora debemos confiar en que les hayamos enseñado todo lo que necesitan saber para sobrevivir. En nuestro mundo o en otro. Nola suspiró. —Supongo que es la suerte de la madre confiar haber hecho todo lo que era necesario para que sus hijos sobrevivan y salgan adelante. Wilona rodeó con un brazo los hombros de su hija —Venga, deja el telar ahora, Nola. Y también tus preocupaciones. Con la ayuda de Bessie, preparemos una comida digna de un lord. Grant siguió a las dos mujeres a través de una pradera cuajada de flores silvestres, cuyas variedades no había visto nunca antes. Metros y metros de dedaleras, más altas que él mismo, en los más vivos tonos de rojo, naranja y morado. El aire estaba perfumado con el aroma del brezo, de las rosas y de otras flores exóticas que le resultaban desconocidas. Desde las ramas de un árbol, un destello le llamó la atención. Al levantar la mirada, vio unas pequeñas criaturas que saltaban de hoja en hoja. Se detuvo en seco para observarlas más detenidamente. —¿Han visto esto? —les preguntó a las muchachas. Kylia y Gwenellen se detuvieron para mirar hacia el lugar que él señalaba. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan -Son hadas —dijo Kylia—. Los bosques están repletos de ellas. Les encanta jugar entre las ramas de los árboles. —Hadas... —repitió Grant. Siguió completamente inmóvil mientras las dos hermanáis seguían andando. Entonces, al ver que Jeremy lo estaba observando, echó a caminar detrás de ellas. Cuando consiguió alcanzarlas, las jóvenes estaban sobre una colina. Se habían metido los dedos en la boca y estaban lanzando suaves silbidos. Minutos más tarde, dos caballos alados comenzaron a volar sobre sus cabezas antes de aterrizar suavemente sobre la hierba y recogerse las alas sobre los costados. —¿Caballos voladores? —preguntó, boquiabierto y lleno de emoción. Sin poder evitarlo, se dirigió hacia los animales—. ¿Dejan que se les monte? —Sí —respondió Kylia mientras acariciaba el morro a un caballo negro con las alas plateadas—. Ésta es Luz de Luna. Es mía desde que yo no era más que una niña. Entonces, señaló al blanco que Gwenellen estaba montando—. Ése es Estrella de Luz y aquél Luz del Sol —añadió, refiriéndose a un hermoso caballo dorado que acababa de aterrizar al lado del trol—. Pertenece a nuestra hermana Allegra. Como ella no está, lo monta Jeremy. Grant sacudió la cabeza lleno de admiración al ver que Jeremy y Gwenellen salían volando por el aire sobre sus caballos alados. —¡Yo daría cualquier cosa por poseer algo tan maravilloso! Kylia lo agarró suavemente de la manga. —Siento mucho que nuestros caballos sean demasiado pequeños como para que usted pueda montarlos. Grant logró controlar su sobresalto al notar la mano de la joven. Entonces, rápidamente, la tomó entre una de las suyas. —No tiene necesidad de disculparse, Kylia. Me basta con poder admirar una criatura tan mítica. Como el calor que estaba experimentando amenazaba con abrasarlo, soltó la mano de Kylia y se acercó a acariciar al caballo que había quedado en tierra. Sin embargo, la sensación no desapareció. En cuanto a Kylia, se quedó completamente inmóvil, preguntándose por el calor que ella también había experimentado con tan breve contacto. ¿Sentiría lo mismo si la tocara cualquier otro hombre o era sólo Grant el que le provocaba aquellos sentimientos? Para ocultar su confusión, levantó la cabeza y se cubrió los ojos con una mano para evitar los rayos del sol. —Mire lo alto que Jeremy y Gwenellen han llegado. Grant levantó la mirada. Se quedó atónito al ver que los dos rocines y sus jinetes no eran ya más que dos puntos en el horizonte. —¿A qué altura pueden volar esos caballos? —No lo sé —respondió ella, riendo—, Nunca los hemos hecho llegar hasta su límite. —¿Quiere decir que podrían ser capaces de llegar hasta el sol? Kylia se encogió de hombros y, al sentir otra oleada de calor, apartó rápidamente la mirada. —¿Quién puede decir hasta dónde podrían llegar si se lo pidiéramos? En aquel momento, una ráfaga de viento sopló a través de la pradera, haciendo que las flores comenzaran una danza alocada y que la falda de Kylia se le aplastara contra las piernas. Entonces, levantó la mirada y que a Gwenellen le estaba costando agarrar las riendas, que se le habían escapado de mano. La joven levantó los brazos y, con las palmas hacia arriba, dijo con voz altanera: —¡Te lo ordeno! ¡Quédate quieto para que mi hermana no se caiga! Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan Inmediatamente, una extraña calma se extendió por toda la tierra. Mientras Grant miraba atónito a su alrededor, Gwenellen agarró las riendas y el caballo alado giró para dirigirse hacia el suelo. Aterrizó al lado del de Jeremy, que acababa de desmontar. Las mejillas de Gwenellen estaban cubiertas de un intenso rubor. —¡Menudo paseo, especialmente cuando esa brisa nos sorprendió! Gracias, Kylia — dijo la joven. Su hermana mayor la abrazó rápidamente. —De nada, hermana mía. Sé que podrías haberte cuidado tú sola, pero noté que tenías otras cosas en la cabeza. —Sí. Todos sabemos que, a menudo, mis conjuros salen mal. Es mejor que regresemos a la casa. ¡Oh! —exclamó Gwenellen cubriéndose la boca con la mano— . Casi se me había olvidado. Le prometí a nuestra madre que llevaría un ramo de flores silvestres para decorar la mesa. ¡Dedaleras, rosas, lirios ¡Venid a mí con premura! Se produjo un ligero remolino del aire. Entonces, Gwenellen miró con repugnancia las verduras que tenía entre los brazos. —¡No he dicho verduras! No quería verduras sino que las flores vinieran a mí con premura. Kylia no supo qué le causó más gracia, si el gesto de desesperación que su hermana pequeña tenía en el rostro o las verduras que tenía entre los brazos. Entre risas, dio una palmada y extendió los brazos. En un abrir y cerrar de ojos, tenía entre las manos un delicioso ramo de flores, que rápidamente le entregó a Gwenellen. —Aquí tienes. Creo que éstas te gustarán más. —Gracias. Espero que tenga hambre — añadió, refiriéndose a Grant. Mientras regresaban a la casa, él se preguntó si los tres notaron el asombro que se había apoderado todo su ser. ¿Eran conscientes del paraíso que era el Reino Mítico o acaso creían, dado que llevaban toda su vida viviendo allí, que todo el mundo disfrutaba de tales comodidades? Se le ocurrió que, si el mundo exterior supiera lo que había al otro lado de las orilla del Lago Encantado, habría cientos de guerreros deseando enfrentarse con el dragón o con cualquier otra bestia que se interpusiera en sus caminos.

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La traición- Ruth Langan

Capítulo 3 Las velas arrojaban una luz muy acogedora sobre todos los que se reunían alrededor de la mesa. Al otro lado de la sala, el fuego ardía en la chimenea. El aire que penetraba por las ventanas iba perfumado del aroma del brezo, de las rosas y de todas las exóticas flores que crecían abundantemente alrededor de la casa. Grant se reclinó sobre su asiento. Se sentía más satisfecho de lo que nunca se había sentido. —Ha sido una cena deliciosa. —Me alegro de que haya sido de su agrado —dijo Wilona mientras llenaba las copas con vino caliente y pasaba un plato lleno de galletas cubiertas de miel y nueces—. Ahora que ha tenido oportunidad de ver parte de nuestro reino, ¿qué le parece? —Es mucho más hermoso de lo que nunca me hubiera imaginado —contestó Grant, - tomar un sorbo de vino—. Las historias que se cuentan en nuestra tierra no le hacen justicia. Todo es increíble, desde las hadas qué pueblan los árboles hasta los caballos alados. Sin embargo, yo los vi y los toqué. —Habría montado a Estrella de Luz si no fuera tan corpulento —comentó Gwenellen. Grant asintió. —Yo daría cualquier cosa por poder montar un caballo alado. Por volar por el cielo... Hoy he visto cosas que jamás habría creído. Si se lo contara a los míos, se mofarían de mí. —¿De qué cosas habla? —quiso saber Nola. —Vi cómo Kylia llenaba los brazos de su hermana de flores, flores que nunca he visto en mí tierra, flores que ella no había cortado. Simplemente les ordenó que vinieran a ella. —Eso también lo podría haber hecho yo si hubiera dicho las palabras exactas —repuso Gwenellen encogiéndose de hombros. —Además, vi cómo Kylia calmaba el viento sólo con ordenárselo. Este lugar es un verdadero paraíso. Todas tienen dones que van más allá de lo que yo puedo comprender. Wilona sonrió. -Así es. Nos sentimos privilegiadas por tener estos dones y por el lugar en el que vivimos—dijo—. Tal vez usted desee quedarse un tiempo con nosotras para que pueda ver todo lo que nuestro reino puede ofrecer. —Ojalá pudiera —replicó él, con un suspiro—. Vine aquí para encontrar el nombre de un traidor —le recordó, mirando la copa de vino como si esperara encontrar en ella la verdad—. He sido traicionado por alguien muy cercano a mí, alguien que hará cualquier cosa para derrotarme y deshonrarme. Alguien a quien no le importa el dolor que inflige a personas inocentes —añadió. Entonces, levantó la mirada y la dirigió a la anciana—. Antes me preguntó si podría utilizar ese conocimiento para vengarme. Ahora yo le pregunto a usted. ¿Podría yo, sabiendo su nombre, permitir que esa persona siguiera haciendo daño a los míos? Tal vez no deba vengarme, pero le aseguro que no apartaré la mirada si puedo detenerlo. —La mayoría de los hombres buscan riqueza o poder —repuso Wilona—. ¿Acaso no ansia usted tales cosas? —Yo comparto mi riqueza con mi gente —respondió Grant—, En los buenos y en los malos tiempos. Lo que es mío es también de ellos. —Un comportamiento muy noble, pero no el que se espera de un señor. ¿No implica poder su posición como jefe del clan de los MacCallum? —El que sea elegido como tal debe estar dispuesto a luchar hasta la muerte para mantener libres a los suyos. Yo he dado mi palabra de que haré todo lo que

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La traición- Ruth Langan pueda para cumplir lo que he prometido. Ése es el único poder que busco y que deseo. No deseo hacer ostentación de mi poder sobre los demás. Wilona sintió que iba sintiendo un profundo afecto por aquel joven guerrero. Tenía una dignidad y un honor que le llegaban profundamente al corazón. —Dígame una cosa. ¿Y si esa verdad que busca provocara un sufrimiento aún mayor? —¿Y por qué iba a hacerlo? —Podrías averiguar que la persona que te está traicionando es alguien muy cercano y querido por ti. Grant frunció el ceño y se paró a considerar aquella posibilidad. --He venido a buscar la verdad —dijo, por fin—. Si esa verdad ocasiona dolor, que así sea. Tendré que ser lo suficientemente fuerte como para poder soportarlo. Wilona sonrió. —En ese caso, lo que está pidiendo de verdad es sabiduría y entendimiento aparte de la verdad. ¿Está de acuerdo? —Llámalo como quieras —replicó él devolviéndole la sonrisa. Con eso, se levantó e hizo una reverencia—. Si me lo permiten, iré a ver cómo está mi caballo. Debo regresar con mi pueblo mañana por la mañana. —¿Tan pronto? —preguntó Kylia. Al ver que todos se volvían a mirarla, se sonrojó. Grant le dedicó una dulce sonrisa. —Sí, milady. Mi gente lleva ya bastante tiempo sin mi protección. Inmediatamente, Grant salió de la casa. Casi al mismo tiempo, Kylia se excusó y se marchó a la intimidad de su habitación. Minutos más tarde, Gwenellen la siguió. Al ver el modo en el que Nola estaba mirando la puerta cerrada, Wilona le rodeó los hombros con el brazo. —¿Ves? —preguntó Nola mirando intensamente a su madre—. Es como yo me temía. Kylia ya se lamenta por la partida de un desconocido. —Es natural —respondió Wílona acariciando suavemente el cabello de su hija—, Recibimos muy pocas visitas en nuestro reino. No podemos recriminarle a Kylia que desee que se quede nuestro joven huésped. —No, no podemos —afirmó Nola mientras miraba el suelo—, pero nuestra soledad y aislamiento le parecerán insoportables cuando él se haya ido y encuentre que sólo tiene a Gwenellen para que le haga compañía. Wilona suspiró y golpeó suavemente la mano de su hija. —Que sea lo que sea. Nos enfrentaremos al futuro cuando se haga presente. Nola se levantó y se acercó a la ventana de la casa. Desde allí, observó la silueta del hombre que se ocupaba de su caballo a la luz de la luna. Su corazón le decía que el futuro llegaría demasiado pronto para su gusto. Los dedos rosados del amanecer casi no se habían terminado de extender por el cielo cuando todos los habitantes de la casa comenzaron a ocuparse de sus quehaceres diarios. Jeremy añadió leña al fuego mientras que Wilona preparaba panecillos y Bessie removía un bol aún caliente de compota de frutas. Nola terminó de dar los últimos retoques a una tela de suave lana que había estado tejiendo para Gwenellen. Las dos hermanas, por su parte, regresaban a la casa, riéndose de las confidencias que habían intercambiado y llevando una cesta de huevos entre las dos. Grant estaba en la puerta de la casa y sintió que el corazón le daba un vuelco al ver a Kylia. No se parecía a ninguna doncella que hubiera conocido hasta entonces. Tenía una timidez, una dulzura que la separaban del resto de las mujeres que habitaban en el mundo. Sin embargo, a pesar de su inocencia, parecía sentir algo propio de una mujer hacia él. Grant había sentido el calor que emanaba entre ellos Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan cada vez que se tocaban y le había parecido que ella lo notaba también. No obstante, aunque no hacía nada para animarlo, tampoco lo desanimaba. Era una joven extraña. Deseó tener más tiempo para quedarse y llegar a comprenderla. Sin embargo, se lo impedía la obligación que le ataba a su gente. Por mucho que le gustara ver el mundo de Kylia, había llegado la hora de regresar al suyo. Dio un paso al frente y respiró el fresco aire de la mañana. —Buenos días, milord —dijo Wilona, tras dejar la cuchara y secarse las manos con un trozo de lino —. ¿Cómo ha dormido? —Bastante bien —respondió Grant. En realidad, había tenido extraños sueños. Había visto los rostros de familiares y amigos que le daban la espalda. —Vamos a desayunar ahora —anunció Wilona entrando en la casa. Grant se deshizo de sus pensamientos y la siguió. Tomó una copa de la mesa y dio un sorbo de vino. Entonces, comenzó a comerse los huevos y los panecillos untados con la compota de frutas. —Parece distraído, milord. ¿Acaso no es de su gusto el desayuno? —Perdóneme, milady —respondió Grant dirigiéndose a Wilona—. No hago más que pensar en los que he dejado atrás. —¿Tiene esposa, milord? ¿Familia, tal vez? —No. Sólo tengo a mi hermano Dougal. Kylia sintió una mano sobre la suya. Al girar la cabeza, vio que Gwenellen le sonreía. Una sonrisa se le dibujó también en los labios. —También tengo una anciana tía, Hazlet --prosiguió Grant, sin poder dejar de mirar los labios de Kylia. Incluso desde aquella distancia sentía el calor que emanaba de su dulce sonrisa—. Es la hermana de mi padre y se encarga de dirigir mi casa. —¿No se casó nunca su tía? —No. Se le rompió el corazón por un guerrero que murió en el campo de batalla. Ella prefirió vivir sola en vez de amar a otro. Nola sintió las miradas de sus hijas y bajó la cabeza. Aunque su esposo, Kenneth Drummond, llevaba muerto desde que ella tenía diecinueve años, seguía echándolo de menos. Algunos consideraban que su vida era muy solitaria, pero a ella no se lo parecía. La consolaban sus recuerdos. Los prefería a un hombre de carne y hueso que jamás podría ocupar el lugar de su Kenneth. Fue Grant quien rompió el silencio —Ya saben el favor que les pido. ¿Quién se apiadará de mí y me dará el nombre de mi enemigo? Wilona se giró y miró a su nieta. —Kylia tiene el don de ver el alma de una persona a través de sus ojos. Si hay alguien que pueda identificar al que lo traiciona, es ella. Grant se levantó de la mesa y fue a arrodillarse delante de Kylia. Respetuosamente, inclinó la cabeza. —Me curó de mis heridas, milady. Ahora lo que le pido es que cure las heridas de mi gente revelándome el nombre de mi enemigo. Kylia era consciente de que su familia la estaba observando, pero ella sólo tenía ojos para aquel hombre, para aquel poderoso guerrero y señor que se humillaba ante ella para pedirle un gran favor. Un favor que sólo ella le podía conceder. Le colocó una mano a cada lado de la cabeza y la levantó hasta que pudo mirarlo a los ojos. Le sorprendió mucho la tristeza que se reveló en sus profundidades. ¿No había visto ella a aquel hombre y la pena que arrastraba desde que no era más que una niña? Creía de todo corazón que el destino lo había llevado allí, igual que la había hecho a ella estar esperando la llegada de él a su reino. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan —Su dolor me conmueve profundamente, lord MacCallum. Prometo hacer todo lo que pueda para averiguar el nombre del que lo está traicionando. Grant le tomó las manos y depositó un beso en cada una de ellas. —Le doy las gracias, milady. Espero su respuesta. Al sentir los labios de Grant contra la piel, Kylia abrió mucho los ojos y se vio obligada a dominar el calor que la había hecho tambalearse hasta lo más profundo de su ser. —Me malinterpreta, milord. No puedo simplemente mirarlo a los ojos y ver todo lo que usted desea saber. Sólo hay un modo de que yo pueda reconocer a su enemigo. —¿Cómo? —Mirándolo a él a los ojos. Grant tardó un instante en darse cuenta de lo que Kylia estaba diciendo. —¿Estaría dispuesta a abandonar este paraíso para acompañarme a mi hogar? —No conozco otro modo de descubrir a su enemigo, milord. —Supongo que comprenderá que debo marcharme enseguida. —Sí. Yo me prepararé enseguida para marcharme. —No —dijo Nola apartándose de la mesa. Fue incapaz de contener las palabras de protesta que le acudieron a los labios—. Es demasiado pronto. Todos se volvieron para mirarla. Nola se agarró las manos con fuerza y bajó los ojos para mirar al suelo. —Eres demasiado joven para pensar en marcharte de casa, Kylia. —A mi edad tú ya estabas casada y tenías tres hijas, madre. —Tú has llevado una vida muy protegida. No estás preparada para enfrentarte al mundo que hay más allá de nuestro reino. —Tal vez, pero aprenderé, como aprendió Allegra. Y como aprendisteis la abuela y tú — replicó Kylia. Entonces, volvió los ojos, llenos de súplica, hacia su abuela—, ¿De qué sirven nuestros dones si no tenemos oportunidad de utilizarlos? ¿Acaso no estamos siendo egoístas manteniéndonos aquí escondidas cuando hay otros que nos necesitan en el mundo que hay al otro lado de las orillas del lago? —¿Y yo? —preguntó Gwenellen agarrando la mano de su hermana con los ojos llenos de lágrimas—. ¿Cómo vas a poder dejarme aquí sola, Kylia? —Podrías venir conmigo. La joven sacudió la cabeza llena de tristeza. —No puedo dejar a nuestra madre y a la abuela —susurró—. Por favor, no me dejes, Kylia. ¿Qué haré yo aquí sin tener la compañía de Allegra ni la tuya? Kylia estrechó a su hermana entre sus brazos. Le colocó los labios contra la sien y susurró: —Te echaré muchísimo de menos, pero tengo que hacer esto. ¿No te das cuenta? Creo que es mi destino hacerlo. Nola se aferró al respaldo de la silla y observó a su hija mediana como si estuviera memorizando cada línea y cada rasgo de su hermoso rostro. —¿No nos puede dar unos días más? Kylia se volvió a Grant, que había estado escuchando y observando la escena en silencio. Entonces, el joven lord cuadró los hombros. —Ojalá pudiera ser así, pero ya he estado lejos de los míos mucho tiempo. Debo regresar con mi gente inmediatamente. —Muy bien —dijo Kylia—. En ese caso yo lo acompañaré. Ahora mismo. Mientras los dos se dirigían hacia la puerta, Nola agarró una pesada capa de viaje y colocó sobre los hombros de su hija. Kylia detuvo y se dio la vuelta. Nola consiguió esbozar una débil sonrisa y levantó las manos para ajustar los broches de la capa. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan —Yo tenía tu edad la primera vez que me puse esta capa. La necesitarás. El tiempo en ese otro mundo no es tan suave como el nuestro. Kylia abrazó con fuerza a su madre. A continuación, sin decir ni una sola palabra, hizo lo mismo con su abuela, con su hermana, con Bessie y con Jeremy. Cuando hubo acabado, atravesó el umbral de la puerta para dirigirse al lugar en el que Grant ya estaba sujetando las riendas de su caballo. —¿Está segura? —le preguntó él. Kylia asintió, demasiado abrumada por la enormidad de lo que iba a hacer como para poder hablar. Sentía un enorme nudo en la garganta. Grant la colocó sobre la silla del caballo y, a continuación, se montó detrás de ella. Entonces, tras despedirse con la mano de la familia de Kylia, tiró de las riendas del caballo hizo que éste comenzara a galopar. Mientras el corcel y sus jinetes subían la colina, las tres mujeres extendieron las manos y formaron un círculo. Al oír que comenzaban a recitar un cántico en la antigua lengua, Kylia levantó la cabeza. A pesar del chapoteo del caballo cuando éste entró en las aguas del Lago Encantado, pudo escuchar con claridad las palabras. A medida que el agua fue rodeándola, hizo un pequeño fardo con la capa y la ató a la silla del caballo antes de deslizarse en el agua. Grant se sorprendió mucho por la facilidad con la que nadaba, manteniendo el ritmo con el de él. Le pareció que cantaba con cada brazada que daba. Para cuando llegaron a la otra orilla, sentía que los cánticos se estaban desarrollando en el interior de su propia cabeza. Aunque no comprendía las palabras, las encontró muy tranquilizadoras. —Necesitará esto para mantenerse caliente hasta que se le seque el vestido, milady --dijo Grant desdoblando la capa y envolviéndola con ella. Mientras lo hacía, sintió una brusca sensación. Aunque se había preparado para ella, ésta consiguió sorprenderlo. Dejó que mano se entretuviera más de lo necesario cuando le levantó la capucha para cubrirle cabello mojado. —Gracias, milord —dijo ella, dedicando una hermosa sonrisa. Tal vez fue la sonrisa o el deseo que ten de regresar a su casa, o tal vez incluso que llevara deseando saborear los labios de Kylia desde la primera vez que la había visto. Fuera cual fuera la razón, bajó la cabeza y le rozó suavemente los labios con los suyos. Su intención había sido que tan sólo fuera un simple contacto entre los labios de ambos. Un ligerísimo roce. Sin embargo, en el momento en el que sus bocas se tocaron, todo cambió completamente. Era algo más que fuego. Mientras bebía de los labios de Kylia, sintió un puro infierno que provocaba que la sangre le latiera con fuerza contra las sienes. Una sensación indescriptible fluyó entre ambos, abrumando a Grant como nada lo había hecho nunca. El simple roce de los labios de Kylia lo dejó completamente atónito y sorprendido. Necesitaba tocarla. Permitió que la mano le recorriera suavemente la espalda, estrechándola un poco más contra sí hasta que sentir los latidos del corazón de Kylia o de su propio tórax. Sabía que había sobrepasado los límites, pero le resultaba imposible pensar en no tenerla entre sus brazos, en detenerse. Había una dulzura tan increíble en ella. Tanta inocencia y, sin embargo, ardía en ella tal pasión... ¿Qué sentiría si pudiera perderse en ella? ¿Tomar y dar hasta que los dos estuvieran saciados? En cuanto a Kylia, ella experimentó una dulce sensación en aquel beso, como si por fin se encontrara con su destino. ¿Acaso no se había imaginado que sería así? Había visto el rostro de aquel hombre, se había mirado en sus ojos desde que Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan sólo era una niña. Creía conocerlo muy bien, pero besarlo le había demostrado que había mucho más... Sintió pasión, necesidad y, por fin, un profundo deseo. No. No lo conocía en absoluto. Aquello no era simplemente un rostro o una sonrisa. Era ardor y energía. Sintió que un torbellino de colores, de aromas y sonidos la envolvía intensamente. Lo que vio y lo que sintió la dejó casi sin aliento. Cuando Grant oyó que ella gemía, dio un paso atrás y rompió el contacto. Al hablar los cánticos que había estado escucha hasta entonces en el interior de su cabeza cesaron repentinamente. Colocó a Kylia sobre la silla del caballo, se montó tras ella tiró de las riendas del animal. El corcel y sus jinetes temblaron al sentir el frescor del aire que los envolvió como un sudario.

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Capítulo 4 Kylia se quedó sumida en un completo silencio cuando ya no pudieron ver el Reino Mítico. Grant trató de imaginarse lo que suponía para ella. Después de todo, se había pasado toda una vida en aquel mundo aislado. No conocía el odio, los celos ni la guerra. Durante todos los años de su vida, sólo había conocido la ternura y el amor. Y el aislamiento. ¿Qué supondría para ella conocer a todas las personas de su clan? ¿Tratar de vivir entre ellos mientras decidía quiénes eran leales y quiénes estaban dispuestos a traicionar a Grant? ¿Estaría ya Kylia lamentando su decisión de haber desafiado a su madre y haber dejado su paraíso? Trató de pensar en algo que pudiera decirle para alegrarla. Mientras el caballo subía un empinado sendero rodeado de enormes piedras, Grant se echó hacia delante para poder hablar con Kylia. —Éste sería un momento ideal para llamar a su caballo alado —dijo. Kylia salió de sus pensamientos. Al sentir el cálido aliento de Grant, se echó a temblar. No pudo ignorar una ligera sensación de placer bajándole por la espina dorsal. —Con Luz de Luna a nuestra disposición, ya estaríamos en sus dominios — afirmó ella. —Y tendríamos la atención de los míos. No estoy seguro de que se creyeran la existencia de un caballo alado ni siquiera después de haberlo visto. ¿Está cansada? —le preguntó Grant tocándole suavemente el brazo—. ¿Quiere que paremos y descansemos un rato? —No —respondió Kylia, muy emocionada por la preocupación que Grant mostraba hacia ella—. Sé que está deseando regresar a su... Kylia se interrumpió bruscamente. Había escuchado a un caballo pisotear el suelo y relinchar muy cerca de ellos. Levantó rápidamente la cabeza. —Me parece que no estamos solos —añadió. Grant detuvo su montura. Él también había escuchado a lo que Kylia se refería. Antes de que pudiera desmontar, las ramas de los arbustos parecieron cobrar vida y dejaron paso a unos hombres que salían de sus escondrijos. Todos iban armados. En un abrir y cerrar de ojos, Grant le rodeó la cintura con el brazo y la bajó al suelo. —¡Escóndase entre los árboles del bosque! —le gritó. Aunque Grant era un experimentado guerrero, capaz de evitar los golpes más mortales, el número de atacantes comenzó a pasarle factura. El filo de una espada lo golpeó en el hombro. La punta de un cuchillo el muslo. Una flecha surcó el aire y le atravesó el costado con un horripilante golpe seco. Aunque estaba sangrando por media docena de heridas, Grant siguió luchando contra los hombres armados que se abalanzaban sobre él en oleadas. De repente, una voz se irguió por encima de las otras. —Arroja tu espada o mataré a la mujer. Grant se dio la vuelta y vio a Kylia entre las garras de uno de los bárbaros. Un fuerte brazo le rodeaba la cintura y una mano le aplicaba un cuchillo a la garganta. De un pequeño corte sobre su tierna carne ya manaba sangre. —Haré lo que me pides. No le hagas daño a la mujer — dijo Grant. Bajó el brazo. En el momento en el que su espada tocó el suelo, sus atacantes cayeron sobre él como una manada de lobos hambrientos. Mientras varios lo despojaban de sus armas, los otros le golpeaban y le daban patadas. Incapaz de defenderse, Grant recibió los golpes sin lanzar gemido alguno, hasta que una

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La traición- Ruth Langan palabra del líder de los bárbaros ordenó que lo soltaran. Entonces, se desmoronó al suelo cubierto de sangre. El que tenía prisionera a Kylia se acercó a Grant sin soltar a la joven. —Jefe Grant MacCallum, prepárate a morir lejos de tu casa. No volverás a ver tu castillo ni a los que te aman jamás. —¿Cómo sabes mi nombre? —Nos ordenaron que esperáramos tu llegada. Hay uno entre los tuyos que desea tu muerte. Mientras el enemigo que acababa de hablar levantaba su espada, Kylia aprovechó el momento de distracción para zafarse de él. En vez de salir huyendo, la joven se volvió para mirarlo y levantó los dos brazos por encima de la cabeza. Con la larga capa ondeando a su alrededor y la alta hierba que había meciéndose a sus pies, Kylia se convirtió en una estampa terrorífica. Durante un momento, los bárbaros parecieron más atónitos que airados. Sin embargo, cuando ella comenzó a entonar un cántico en una antigua lengua, se volvieron a su líder para buscar consejo. Entonces, con la intención de distraer a sus atacantes mientras ella escapaba, Grant sacó su espada y acicateó a su montura para dirigirse hacia el lugar en el que habían aparecido los hombres. Rápidamente, se vio rodeado por ellos. Kylia contempló horrorizada cómo se enfrentaba al peligro con certeros golpes de su espada. Para alguien que jamás había contemplado una batalla, fue asombroso ver cómo un único guerrero se enfrentaba a más de una docena de bárbaros de fiero aspecto. Algunos gritaban como posesos mientras otros maldecían o gruñían al verse atacados. —¡Una bruja! —gritó él—. ¡Matadla rápidamente antes de que pueda convocar su magia para utilizarla en contra nuestra! Varios de los hombres comenzaron a avanzar hacia Kylia, pero, de repente, cayeron de rodillas como si estuvieran paralizados. Las armas se les deslizaron de las manos. —¡Levantaos estúpidos! ¡Agarrad a esa mujer! Cuando los hombres fueron incapaces de cumplir la orden de su líder, éste llamó a otros de sus hombres, quienes, rápidamente, se encontraron en la misma situación que sus compañeros. —¡Bruja! ¡Te juro que vas a pagar por esto! —exclamó el jefe. Entonces, daga en mano, se dirigió hacia ella. —No puedes hacerme daño —dijo ella, entornando la mirada. Los ojos le brillaban con un fuego interior. Lo miró de un modo que rápidamente hizo que la sangre se le helara en las venas. —Tú no me desend... Las palabras se interrumpieron en el momento en el que cayó de rodillas. La espada tocó rápidamente la hierba. Sin bajar los brazos, Kylia se volvió a Grant, que yacía inmóvil sobre el suelo. —¡Tiene que ayudarme para que podamos escapar! —exclamó. Como respuesta, él gimió suavemente. Kylia sintió que el corazón le daba un vuelco en el pecho. Se acercó hasta que las faldas de su vestido rozaron suavemente el rostro de Grant. —¡Tiene que mantener la conciencia! ¡Céntrese! ¡No deje que el dolor lo venza! Él levantó la mirada, tratando de mirarla a pesar de que tenía la visión borrosa. ¿Por qué tenía los brazos levantados? ¿Dónde estaban sus enemigos? Miró a su alrededor y los vio a todos, arrodillados como estatuas alrededor de la joven. —¿Qué desea de mí? Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan —Que se ponga de pie. Yo no puedo ayudarlo. Si bajo los brazos, el conjuro que mantiene cautivos a estos guerreros se romperá. Grant levantó una mano para agarrarse a la falda de Kylia y consiguió incorporarse. Entonces, esperó a que el mareo se le pasara. A continuación, muy lentamente, se aferró a su fuerza de voluntad y se puso de rodillas y después de pie. Rápidamente, se agarró a la cintura de Kylia para no caerse. El caballo estaba a la entrada del bosque, rumiando un poco de hierba. No los separaban del animal más de doce pasos, pero a Grant le parecía una distancia casi insalvable. —Agárrese a mí —dijo Kylia, tirando de él como si fuera un niño. Con cada paso que daban, ella sentía cómo Grant temblaba contra su cuerpo. La sangre seguía manándole de las heridas y empapándole la manta escocesa con la que se cubría los hombros. El sudor le perlaba la frente, prueba evidente de lo que le estaba costando caminar. Cuando por fin llegaron al caballo, Grant se aferró a la silla, respirando profundamente. Kylia se dio cuenta de que no le quedaban fuerzas para montar sobre el animal. No obstante, sabía que si ella bajaba los brazos para ayudarlo se verán obligados a enfrentarse a la ira de los bárbaros. Miró a su alrededor y vio un árbol caído que estaba cerca de ellos. —Apóyese en el caballo. Debemos avanzar un poco más. Grant se aferró a la silla y anduvo a duras penas al lado de Kylia hasta que llegaron al lugar donde estaban los troncos. Con aquella pequeña ayuda pudo subirse al lomo del caballo. Para Kylia, montarse sobre el corcel sería casi tan difícil como si estuviera herida. Se subió a lo alto del tronco más elevado y se lanzó sobre la silla. Al mismo tiempo, Grant le agarró la cintura con toda la fuerza que pudo y asió las riendas. A medida que el rocín fue adentrándose en el bosque, Kylia fue bajando los brazos, que casi se le habían quedado insensibles, y lanzó un suspiro de alivio. —¿Cómo sabe que los bárbaros no nos van a seguir? —preguntó Grant. —Cuando se despierten del conjuro sentirán una profunda confusión. Si deciden seguimos, seguramente escogerán otra dirección, porque hay muy pocos que se atrevan a entrar en el Bosque de la Oscuridad. —No puedo decir que no los entienda — repuso él. Sintió que la oscuridad se iba cerniendo sobre ellos a medida que el caballo se iba adentrando en el bosque. Era una oscuridad espesa y opresiva, que amenazaba con derrotarlo. ¿Sería por efecto de aquel lugar maldito o por sus heridas? El dolor era tan fuerte que tuvo que cerrar los ojos. Sin poder evitarlo, se inclinó hacia delante, apoyando todo su peso sobre Kylia. Tenía la respiración muy alterada y la carne parecía arderle. —Perdóneme, Kylia. Deseo de verdad permanecer consciente para acompañarla a través de este horripilante lugar, pero siento que voy perdiendo el conocimiento... Alarmada, Kylia hizo que se detuviera el caballo y desmontó. Cuando levantó los brazos, Grant cayó sobre ellos y los dos se desplomaron sobre el suelo. En aquel momento, Kylia se dio cuenta de que él se había quedado completamente inconsciente. Tras desembarazarse de él, palpó en la oscuridad hasta que encontró las riendas del caballo. Ató al animal con firmeza a un árbol cercano para que no se les escapara, envolvió a Grant en su capa y comenzó a buscar a tientas ramas para encender un fuego. Como estaba demasiado impaciente como para desperdiciar el tiempo que le llevaría frotarlas para encender el fuego, utilizó un encantamiento. Muy pronto, tenía una hermosa hoguera que, no sólo le ofrecía calor, sino también suficiente luz en aquella inquietante oscuridad como para poder curarle las heridas a Grant. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan Tenía tantas... ¿Cómo había conseguido poder soportar tan cruel castigo? Mientras realizaba un cántico con las antiguas palabras, le tocó suavemente el hombro, el muslo, la cintura y ordenó a la hemorragia que se detuviera y a la carne que iniciara su largo viaje hasta la curación. La voz se le fue volviendo ronca. A pesar de todo, siguió cantando, sabiendo que si se detenía aquel hombre caería presa de una crisis dado que tenía demasiadas heridas en su cuerpo como para poder recuperarse. El sueño comenzó a apoderarse de ella. No obstante, siguió alimentando el fuego para mantener a raya a la inquietante oscuridad. Cada vez que daba una cabezada, se despertaba bruscamente y se ponía de pie sacudiéndose las faldas y dirigiéndose hacia el claro para recoger más leña para el fuego. Tras haber conseguido evitar la somnolencia durante otra hora, se arrodilló y prosiguió con sus cánticos. Grant estaba completamente inmóvil, luchando para regresar de la oscuridad que se había apoderado de él. Aunque había dolor, no era tan terrible como lo había sido al principio, cuando se había sentido muy cerca de la muerte. Oía el susurro del fuego, el crepitar de las llamas y la voz de Kylia entonando su cántico. Encontraba todo muy relajante. De hecho, sólo saber que ella estaba a su lado lo tranquilizaba profundamente. Se había enfrentado a sus atacantes de un modo magnífico. Aunque debía haber sido una completa conmoción para su tierna sensibilidad verse a merced de los bárbaros, no había dejado entrever el miedo. Había recibido una introducción inolvidable del mundo de Grant. Él lamentaba no haber podido ayudarla más. Le avergonzaba saber que, aunque había recibido preparación para ser guerrero, protector de las mujeres y de los niños, había sido aquella dulce mujer la que lo había protegido a él. Sintió el roce de la mano de Kylia sobre la carne y notó que el calor se apoderaba de él. A medida que las yemas de los dedos de ella le realizaban un movimiento circular sobre el hombro, notó que el dolor comenzaba a remitir. Pensó en abrir los ojos, pero le pareció un esfuerzo demasiado grande. Siguió tumbado, permitiendo que ella lo tocara y lo curara. Desde el otro lado del claro se escuchó un relincho. Era su caballo. En algún lugar cercano un pájaro nocturno lanzó un estridente chillido. Se quedó dormido, acunado por los sonidos de la noche. Algún tiempo después, se despertó y se dio cuenta de que los cánticos habían cesado. Sintió algo suave y cálido y abrió los ojos. Encontró a Kylia acurrucada a su lado, profundamente dormida. Estaba tan hermosa a la luz de fuego... El oscuro cabello se le derramaba sobre su encantador rostro. Tenía las manos sobre el brazo de Grant, como si, aun en sueños, estuviera decidida a continuar su curación y a no permitir que se rompiera el vínculo que había entre ellos. Entonces, vio una línea de sangre cobre la garganta de la joven, justo donde la daga del bárbaro le había cortado su tierna carne. Sintió una profunda ira porque alguien pudiera herir de buen grado a una criatura tan delicada. Le tocó suavemente la herida y se dio cuenta de que sólo era sangre seca. La herida se había curado a sí misma. Sintió un profundo alivio. Con mucho cuidado para no despertarla, levantó un pico de la capa y la cubrió con ella. En sueños, Kylia suspiro y se acurrucó un poco más a él. Durante un largo instante, Grant se quedó completamente inmóvil, observando cómo dormía. ¿Cómo había podido tener la buena fortuna de encontrarse con aquella mujer? No le importaba si era ángel o diablo. Lo que importaba era que estaba Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan dispuesta a sacrificar su mundo conocido por un hombre al que sólo acababa de conocer. ¿Habría hecho él lo mismo? No encontró respuesta. Sólo sabía que, cuando la miraba, se sentía atraído por ella de un modo que nunca había experimentado por otra mujer. Ella le había dicho que llevaba viendo su rostro desde que no era más que una niña. ¿Significaría aquello que el destino había decidido que estuvieran siempre juntos? Decidió que eran demasiadas preguntas, todas ellas complicadas de contestar. Incapaz de seguir con los ojos abiertos, cedió al agotamiento que se había apoderado súbitamente de él y se unió a ella en el mundo de los sueños.

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La traición- Ruth Langan

Capítulo 5 Kylia se despertó en brazos de Grant, con la cabeza apoyada sobre su hombro y las manos contra su corazón. Sentía sus fuertes latidos al compás de los suyos propios. Nunca en su vida se había sentido tan íntimamente unida a otro ser. Era como si los latidos de sus corazones fueran uno solo. Como si hasta respiraran al unísono. Levantó la mirada y lo encontró observándola. Las mejillas se le cubrieron de rubor. —Buenos días —dijo él. La turbación que ella estaba experimentando le resultaba muy atractiva. Evidentemente, no era una mujer tímida ni coqueta, sino simplemente se encontraba fuera de su elemento y trataba de encontrar el modo de comportarse. —Buenos días —respondió. Rápidamente, trató de apartarse de Grant, pero se lo impidieron sus fuertes brazos—. ¿Cómo te encuentras? —Mucho mejor de lo que hubiera esperado después de enfrentarme a esos bárbaros. Te estoy muy agradecido, fuera cual fuera el hechizo que lanzaste sobre mí. —No fue ningún hechizo. Simplemente le ordené a tu cuerpo que se curara a sí mismo. Al escuchar aquellas palabras, Grant se echó a reír. —Yo a menudo le he ordenado a mi cuerpo que hiciera cosas a las que él se ha resistido. De hecho, ésta es la primera vez que ha obedecido, que yo recuerde. Cuando oyó las carcajadas de Grant, Kylia experimentó una extraña sensación en su interior. ¿Sería aquello lo que los hombres y las mujeres sentían a veces o acaso era algo que sólo ella podía notar? Nunca antes se había sentido tan confusa, por lo que trató con todas sus fuerzas que dicha confusión no se notara. —Eso es porque nadie te enseñó las palabras —dijo, tratando de mantener la voz seria. —Me desperté una vez y te escuché entonando tus cánticos, pero las palabras eran completamente desconocidas para mí. —Es el idioma perdido de nuestros antepasados. —Si está perdido, ¿cómo es que tú lo conoces? —Mi madre y mi abuela lo han mantenido vivo para mis hermanas y para mí. Depende de nosotras que se mantenga para generaciones futuras. Ahora, si no te importa —dijo ella sentándose enfrente de Grant—, voy a curarte tus heridas. Debería haberlo hecho anoche, pero me quedé dormida. El cabello de Kylia, tan oscuro como la noche, cayó sobre Grant cuando ella se inclinó sobre él. El joven se preguntó si ella sería capaz de imaginarse las sensaciones que el suave roce de los dedos provocaba en él. La miró al rostro y vio una profunda expresión de concentración que estuvo a punto de hacer que se echara a reír en voz alta. Él estaba completamente excitado mientras Kylia, ajena a todo, se ocupaba de sus heridas. —Serías un excelente galeno. Ella no respondió. Siguió acariciándole suavemente la carne del hombro con los dedos hasta que vio que Grant hacía un gesto de dolor. —Lo siento. Mi hermana Allegra es más experta que yo en esto, pero te puedo decir que esa herida tardará algún tiempo en curarse. ¿Puedes soportar el dolor? —Es tolerable. Además, cuando me tocas así, me olvido completamente del dolor. Kylia lo miró y vio la peligrosa sonrisa que se le estaba formando en los labios. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan —Perdóname —repuso. Entonces, retiró rápidamente la mano —No, no —dijo Grant. Le estrechó la mano entre las suyas, sujetándola con fuerza mientras las mejillas de Kylia se ponían tan rojas como las brasas del fuego—. Me gusta bromear contigo. Ella se llevó una mano a la mejilla. Efectivamente, estaba muy caliente. Además, no había duda alguna de que la sonrisa que tenía en los labios reflejaba la de Grant. —¿Se me permite a mí bromear también? —Por supuesto, aunque dudo que consiguieras que me sonrojara. Kylia se llevó una mano a la mejilla, como solía hacer con frecuencia. —Tendré que pensarlo. Ahora —dijo mientras se ponía de pie—, debo ir al bosque a buscar más leña para el fuego porque si no pronto estaremos sumidos en la oscuridad. Grant la observó marcharse y se preguntó por la alegría que sentía en el corazón. Se había visto herido por los bárbaros y estaba en medio del Bosque de la Oscuridad, un lugar que temían todos los habitantes de las Tierras Altas. Sin embargo, él se sentía como un muchacho enamorado que no tenía nada que le preocupara más que salir a dar un paseo con su amada el día de mercado. No obstante, sabía que Kylia no era una mujer cualquiera. A pesar de que no dudaba que fuera tan humana como él, ella tenía un aire mundano que lo turbaba y lo atraía a la vez. ¿Cómo podía saber tanto sobre unas cosas y tan poco sobre otras? No parecía haberle molestado tener que examinar su cuerpo para buscar las heridas, pero reaccionaba con creciente pasión al menor contacto de Grant. No dudaba que era completamente inocente. Una doncella, ajena a las relaciones entre hombres y mujeres, lo que le daba un mayor atractivo. Sin embargo, aunque la deseaba con todas sus fuerzas, sentía una obligación con su familia de devolverla tal y como la había encontrado. Intacta, sin que el mundo real la hubiera corrompido. Resultaba bastante fácil decidir hacer lo correcto. Ojalá pudiera recordar a su cuerpo que hiciera lo mismo. Cerró los ojos y se dejó vagar por un mar de satisfacción. Otro día de descanso y ya se encontraría con fuerzas suficientes para montar a caballo. En un abrir y cerrar de ojos, llegarían a su fortaleza de las Tierras Altas y la encantadora Kylia comenzaría a buscar al que lo había traicionado. Aquella era la razón por la que la joven había accedido a acompañarlo. Grant no debía dejar de pensar en el propósito de la misión de Kylia. Grant debió de quedarse dormido porque, cuando abrió los ojos, Kylia estaba cocinando algo sobre el fuego. La deliciosa fragancia perfumaba el aire. Se incorporó y, durante un instante, sintió que el mundo daba vueltas a su alrededor. Poco a poco consiguió fijar de nuevo la vista. Enseguida, Kylia levantó los ojos y, al verlo despierto, se apresuró a acercarse a su lado. —¿Cómo te encuentras? —le preguntó mientras se arrodillaba a su lado. —Mucho más descansado, pero te ruego que me perdones. He dejado que hicieras tú sola las cosas de las que yo debería haberme ocupado. —No. Necesitabas descansar y a mí me ha gustado poner a prueba mis habilidades. Fui al arroyo y los peces prácticamente me saltaban en la red. —¿En la red? ¿Qué has utilizado? Una vez más, un dulce rubor le cubrió las mejillas. Entonces, bajó los ojos para no mirar a los de Grant. —Mi enagua. —¿Tu enagua? —replicó él. Entonces, se echó a reír, lo que provocó que Kylia se ruborizara aún más. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan La joven se levantó y se alejó de Grant. Él se dispuso a seguirla, pero rápidamente descubrió que, bajo la capa, estaba medio desnudo. —¿Dónde está mi ropa? —Te la traeré enseguida —respondió Kylia. Rápidamente, se dirigió a una rama baja, de la que colgaba la ropa. Mientras se acercaba, se apresuró a darle explicaciones—. Estaba manchada de sangre. Tuve que frotarla varias veces con arena para conseguir que quedara limpia. —Ha sido muy amable por tu parte —susurró él, mientras empezaba a rodearse la cintura con ella para terminar echándosela sobre el hombro—. Tal vez la próxima vez me permitirás a mí que te desnude y que te lave la ropa. Durante un instante, ella pareció algo alarmada. Entonces, vio la chispa que brillaba en los ojos de Grant. —¿Es ésa otra de tus bromas? —Claro que sí —respondió él, con una carcajada—. Perdóname, pero me encanta bromear contigo. —Eso parece —repuso Kylia. Se acercó al fuego y retiró un palo de las brasas, en el que había ensartado trozos de pescado que ya estaban perfectamente dorados—. Creo que deberías comer algo. Si no, no tendrás fuerzas para seguir gastándome bromas. —Eso sería una desgracia, porque me gusta mucho el color que toman tus mejillas cuando te ruborizas. Te sienta muy bien. Kylia tomó un segundo palo y se sentó en la hierba, al lado del fuego. Momentos después, Grant se sentó al lado de ella. —Me pregunto por qué mi gente siempre ha tenido miedo a este bosque. A mí no me parece el lugar tan inhóspito que siempre había creído. —Eso es porque tenemos fuego —dijo ella. Al ver el gesto de perplejidad con el que la miraba Grant, se apresuró a explicarse—. El fuego mantiene a raya a las criaturas del bosque. Como ellos pertenecen a la noche, temen su luz. Si el fuego se apagara, estaríamos a su merced, dado que entonces se sentirían en su elemento. Ellos pueden ver en la oscuridad. —¿De qué clase de criaturas se trata? — preguntó Grant mirando con cierta intranquilidad la oscuridad que había más allá del círculo de luz. —No lo sé, porque nadie se ha enfrentado a su ira y ha vivido para contarlo, pero se dice que son bestias crueles y peligrosas que gozan con la sangre de sus víctimas. Grant estudió la escasa cantidad de leños que quedaban para avivar el fuego. —En cuanto hayamos comido, iré a recoger más leña. —Muy bien —dijo ella—, pero recuerda que debes permanecer dentro del círculo de luz. No debes arriesgarte a abandonar su protección. En aquel momento, se oyó un grito que pudo haber sido animal o humano. El sonido les puso los pelos de punta. Grant sintió un escalofrío por la espalda. Como todos los guerreros, había vivido el miedo algunas veces sobre el campo de batalla, pero, al menos, en aquellas ocasiones sabía algo de sus enemigos. Sin embargo, las bestias que habitaban el Bosque de la Oscuridad serían el enemigo más peligroso con el que se hubiera encontrado nunca. No tenía deseo alguno de poner a prueba su valor con tales adversarios. —Atrás. Grant utilizó la espada para talar las ramas de un árbol. El sudor le cubría la frente. Kylia y él estaban recogiendo leña para llevarla al lado del fuego. —Hasta ahora, no me había dado cuenta de lo pequeño que puede ser el círculo de luz de un fuego. No me extraña que antes encontraras tan poca leña. —Sí —dijo ella mientras se limpiaba las manos en la falda del vestido—. Busqué por todas partes para mantener el fuego encendido. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan —Esto nos debería dar un poco de tiempo —replicó Grant. Arrojó las ramas al fuego y observó cómo las llamas se avivaban antes de desmoronarse débilmente sobre el suelo. —¿Qué te ocurre? —le preguntó Kylia, arrodillándose inmediatamente a su lado. —Había esperado que podríamos marchamos pronto de este lugar, pero aquí estoy yo, sintiéndome tan indefenso como un niño. Ella le dedicó una afectuosa sonrisa. —Has estado muy gravemente herido. Tardarás tiempo en recuperar las fuerzas. —Tiempo... No tenemos tiempo que perder en este lugar. Se me necesita en mi fortaleza. —Ahora descansa —le pidió Kylia mientras lo envolvía con su capa—. Nos marcharemos de aquí muy pronto. A los pocos minutos, Grant estaba profundamente dormido. Kylia se acercó al fuego para calentarse. Entonces, escuchó los sonidos de las bestias que acechaban al otro lado del círculo de luz. Inmediatamente, comprendió que las criaturas del bosque los estaban observando. Miró el montón de leña que habían recogido y se echó a temblar. Allí, en el Bosque de la Oscuridad, no había ni día ni noche. Sólo oscuridad eterna. ¿Cuánto tiempo tardaría en terminárseles la leña? Entonces, tendrían que enfrentarse a unas bestias de leyenda, y ningún hombre había vivido lo suficiente como para poder describirlas.

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La traición- Ruth Langan

Capítulo 6 Kylia echó leña al fuego y observó cómo las llamas danzaban sobre las ramas, lanzando sombras por todo el campamento. Cuando Grant gimió en sueños, corrió a arrodillarse a su lado para tocarle la frente con la mano. Él dio un respingo, por lo que Kylia se dio cuenta de que la fiebre había vuelto a apoderarse de él. Tenía la piel ardiendo y lo peor de todo era que parecía que el dolor no había remitido. Lo sentía latiéndole a través de él. Era culpa suya. Ya se había imaginado que algunas heridas requerirían muchos más cuidados que otras, pero había dejado que las mundanas tareas de aquel mundo desconocido para ella la distrajeran. Ojalá Allegra estuviera a su lado. Ella sí que podía curar a la gente... Colocó las dos manos a ambos lados de la cabeza de Grant y comenzó a recitar las antiguas palabras que conseguirían sacarle el dolor del cuerpo. Horas más tarde, con la voz ronca y los brazos doloridos por el esfuerzo constante de mantenerlos extendidos, se permitió el lujo de apoyarse sobre los talones y colocarse una mano sobre la espalda. Mientras los ojos se le cerraban, se prometió que se daría tan sólo un breve respiro. Segundos más tarde, abrió los ojos, despertándose, y miró el fuego para tratar de mantener su vigilia. Sin embargo, le resultaba imposible mantener abiertos los ojos por el esfuerzo, por lo que permitió que los parpados se le cerraran durante un instante, para abrirlos otra vez inmediatamente. Muy pronto tendría que añadir más ramas al fuego... Aquel fue su último pensamiento coherente antes de que el sueño la reclamara por completo. Kylia se despertó sobresaltada cuando oyó unos ruidos extraños. Confusa y desorientada, se incorporó frotándose los ojos. A su lado, Grant estaba desperezándose. Entonces, miró atónito e incrédulo las figuras, que, envueltas en sombras, se acercaban hasta ellos desde el bosque. —¡El fuego! —gritó. Kylia lanzó un grito de recriminación hacia sí misma. Se había quedado dormida y había dejado que el fuego se apagara. Lo único que quedaban eran unas brasas que daban suficiente luz como para dejar entrever las siluetas de las terribles criaturas que los acechaban. Algunas tenían la boca cubierta de espuma, otras no dejaban de gruñir con los colmillos al descubierto mientras se dirigían hacia ellos. —Toma esto —le dijo Grant. Acababa de meterle en la mano su daga. —Yo no podría hacer daño a ninguna criatura —Tal vez sea nuestra única oportunidad —susurró él mientras se ponía de pie blandiendo la espada—. No me cabe la menor duda de que esas bestias sí tienen la intención de hacemos daño. De repente, las brasas comenzaron apagarse más rápidamente. La noche quedó viva con las criaturas que gozaban de ella. Unas tenían el pelo erizado, otras se habían puesto sobre dos patas y eran casi tan altas como árboles. Una enorme bestia dio un paso al frente y Kylia observó horrorizada que tenía dos cabezas. —Ponte detrás de mí —le ordenó Grant, tras colocarse rápidamente delante de ella con la espada en alto. La criatura abrió las dos bocas y dejó al descubierto unos colmillos tan afilados como cuchillas. Los dos pares de ojos sanguinolentos miraban a Grant fijamente, con la intención de que se le helara la sangre en las venas.

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La traición- Ruth Langan Justo entonces, una serpiente de casi dos metros de largo comenzó a acercarse a ellos. Tenía el cuerpo tan grueso como un tronco, lo que demostraba que no tendría ningún problema para tragárselos a los dos enteros. En total, parecía haber más de una docena de criaturas enormes, unas gruñendo y las otras en silencio que formaban un círculo desigual alrededor de Grant y Kylia. —Ahora sé por qué los guerreros de las Tierras Altas temen este lugar —dijo Grant, rodeando a Kylia con un brazo—. Te prometo que lucharé hasta mi último aliento. Sólo me arrepiento de que no podré salvarte, porque sé que mi fuerza no tiene parangón con la de esas criaturas. Él miró a través de la oscuridad. Ésta parecía cerrarse a su alrededor, revelando un bosque vivo con bestias inimaginables. —Éstas son las criaturas de mi peor pesadilla —añadió él, al ver que el monstruo de dos cabezas se acercaba cada vez más—. De niño, veía monstruos parecidos a ése en las sombras de la noche. Incluso tenía un nombre para ellos. Dubh gall. —¿Oscuro desconocido? —¿Es eso lo que significan esas dos palabras? —Sí. ¿Acaso no lo sabías? —No. El nombre sólo acudía a mí en sueños. Hasta ahora —afirmó Grant, sin dejar de mirar al monstruo. Kylia señaló la serpiente. —Una criatura como esa siempre estuvo presente en los sueños de mi infancia cuando estos se convertían en pesadillas. Cuando se lo describía a mi madre, ella me decía que no había serpientes en nuestro reino, pero que sí existían más allá de las orillas del Lago Encantado. —Es cierto, aunque nunca he visto una tan grande como ésa —dijo Grant. De repente, lanzó un rápido movimiento con la espalda, repeliendo así al monstruo de dos cabezas—. De hecho, creo que una como ésta no existe en ningún lugar más que aquí. A medida que la luz se iba haciendo más tenue, parecía que surgían más criaturas de sus escondrijos hasta que el bosque se convirtió en un coro de agudos gritos y salvajes aullidos que helaban la sangre. Grant se dispuso a enfrentarse a la peor de todas. —Coloca la espalda contra la mía, Kylia. Ella hizo lo que él le había ordenado y trató de deshacerse del miedo que amenazaba con paralizarla. —Sujeta la daga con firmeza, con la hoja levantada, para que esas criaturas sepan que tienes intención de hacerles daño. Kylia siguió su consejo, a pesar de que el corazón le latía salvajemente en el pecho. —Dentro de muy poco, las últimas brasas se apagarán y nos dejarán en la más completa oscuridad. Cuando eso ocurra, las bestias atacarán. —Si es así, ¿cómo podremos defendemos?—Veremos sus ojos. Al menos tendremos algo a lo que atacar. —Daría cualquier cosa por poder sacarte de este lugar, milord, pero por mucho que busco en mi corazón no encuentro el valor de hacerles daño a estas criaturas. Él murmuró una maldición antes de volver la cabeza ligeramente. —Perdóname por habértelo pedido, lady Kylia. He sido testigo de la bondad de tu corazón. Sin embargo, yo tengo intención de luchar a muerte. Cuando Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan comiencen a atacarnos, te suplico que salgas corriendo hasta el lugar en el que está atado mi caballo y huyas de este lugar de pesadilla. —No te dejaré aquí solo —afirmó ella, acompañando sus palabras con vehementes movimientos de cabeza. —Debes hacerlo. ¿Acaso no te das cuenta? —le preguntó él. Entonces, se dio la vuelta a pesar del peligro que los acechaba y la agarró por los brazos—. No me importa perder la vida, pero moriré feliz si sé que he perdido la vida para poder salvar la tuya. Ahora, prométeme que saldrás huyendo de aquí. —Por favor, no pasemos nuestros últimos momentos sobre la Tierra así — suplicó ella, al darse cuenta de que ya quedaban muy pocas brasas encendidas—. No pienso dejarte, porque mi destino era estar contigo. No me importa si es en esta vida o en la siguiente. Mi sitio está aquí, a tu lado. Nada de lo que me digas o hagas me apartará de ti. Grant la estrechó entre sus brazos para darle un rápido beso, sólo un breve roce de sus labios, mientras el coro de horripilantes aullidos llenaba el bosque. —Mi hermosa lady Kylia... Ojalá hubiera tenido tiempo para enseñarte mi tierra, mi gente, mi vida... —Lo lamento más de lo que te puedes imaginar. Te soy sincera cuando te digo que había esperado de verdad averiguar el nombre de los que te han traicionado. —En un momento como éste, me parece mucho menos importante que el hecho de que debemos despedimos en este oscuro bosque antes de que hayamos tenido tiempo de conocemos. Kylia lo miró a los ojos y sonrió. —Es cierto que no me conoces, pero yo sí te conozco a ti. Te llevo conociendo toda mi vida... Las palabras de la joven lo emocionaron profundamente. —Adiós, Kylia. Volvió a besarla, aquella vez deteniéndose un poco más sobre los labios de ella. A pesar de la frialdad que emanaba del oscuro bosque, sintió una ligera chispa de calor y se sintió caldeado por ella. La última chispa de las brasas creó un estallido de luz, que los cegó antes de apagarse por completo y dejarlos sumidos en una total oscuridad. De repente, se vieron rodeados por unos ojos salvajes que relucían en la oscuridad. Grant lanzó un golpe con su espada, pero ésta sólo cortó el aire. Mantuvo a Kylia agarrada con un brazo mientras volvía a atacar la oscuridad con su espada. Una vez más, no sintió nada más que aire. —¿Dónde estáis? —les preguntó a las criaturas—. Os oigo respirar, veo vuestros ojos ardiendo en la oscuridad. Acercaos, cobardes. Una vez más, lanzó su espada contra los monstruos, pero, de nuevo, ésta sólo cortó el aire. Kylia sintió algo en el bajo de su vestido y lanzó un grito al imaginarse a la serpiente enroscándosele alrededor de los tobillos. —¿Te encuentras bien? —quiso saber Grant. —Sí, sí... Como en mis sueños, pensé que... Al ver que Kylia quedaba sumida en un repentino silencio, Grant la estrechó con fuerza contra su cuerpo. —¿Qué tienes, milady? Estás herida, ¿verdad? —No, pero se me acaba de ocurrir una cosa. Grant miró a su alrededor. Sintió que se le ponía la piel de gallina a medida que los ojos rojos se iban acercando. La noche parecía estar viva. —¿De qué se trata? —El Bosque de la Oscuridad. Las criaturas. Creo que no existen más que en nuestra imaginación. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan —¿Qué estás diciendo? Mira a tu alrededor. Están por todas partes. Los dos podemos verlos. —Sí, pero yo veo mi peor pesadilla. Una serpiente. Tú ves la criatura de dos cabezas que solía ser la protagonista de las tuyas. Cuando el fuego está encendido, ninguno de los dos ve nada. Grant pensó en lo que ella acababa de decir mientras miraba a su alrededor. Entonces, tomó la mano de Kylia. —Si tienes razón, eso significa que podremos atravesar con libertad el claro y echar un poco más de leña al fuego. —Así es. —Si te equivocas, nunca más volveremos a sentir el calor del fuego. —En ese caso, moriremos juntos. —¿Estás dispuesta a correr ese riesgo? —Lo estoy. Grant la estrechó con fuerza contra su cuerpo y le rodeó los hombros con el brazo, juntos dieron un paso al frente. Luego otro. Aunque los gritos y los gruñidos se intensificaron, provocado que los dos se detuvieran en seco, ninguno de los dos sintió dolor alguno. —No te muevas de mi lado, milady. Grant dio otro paso y comenzó a tantear la oscuridad para lograr agarrar un trozo de leña. Cuando por fin lo consiguió, se detuvo un instante más y agarró toda la que pudo. Entonces, anduvo hacia atrás hasta que notó la calidez de las brasas. Segundos después de dejar caer la leña, surgió una pequeña llama que, momentos después, se fue haciendo mayor hasta que creó una llamarada que atravesó la oscuridad. Miró a su alrededor. No quedaba rastro alguno de las criaturas que los habían estado atormentando. La noche se había quedado en un completo silencio, aunque podía ver que, al otro lado del círculo de luz, parecía haber unos ojos rojizos que los observaban desde la penumbra, ocultos entre las sombras. Apretó con fuerza a Kylia y le depositó un beso en la sien. —Mi hermosa e inteligente lady Kylia. ¿Qué hubiera sido de nosotros si tú no hubieras descubierto el secreto de este lugar? —Habríamos permanecido paralizados por nuestros temores y nos habría sido imposible regresar a nuestra tierra. Ahora, mientras el fuego nos ayude a mantenerlos a raya, debemos abandonar este lugar. ¿Tienes fuerzas suficientes como para montar a caballo? —Sí. Ahora que he evitado batirme con los monstruos, me siento lo suficientemente fuerte como para enfrentarme a un ejército entero —dijo él. Se inclinó y recogió la capa de Kylia para cubrirla dulcemente con ella—. Iré a por mi caballo. Kylia lo observó atentamente mientras se alejaba y se preguntó por los extraños sentimientos que sentía en su interior. Cada vez que él la tocaba o la besaba, esos sentimientos se hacían más profundos. ¿Sería amor o simplemente el deseo de aparearse, tal y como había visto que les ocurría a otras criaturas? Deseaba que fuera mucho más que eso. Deseaba conocerlo todo acerca de aquel hombre qué tan tiernamente le llegaba al corazón, saber lo que había sido de niño y cómo lo habían elegido como jefe de su gente. Estaba ansiosa por ver su tierra, por conocer a los suyos. No le cabía la menor duda de que él era el hombre que el destino le tenía guardado. Por supuesto, tal vez tardaría algún tiempo en convencerlo a él de ese hecho. Sin embargo, después de haber resuelto el misterio del Bosque de la Oscuridad, se les había concedido el don del tiempo. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan Tiempo... Sonrió mientras él acercaba su caballo y la ayudaba a subir a la silla antes de montarse detrás de ella. Kylia se echó hacia atrás. Le encantaba el modo en el que Grant la rodeaba con sus brazos para poder agarrar las riendas. Aunque tuvieron que atravesar el bosque durante horas, no volvieron a ver a ningún monstruo. Habían conquistado su temor y estaban libres de la oscuridad que hasta entonces los había apretado con fuerza entre sus garras. Cuando por fin salieron del bosque, se encontraron en una hermosa pradera, cubierta de brezo en flor y bañada por la deslumbrante luz del sol.

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Capítulo 7 —Oh —suspiró Kylia mientras miraba a su alrededor—. Todo esto es tan hermoso como el Reino Mítico. ¿Es éste tu hogar? —No —respondió Grant haciendo que el caballo aminorara el paso para que ella pudiera admirar la belleza del paisaje—. Nos queda otro día de camino antes de que lleguemos a mi fortaleza, pero el paisaje es muy parecido a éste. Hay praderas rodeadas de gloriosas montañas, cuyas cimas se ven envueltas entre las nubes. Además, hay un lago con aguas tan cristalinas que se puede ver el fondo. —Veo que echas mucho de menos a tu tierra y a tu gente —afirmó ella, al ver el cariño que había en el tono de su voz. —Sí. Sólo espero que ellos también me estén echando de menos. —¿Y por qué no iban a echar de menos a su jefe? —Les he fallado. No he sabido protegerlos del peligro ni de la guerra, a la que he llevado a mis guerreros para que caigan en una trampa, causándoles así dolor y humillación. Tienen derecho a dudar de su jefe. —Tú no podías saber que te estaba traicionando alguien en quien confiabas. Muy pronto sabrán la verdad. —Rezo para que sea como tú dices. Por lo que yo sé, tal vez incluso hayan llegado a convocar al consejo para elegir a otro jefe. Llegaron a una ligera elevación del terreno, desde el que se veía un rebaño de ovejas pastando sobre una pradera. Entre los animales, se veían varias figuras moviéndose. Grant acicateó a su caballo para que se apartara del camino y se acercara a unos árboles. Allí, desmontó y levantó los brazos para ayudar a bajar a Kylia. —Quédate aquí —dijo con voz de acero mientras volvía a subirse a su montura. Kylia lo miró muy sorprendida. —¿Adonde vas? —A evitar que esos ladrones roben las ovejas. —¿Cómo sabes que son ladrones? Tal vez vivan en la casa que hay al otro lado de la pradera. Grant señaló el humo que surgía del techo de paja y que formaba una ligera neblina sobre el horizonte. —Ni los campesinos ni los pastores queman sus casas, milady. Sólo puede ser el trabajo de unos villanos. —¿Que han prendido fuego a la casa? Yo había creído que sólo era el humo que salía de la chimenea. Antes de que pudiera añadir nada más, Grant espoleó a su caballo y se marchó al galope. Kylia lo miró perpleja. Grant sólo había tenido unos segundos para darse cuenta de la situación, pero había decidido actuar con rapidez para ayudar a unas personas a las que ni siquiera conocía. Aunque él le había advertido que permaneciera allí, la joven decidió no prestar atención alguna a sus palabras. Se inclinó para recoger la rama rota de un árbol, pensando que ésta podía ayudarla. Justo cuando se estaba incorporando, alguien tiró de ella hacia atrás haciendo que la rama se le cayera de las manos. Antes de que pudiera decir palabra, un hombre se la colocó con brusquedad sobre el hombro. A pesar de los puñetazos y las patadas con los que ella o castigó, el hombre ignoró completamente sus protestas y se dirigió corriendo a la pradera para reunirse con sus camaradas. En cuestión de segundos, el hombre volvió a ponerla de pie, la agarró con fuerza y le colocó un cuchillo contra la garganta. Entonces, le gritó a Grant: Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan —¡Esta mujer morirá a menos que deje su arma! Kylia observó horrorizada cómo Grant hacía lo que el hombre le había ordenado. En el momento en el que bajó la espada, los ladrones se abalanzaron sobre él, atacándole con puños y cuchillos. Lo único que ella pudo hacer fue observar llena de temor cómo los hombres lo golpeaban hasta derribarlo al suelo. A sus espaldas, escuchó la risa de un hombre. El sonido la hizo echarse a temblar con un sentimiento que jamás había conocido antes. La ira. Una ira terrible por la injusticia de todo aquello. El sentimiento hizo que la sangre se le quedara helada. Cerró los ojos y comenzó a entonar sus cánticos. Al principio, lo hizo muy suavemente para cantar cada vez más fuerte a medida que la ira se iba apoderando de ella. Las manos que la sujetaban parecieron perder su fuerza. Su captor lanzó una exclamación de sorpresa y cayó de rodillas sobre la hierba. No pudo hacer otra cosa más que observar cómo Kylia tenía los brazos extendidos y seguía entonando un cántico que él no había escuchado nunca antes. Los atacantes de Grant lanzaron una carcajada al verla. Uno de ellos gritó: —¡Esa mujer extiende los brazos como si fueran espadas, creyendo que asó nos va a asustar! —Sí —se mofó otro—. Y no hace más que decir necias palabras que no tienen significado alguno. ¡Levántate, idiota! —añadió, refiriéndose a su camarada—. ¿Por qué nos dejas a nosotros todo el trabajo? La risa se les ahogó en la garganta cuando las armas se les resbalaron de los dedos, como si tiraran de ellas hilos invisibles, y cayeron al suelo. Antes de que pudieran moverse, Grant se inclinó rápidamente y recuperó su espada. Entonces, se acercó a Kylia para tocarle suavemente la mejilla. Sólo fue un simple contacto, pero la calidez que le corrió por las venas provocó que le resultara imposible seguir entonando su cántico. Los ladrones aprovecharon aquel segundo de silencio para salir huyendo, dejando atrás las ovejas. Incluso el que había agarrado a Kylia se puso de pie a la velocidad del rayo y salió huyendo para buscar la seguridad del bosque que los rodeaba. —¿Te encuentras bien? —le preguntó Grant, muy preocupado. —Sí, no te preocupes por mí. Ve tras ellos. En vez de hacer lo que ella le había pedido, Grant se dirigió corriendo a la cabaña en llamas. Justo cuando entró en la casa, el tejado se desmoronó. —¡No! —gritó Kylia. Inmediatamente, echó a correr detrás de él. Cuando llegó a la cabaña el fuego era tan intenso que resultaba imposible ver nada más allá de la muralla de llamas. Trató dos veces de atravesarlas, pero otras dos veces tuvo que retroceder. Llena de desesperación, se colocó la capa sobre la cabeza hasta que estuvo totalmente cubierta a excepción de los ojos. Entonces, se abrió paso a través de los maderos ardiendo y entró en el corazón mismo del fuego. Allí, vio que Grant tenía el cuerpo de un hombre entre los brazos. Tras él, había una mujer con un chiquillo en brazos mientras que otro se le agarraba con desesperación a las faldas. Al ver a Kylia, Grant le gritó: —¡Sácalos de aquí! ¡Rápido! El tejado se va a desmoronar muy pronto. Sin prestar atención al hecho de que el fuego le lamía la falda, Kylia envolvió a la mujer con la capa y tomó en brazos al niño. Cuando se dio cuenta de que la mujer estaba demasiado asustada como para avanzar, le agarró la mano y tiró de ella, paso a paso, hasta que logró sacarla al exterior de la cabaña. Entonces, cayeron de rodillas, tosiendo y tratando de tomar aire. De repente, la cabaña pareció explotar. Las paredes se hundieron, avivando aún más las llamas. Durante un segundo, Kylia observó la escena horrorizada, Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan sabiendo que nadie podría sobrevivir a aquel horror. Una inmensa tristeza se apoderó de ella. Había salvado a unos desconocidos, pero no había podido hacerlo con el hombre cuya imagen la había acompañado desde su infancia. Mientras las llamas se erguían hacia el cielo, vio que había dos figuras tumbadas sobre la hierba, al otro lado de la cabaña. Con un grito de alegría, se dirigió rápidamente hacia ellas y cayó de rodillas al lado de Grant. Tenía la piel ennegrecida por el hollín y las cenizas. Las ropas aún le humeaban. No dejaba de toser, esforzándose por respirar. —¡Gracias al Cielo que estás vivo! — exclamó ella tocándole suavemente la mejilla. Entre toses, Grant consiguió susurrar: —Ocúpate de él. El hombre tenía quemaduras muy graves en los brazos y el rostro. Sin embargo, más que las quemaduras, lo que preocupaba a Kylia eran las heridas que tenía en el cuello y el pecho, que sangraban profusamente. Mientras lo despojaba de su túnica, la mujer se acercó y se arrodilló a su lado, llorando. —¡Mi adorado Ewaid! ¡Por favor, no me dejes! —El fuego no causó todas sus heridas —le dijo Kylia. —No —respondió la mujer—. Los ladrones entraron a la fuerza en nuestra cabaña. Mientras yo hacía lo que podía por proteger a los niños, Ewaid se defendió sólo con sus puños. Esos monstruos lo dejaron por muerto y luego prendieron el tejado de la cabaña antes de ir a por nuestras ovejas. Por favor, señora —añadió, tras oír un gemido de su esposo—. ¿Puede aliviar usted su dolor? Kylia sintió una oleada de frustración por su incapacidad. Deseó fervientemente que Allegra estuviera allí. Su hermana mayor sabría exactamente lo que hacer. Estaba a punto de explicar que sabía muy poco sobre la curación de las quemaduras cuando vio que uno de los niños estaba llorando. Aquellas lágrimas la conmovieron profundamente. No era el momento de mostrarse débil. —Haré lo que pueda —dijo—. Necesitaré agua. Inmediatamente, la mujer se dirigió a un arroyo cercano y regresó con un cubo lleno a rebosar. Después de lavar las heridas del desconocido, Kylia empapó una tela en el agua y la colocó sobre la carne quemada. Mientras tanto, la mujer se acercó a las ruinas humeantes de su cabaña y recogió una ennegrecida jarra. A continuación, regresó al lado de Kylia y se la entregó. —Es whisky, señora. Mi esposo casi nunca bebía, así que la jarra está prácticamente llena. Tal vez pueda utilizarlo para limpiarle las heridas. -Sí. Kylia tomó la jarra y vertió una buena cantidad de whisky sobre las heridas del hombre. Entonces, procedió a vendárselas. Cuando hubo terminado, envolvió al hombre en su capa. Al levantar la mirada, vio que Grant regresaba del arroyo, adonde había ido a lavarse sus quemaduras. A pesar del dolor que sentía, no hizo mención alguna al respecto y comenzó a destripar unos peces que había pescado. Cuando la comida estuvo lista, la repartió y se ocupó de que la mujer y los niños comieran su parte. La mujer comía como si estuviera sumida en un trance, sin dejar de mirar a su marido. —¿Qué haremos si los ladrones regresan? —preguntó. —¿No formáis parte de ningún clan? — quiso saber Grant—. ¿No tenéis familia o amigos cerca de aquí? —No. Nuestras familias viven en el pueblo. Nosotros vinimos a esta pradera tan lejana porque nos pareció un buen lugar para criar a nuestra familia y cuidar Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan de nuestras ovejas. Ahora que los ladrones saben que estamos indefensos, esperarán a que volvamos a estar solos y nos atacarán. La próxima vez se asegurarán de matarnos para poder robarnos todo el ganado. Grant sabía que la mujer tenía razón. Aunque le preocupaba posponer aún más el regreso a su casa, no podía dejar a aquella familia sola e indefensa. Le preocupaba mucho la seguridad de su gente. Para animar a la mujer, le golpeó suavemente la mano y miró a Kylia. —La señora y yo nos quedaremos hasta que tu marido esté lo suficientemente fuerte como para poder viajar. Si lo deseas, os acompañaremos al pueblo, donde habrá familia y amigos que se ocupen de vuestras necesidades. La mujer cerró los ojos y lanzó un suspiro de alivio. —Muchas gracias, milord. Y gracias también a usted, milady —dijo, abrazando afectuosamente a sus hijos—. Siento no poder ofrecerles cobijo para pasar la noche. —No necesitamos más que este fuego. Yo haré guardia mientras vosotros dormís. Por la mañana, encontraré el modo de organizar el viaje de vuelta. Yo me llamo Grant, jefe del clan MacCallum. La dama es Kylia, del clan Drummond. —Yo soy Flora y estos son nuestros hijos, Ian y Donald. Pertenecemos al clan Kerr — explicó. La mujer se acercó a su esposo y se tumbó sobre la hierba tras acurrucar a sus hijos contra su cuerpo. Estaban tan agotados por todo lo ocurrido que muy pronto se quedaron los cuatro dormidos. Kylia se levantó y echó a correr detrás de Grant, que se dirigía hacia el bosque a grandes zancadas. —¿Qué puedo hacer yo para ayudar? Grant se detuvo y se giró para mirarla. Tenía en los ojos una mirada que la reconfortó más que cualquier caricia. —Ya has hecho bastante. Tu valor me deja sin palabras, milady. —Te equivocas. Fue tu valor el que salvó a esa gente. —No. Lo que yo hice no fue nada comparado con lo que hiciste tú —susurró, mientras le colocaba un rizo detrás de la oreja. Inmediatamente, ella sintió una abrumadora sensación en el pecho y se preguntó por qué el corazón no se le salía por la emoción. Grant no retiró la mano. Le encantaba ver la suave mirada que se le reflejaba a Kylia en los ojos. Comenzó a disfrutar con la calidez que se le extendió rápidamente por las extremidades. Después de todo lo que habían pasado, tocarla era una recompensa, un premio Kylia sintió el cambio que se produjo en él. La tensión que parecía emanar de Grant le afectó a ella también. Sin poder evitarlo, dio un paso atrás, pero él la agarró por el hombro. —Creo que voy a tener que besarte... —No creo que este sea el lugar... No pudo terminar su frase. Grant la tomó entre sus brazos y la apretó con fuerza contra su pecho. Le cubrió la boca con la suya con un beso tan apasionado, tan lleno de deseo, que provocó una pasión similar en el cuerpo de ella. Tenía una boca tan ágil, tan hábil... Labios firmes y fuertes. Una lengua que entabló duelo con la de ella. El sabor, tan masculino, hizo que la cabeza le diera vueltas y que el corazón le latiera a toda velocidad. La sangre le fluía con rapidez por las venas. El suelo pareció hundirse bajo sus pies, por lo que tuvo que agarrarse a la cintura de Grant para no caerse. —Espera... —susurró—. Cuando me besas no puedo pensar. —Eso es precisamente lo que yo estaba buscando. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan Volvió a estrecharla entre sus brazos, depositándole suaves besos en la sien, en la mejilla, en la punta de la nariz... —No hay necesidad de pensar cuando sentimos algo así —añadió. La dulzura de aquellas palabras hizo que Kylia se relajara entre sus brazos y que le permitiera profundizar el beso. Allí estaba de nuevo. Una pequeña sacudida del corazón y luego una profunda calidez fluyéndole por las venas y haciendo que ella suspirara de deseo. Aquella vez, Kylia levantó los brazos para rodearle el cuello con ellos, tensando el cuerpo contra el de él. Con la boca sobre la de Grant, se vertió en aquel beso. Sintió la pasión, la excitación, el peligro... Su cuerpo se sentía tan vivo... Con una sola caricia, Grant había conseguido que se abriera a todo lo que era nuevo y posible. Acababa de darse cuenta de que estaba perdidamente enamorada de él. Quería decírselo, gritarlo a los cuatro vientos para que todo el mundo lo oyera. Más aún, necesitaba demostrárselo desesperadamente y lo hizo, devolviéndole los besos con un fervor que los dejó a los dos sin aliento. —¿Cuándo nos iremos a tu fortaleza? — susurró Kylia, contra los labios de él. La dulzura del aliento de la joven se mezcló con el de él. No había nada que deseara más en el mundo que volver a saborearla. Tomar más que sus besos. La deseaba con una fiereza que casi le resultaba dolorosa. Bajó la cabeza y volvió a besarla mientras la acariciaba, dándoles placer a ambos. Con cada caricia, con cada beso, la pasión iba creciendo dentro de ellos. La necesidad terminó por abrasarlos, hasta que los dos estuvieron medio locos de deseo. Grant se dio cuenta de la necesidad de ir poco a poco y dio un paso atrás. —Sé que te gustará la comodidad de mi casa, milady. Sé que ya te he pedido mucho, pero voy a suplicarte otro favor. Kylia se inclinó sobre él, esperando que quisiera saborear sus labios una vez más. Después de haber experimentado la pasión, deseaba aún más. Mucho más. Si él se lo pedía, se lo daría todo. Allí mismo, sobre la hierba, bajo el manto protector de la noche. —No tienes necesidad de suplicar. Sólo tienes que pedirme lo que desees para que yo lo lleve a cabo. Grant dio otro paso atrás, alarmado por el fuego que parecía arder entre ambos. Se sentía tan seducido por la belleza de Kylia que estaba seguro de que podría arder con una sola caricia. Saber que podía tener todo lo que pudiera desear lo hizo más consciente de la necesidad de protegerla de sí misma. —Espero que no te importe quedarte aquí hasta que estas buenas gentes estén a salvo. Kylia bajó los ojos, sabiendo que él podría leer la desilusión que se le habría reflejado en los ojos. No era que le importara permanecer en aquella humilde pradera sino que, en aquel momento, su único deseo era que Grant volviera a besarla hasta que los dos ardieran en el infierno de su pasión. ¿Acaso no sentía él lo mismo que ella? —Como tú desees. —Muchas gracias, milady. Se llevó las manos de la joven a los labios y depositó un beso en cada palma. Entonces, antes de que la tentación derrotara a su resolución, se dio la vuelta y se marchó. Mientras se dirigía a la oscuridad del bosque, apretó los puños con fuerza. Se dio cuenta de que estaba temblando. Grant regresó al cabo de un rato, con los brazos cargados de troncos. Se sintió muy aliviado al ver que Kylia estaba dormida con los otros. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan A lo largo de la interminable noche, mientras se ocupaba del fuego y vigilaba el rebaño, no pudo dejar de observar el aspecto que Kylia tenía a la luz del fuego. Era tan dulce, tan hermosa que le quitaba el aliento. Cuando se acercaba demasiado a ella, se olvidaba de que no era como el resto de las mujeres. Se estaba haciendo cada vez más difícil alejarse de la invitación que podía leer en sus hermosos ojos. Sin embargo, era dé vital importancia recordar que él era simplemente un hombre mientras que ella era una bruja. Una bruja. Lo había admitido. Era la primera vez que se permitía pensar en algo así. Había visto el modo en el que ella era capaz de controlar las mentes de los hombres. Con sólo levantar los brazos y entonar unos antiguos cánticos con aquella voz tan melodiosa, podía detener a un ejército entero. Una cosa era controlar las mentes de los hombres y otra muy distinta perder el control de la suya propia. Cuando se había ofrecido a acompañarlo a su fortaleza, Grant había aceptado la generosidad de la joven sin pensar en lo que podría costarle a ella. No se le había ocurrido pensar que Kylia nunca se había enfrentado al mal. Había visto ya en dos ocasiones el miedo y la confusión en sus ojos. Había sido testigo del dolor que su mundo podría causarle. Apretó los puños y sintió que un fuerte sentimiento de culpabilidad se apoderaba de él. Había podido leer algo más en los ojos de Kylia. El glorioso despertar del deseo. Ya estaba muy mal que le hubiera pedido que utilizara sus poderes para ayudarlo. No iba a aprovecharse también de su inocencia para su propio placer. A pesar de todo, la tentación era casi imposible de resistir... Tendría que permanecer alerta para asegurarse de que Kylia regresaba a su casa tal y como la había encontrado. Dulce, intacta y a salvo de unos deseos demasiado humanos.

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La traición- Ruth Langan

Capítulo 8 En medio del calor de la tarde. Flora colocó a su hijo dormido al lado de Ewaid, que también dormía. Miró a Grant, que estaba desnudo hasta la cintura reparando la carreta de madera que había resultado dañada en el fuego. —El jefe del clan de los MacCallum es un buen hombre —le dijo a Kylia—. No hay muchos hombres que se tomaran tantas molestias por unos desconocidos. —Sí, es un buen hombre. A Kylia le resultaba imposible apartar la mirada de los movimientos de unos músculos que se le tensaban y anudaban en la espalda y los hombros con cada uno de sus movimientos. Había soñado con él la noche anterior. Estaba abrazándola, besándola... Las imágenes habían sido tan reales que se había despertado sobresaltada para ver que el objeto de sus deseos estaba manteniendo una solitaria vigilia al otro lado de la pradera, cerca del rebaño de ovejas. ¿Qué podía hacer con lo que sentía? Había veces en las que le parecía que tenía que tocarlo para asegurarse de que era real. Después de pasarse una vida viendo el rostro de Grant en su imaginación, se temía que él pudiera desaparecer antes de que ella hubiera tenido la oportunidad de decirle lo que había en su corazón. ¿Y qué era lo que había en su corazón? No estaba segura de si lo que sentía era amor verdadero, pero era algo muy profundo. Sus sentimientos crecían cada día que pasaba a su lado. — ¿La lleva el jefe a su fortaleza para convertirla en su esposa? Las palabras de Flora rompieron la ensoñación de Kylia. Miró a la mujer muy sorprendida. —No. Lo acompaño porque necesita mi ayuda. —¿Cómo podrá ayudar a un jefe tan poderoso? Kylia sintió que las mejillas se le ruborizaban. ¿Cómo podía explicarle sus poderes a aquella mujer? —Tengo ciertos dones que el jefe necesita. —¿Dones, señora? —Veo cosas —respondió ella, sonrojándose aún más. —¿Qué clase de cosas ve? —El pasado. Algunas veces el futuro. Tengo visiones... Se interrumpió, temerosa de la reacción que pudiera tener la mujer. En vez del rechazo que había esperado, la campesina aceptó su explicación sin cuestionarla. Esbozó una radiante sonrisa. —¡Oh, señora! ¡Mi abuela también tenía esos dones! La primera vez que conoció a Ewaid, me dijo que él me pediría la mano. Aunque al principio no la creí, me di cuenta más tarde de lo sabia que era. Nuestra familia siempre había sabido que tenía dones especiales que los demás no poseíamos. Dado que usted cuenta con esa bendición, ¿podría decirme...? Avergonzada, la mujer no pudo continuar. Kylia le tomó una mano. —No tienes que preguntar. Leo la pregunta en tu corazón. Ésta será la hija que tú deseas. La mujer sonrió suavemente. —Ewaid no lo sabe aún. Ni siquiera yo misma estaba segura. —Créelo —le aseguró Kylia, tocándole el abdomen—. Será una hermosa hija y te traerá mucha felicidad en tu vejez. —Gracias, señora —murmuró Flora, agarrándose las manos con fuerza. Cuando Kylia se levantó y se dirigió hacia Grant, vio que la joven campesina se limpiaba una lágrima de felicidad. Sin poder evitarlo, dio las gracias a los Hados Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan por haberle concedido el don de la videncia. Aquello la había apartado del resto, pero formaba parte de ella igual que el color de sus ojos o la textura de su cabello. Su familia se había visto obligada a vivir en el exilio por los extraordinarios dones de todos sus miembros, pero Kylia no cambiaría nada aunque pudiera. Mientras Grant preparaba la carreta, Kylia se dirigió al arroyo. El agua siempre había sido su refugio y su mayor placer, A pesar de estar tan lejos de su casa, sintió el vínculo cuando se introdujo en las limpias y frías aguas. Se sumergió en las profundidades vio a un gordo salmón escondido entre unas rocas. Tardó menos de un minuto en agarrar al pez y lanzarlo a la orilla. Entonces, nadó a placer por el arroyo y vio más salmones. Cuando salió del agua y se vistió rápidamente, pudo llenarse las faldas con salmón suficiente como para poder alimentarlos a todos. Al llegar al campamento, vio que Ewaid estaba charlando con su esposa. Resultaba evidente que tenía muchos dolores, pero esbozó una sonrisa al ver a Kylia. —Señora, Flora me ha contado que le debo la vida. —No. Si no hubiera sido por la rápida intervención de lord MacCallum, nadie habría sobrevivido al fuego. Lo único que yo hice fue aliviarte un poco el sufrimiento — replicó. Entonces, se arrodilló y les mostró lo que había pescado—. Esta noche cenaremos como los mismos reyes. —Déjeme que la ayude. Flora se arrodilló a su lado y entre las dos mujeres les quitaron las escamas a los peces y los destriparon antes de cocinarlos sobre el fuego. De lo que quedaba de su casa, Flora sacó un poco de harina y azúcar que se había salvado milagrosamente del fuego. Muy pronto el dulce aroma de las galletas inundó el aire. Cuando Grant dejó sus herramientas y se les unió para cenar. A todos se les estaba haciendo ya la boca agua. Aunque la cena era sencilla, se sentaron alrededor del fuego y la saborearon con fruición, disfrutando por fin de la oportunidad de relajarse unos en compañía de los otros. Muy pronto los niños se quedaron dormidos entre los pliegues de la capa de Kylia. Grant y Ewaid tomaron un poco de whisky mientras Kylia y Flora bebían té y charlaban. La oscuridad fue adueñándose poco a poco de la tierra. Más tarde, cuando Kylia estaba a punto de quedarse dormida al lado del fuego, vio que Grant montaba guardia una vez más al lado del rebaño. Se durmió sabiendo que él los vigilaría a lo largo de toda la noche y se ocuparía de su bienestar. La tranquilizaba que un hombre tan fuerte los estuviera cuidando a todos. Al romper el día, Grant enganchó su caballo a la carreta y luego fue a ayudar a Ewaid y a los niños a subirse a la parte trasera, que estaba cubierta con la capa de Kylia. A continuación, ayudó a Flora a subirse al pescante y le entregó las riendas. Mientras ellos avanzaban, Kylia y él iban detrás, animando al rebaño a seguir a la carreta y vigilaban para que no se acercara ningún ladrón. El viaje les llevó gran parte del día. Cuando llegaron al pueblo del clan Kerr, faltaba muy poco para el atardecer. Mucho antes de que llegaran, los vieron avanzar hombres a caballo. Parte de ellos se quedó para acompañarlos mientras los restantes se adelantaban para llevar la noticia a sus familiares. Cuando llegaron, el pueblo entero se había reunido en la plaza para recibirlos con un festín. Y un festín fue. Había bandejas de cordero y pescado, al igual que un ciervo entero asado. Saborearon tartas y galletas, panecillos dulces rellenos de pasas y bayas. Les hicieron cientos de preguntas y tanto Kylia como Grant recibieron unos afectuosos abrazos por parte de la familia de la joven pareja para darles así las Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan gracias por haber salvado las vidas de los suyos y haberlos devuelto sanos y salvos al pueblo. Los dos recibieron los agradecimientos y las alabanzas con tanta gracia como pudieron. Muy pronto, el calor, la comida y el saber que por fin estaban a salvo les hizo rendirse al cansancio. Con mucha ceremonia, los llevaron a la mejor cabaña del pueblo y les mostraron sus aposentos individuales. Los ayudaron a despojarse de las sucias ropas que llevaban puestas y a darse un cálido baño antes de meterse en cálidas camas de la piel más suave que pudieron imaginar. Las mujeres del pueblo compitieron por tener el honor de lavarles la ropa y prepararlas para el viaje de la mañana siguiente. Mientras ellas charlaban y los hombres tomaban su whisky y hablaban en susurros sobre la hermosa mujer y el valiente jefe que habían ayudado a los suyos, Grant y Kylia se dejaron llevar por los dulces sueños que acompañaron su descanso. —¿Cómo podré darle las gracias, milady? —preguntó Flora a la mañana siguiente, cuando todo el pueblo se había reunido para despedir a sus visitantes, tras llevarse la mano de la joven a los labios—. Sin su amabilidad, habríamos perecido a manos de los bárbaros. —No hace falta que me des las gracias, Flora —respondió Kylia. Muy descansada por las horas que había dormido y muy refrescada por el buen baño y la inmejorable comida, Kylia abrazó a la mujer—. Me alegro mucho de que tú y tu familia estéis por fin a salvo, con los vuestros. —Esto es lo que yo le deseo también, milady. Que pueda estar muy pronto en su hogar con los que la aman. Kylia pensó en el dulce paraíso al que llamaba su hogar y se dio cuenta con cierto dolor de lo mucho que lo echaba de menos. Aunque había partido de buena gana en aquel viaje, su adorado Reino Mítico nunca estaba lejos de sus pensamientos. Tomó la capa que una de las mujeres le ofrecía y se la echó por los hombros. Entonces, permitió que Grant la ayudara a subir a la silla del caballo. Él, después de despedirse de todos los hombres, se montó detrás de ella y agarró las deudas. —Tenga cuidado —le advirtió Ewaid—. Tal vez esos bárbaros vuelvan a buscar venganza. —Lo tendré. Ahora, debo regresar con los míos, ya que he estado lejos de ellos demasiado tiempo. Tiró de las riendas y el caballo salió galopando a toda velocidad. Cuando el pueblo quedó por fin atrás, Grant no pudo resistir la tentación de hundir el rostro en el cabello de Kylia. Era tan agradable volver a tenerla entre sus brazos, respirar el dulce y femenino aroma que tan importante había comenzado a ser para él... Ella giró la cabeza y se encontró con que los labios de Grant le comenzaron a acariciarle la sien. Aquel simple gesto tuvo un rápido efecto en su ser. —¿Cuánto queda para tu casa? —Otro día de camino. Otra noche... — añadió, con sentimiento. Pensar que iba a pasar una noche a solas con Kylia le caldeaba la sangre. Ella sintió un escalofrío por la espalda y se preguntó, como siempre hacía, si él sentiría lo mismo. ¿Sería diferente para un hombre, especialmente para uno tan experimentado como Grant? Le miró el rostro, pero no pudo leer nada en sus ojos. Giró la cabeza para enfrentarse al viento y respiró profundamente, dejando que el aire le llenara los pulmones. —Háblame de tu hogar y de tu familia. Estoy ansiosa por saber todo lo que pueda sobre ellos. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan —No recuerdo ni a mi padre ni a mi madre, dado que los dos murieron antes de que yo cumpliera los dos años de vida, pero me han dicho que mi padre era un gran guerrero. Entre los nuestros, aún se pronuncia su nombre con admiración. Se dice que no tenía miedo en las batallas y que era un enemigo temible para los que se enfrentaban a él. A pesar de todo, era un hombre justo y amable, que siempre tenía su casa abierta para viudas y huérfanos. —Mencionaste una tía que vive contigo. —Sí, mi tía Hazlet, la hermana de mi padre. Estaba comprometida con el mejor amigo de mi padre, Ranald. Cuando los dos hombres murieron en el campo de batalla, ella se dejó llevar por la pena y se recluyó en sus aposentos. Entonces, se enteró de que la pena de mi madre le había anticipado los dolores de parto, por lo que salió de sus aposentos para acompañar a mi madre hasta que nació mi hermano Dougal —explicó, pronunciado el nombre de su hermano con mucho afecto. —Veo que lo quieres mucho. —Sí. ¿Cómo no lo iba a querer? Él y yo hemos estado siempre juntos desde el día en el que él nació. Kylia asintió. A ella le ocurría lo mismo con sus hermanas. —¿Y tu tía? ¿No se casó nunca? —El amor y la pena que Hazlet sentía eran tales que nunca permitió que ningún otro hombre le robara el corazón. Cuidó de nosotros hasta que nos hicimos hombres. —Debe de estar muy orgullosa de que te hayan nombrado jefe dé tu clan, como lo fue tu padre antes. Grant permaneció en silencio durante algunos instantes antes de volver a hablar. —Tal vez, para cuando regrese, ya no lo sea. El consejo de ancianos tiene el poder de otorgar a otro el título en ausencia del jefe. —¿Y crees que harían eso sin darte la oportunidad de poder hablar en tu defensa? —No lo sé, pero de lo que sí estoy seguro es que preferiría morir que deshonrar el nombre de mi padre. Kylia guardó silencio. Comprendía perfectamente la profundidad de su dolor. El amor que ella sentía por su familia era tan grande que también preferiría afrontar la muerte antes que el deshonor. Comprendió que aquella era otra razón por la que Grant había comenzado a significar tanto para ella. No sólo compartían el amor por su familia sino también un fiero deseo de hacer lo que debían, lo que les imponía el honor, por el bien de los que amaban.

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Capítulo 9 —Mira, milady. Llevaban todo el día subiendo por una colina. En aquellos momentos, tras llegar a lo más alto, podían divisar una hermosa pradera. El sol ya se estaba ocultando bajó las cumbres de unas montañas lejanas, por lo que los dedos rosados y malvas del atardecer se extendían ya por la tierra, haciendo que los retorcidos árboles y las rocas proyectaran largas sombras sobre la hierba. —Es sorprendente —susurró ella, atónita por el hermoso espectáculo que se estaba desarrollando antes sus ojos—. Tiene un aspecto tan salvaje y primitivo... —Así es, pero siempre me conmueve el corazón —observó Grant. Tras detener el caballo, había permanecido absorto durante unos instantes, asimilando la escena. Por fin, desmontó del caballo y ayudó a Kylia a bajar de la montura. Rápidamente, en cuanto notó las fuertes manos de Grant agarrándola, ella experimentó una abrasadora sensación de excitación. Cuando él la dejó sobre el suelo, permaneció completamente inmóvil respirando profundamente para aclararse el pensamiento. Grant ató el caballo y tomó la manta que llevaba enrollada en la silla. —Encenderé el fuego. Luego, iré a ver si puedo encontrar algo para comer. Mientras él encendía el fuego, Kylia buscó desesperadamente algo que hacer. Desenrolló la manta de piel con la intención de sacudirla antes de extenderla sobre la hierba. Entonces, muy sorprendida, vio que en su interior había varios paquetes. Cuando terminó de desenvolverlos, lanzó un grito de alegría. —Creo que no tienes necesidad de ir a buscar nada de comer, milord. Parece que nuestros amigos siguen mostrándonos su gratitud por haberles llevado a sus parientes. Aquí tenemos cordero seco, suficiente para muchas noches y unos bollitos dulces. Querían asegurarse de que no nos moriríamos de hambre antes de llegar a tu fortaleza. —¡Qué buena gente! No tenían por qué hacer todo esto. —Querían mostrarte lo mucho que te aprecian por haber salvado a uno de los suyos. —También te aprecian mucho a ti, milady —dijo Grant, mirándola con tanto apasionamiento que ella sintió que el corazón dejaba de latirle. Entonces, le rozó suavemente la mejilla con el dedo—. ¿Cómo no iban a apreciarte? Aquel simple contacto la dejó paralizada. Casi se olvidó de respirar. Deseaba tanto que él la besara... Lo deseaba desesperadamente... Grant pareció considerarlo, pero, de repente, se dio la vuelta y se sacó la petaca que llevaba colgada del cinturón. —Voy a por agua al arroyo mientras tú preparas el resto de la comida — añadió, por encima del hombro. Kylia observó cómo se alejaba y esperó hasta que el corazón se le tranquilizó. Comenzó a preparar la comida y se preguntó cómo podría enfrentarse a unas emociones tan nuevas y tan desconocidas para ella. Durante mucho tiempo había llevado una vida tranquila en un ambiente paradisíaco. De repente, se había visto inmersa en un mundo de emociones explosivas y violentas que la hacían sentirse confusa, molesta y completamente desequilibrada. Se sentó sobre los talones de los pies y cerró los ojos. Se imaginó a su familia, reunida en tomo a la mesa. La imagen la hizo sonreír. —Abuela... Madre... Las dos habéis vivido en este mundo antes de que regresarais al Reino Mítico. Las dos habéis experimentado lo que yo estoy sintiendo en estos momentos. En estos momentos necesito vuestra sabiduría. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan Levantó la cabeza hacia el cielo de la noche. Al ver que las nubes habían formado la silueta de Jeremy, como si fuera montado sobre Luz de Luna, se echó a reír. Entonces, pasó otra nube y le pareció reconocer la figura de Bessie inclinada sobre el caldero y removimiento sus contenidos. Veía claramente el delantal y la enorme cuchara de madera que utilizaba siempre para cocinar. Comprendió que aquellas formaciones de nubes no eran producto de la casualidad. Se las había mandado su familia para reconfortarla. Observó cómo Jeremy iba subiendo cada vez más en el cielo seguido de Bessie, que pareció levantar su cuchara de madera para despedirse de ella. La joven suspiró. Tanto el trol como la jorobada habían sido maltratados por el mundo en el que ella estaba en aquellos momentos. Sin embargo, los dos habían perdonado a los que los habían atormentado y hablaban muy bien de las buenas gentes que habían conocido, los que los habían ayudado y reconfortado en tiempos de necesidad. Cuando Grant regresó del arroyo, Kylia estaba arrodillada sobre la piel, con una sonrisa en los labios. —Pareces contenta, milady. —Lo estoy —dijo ella mientras Grant se sentaba al otro lado de la piel y comenzaba a comer—. Sé que, a pesar de la violencia que hay en tu tierra, hay también muchas cosas buenas. Hay personas llenas de amabilidad... —Por no mencionar unas excelentes cocineras —repuso él, tras saborear uno de los bollitos dulces. —Sí —comentó ella, riendo—. Eso también. Háblame de la cocinera de tu fortaleza. —Se llama Mester. Fue la cocinera de mi padre y de mi abuelo. Lleva cocinando para mi hermano y para mí desde que nacimos. —Hace mucho tiempo de eso... —Sí y, en todo ese tiempo, no recuerdo que haya preparado nunca algo que no nos haya gustado. —Debes de resultar muy fácil agradarte. —Tal vez tenga tus dones, milady, y sepa leer en mi corazón lo que me gusta antes de que yo se lo diga. —Ojalá fuera tan sencillo —comentó Kylia, riendo. —¿Y no lo es? —preguntó Grant. De repente, se había puesto muy serio—. ¿Me estás diciendo que no eres capaz de leer mi corazón? Kylia negó con la cabeza. Grant pareció aliviado. —Pero tú me dijiste que me conocías desde mucho tiempo antes de que yo llegara a tu reino. —Sí. Recibo imágenes del pasado y del futuro, pero sólo son imágenes. Y no siempre cuando resulta conveniente. —Supongo que resultará muy desconcertante ver el rostro de un hombre que aparece de repente delante de tus ojos. —Sí, especialmente cuando estoy nadando o cabalgando entre las nubes a lomos de Luz de Luna o incluso durmiendo. —¿Me viste en sueños? —Sí, muchas veces —admitió Kylia. Rápidamente apartó la mirada. —¿Y te hablé? —preguntó Grant. No sabía por qué, pero aquello le agradaba. —No. Nunca oí tu voz hasta que apareciste en la ribera del Lago Encantado, pero yo... De repente, un grito que les heló la sangre sonó desde las profundidades del bosque. Grant se llevó rápidamente la mano a la daga que llevaba en la cintura. De pronto, se levantó. —¿Qué ha sido eso, milord? Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan —No lo sé —respondió él. Entonces, la ayudó a levantarse y la apartó del fuego—. Mantente alejada de las sombras hasta que yo regrese. Kylia sintió que el corazón comenzaba a latirle a toda velocidad al ver que él se alejaba. Cada minuto apartada de él era como una eternidad. Se imaginó toda clase de horribles criaturas acechando entre las sombras, esperando para devorarlo. Sin embargo, cuando el silencio fue lo único que se escuchó, comenzó a temer que se trataría de los bárbaros y que lo habrían dejado solo, yaciendo sobre su propia sangre en algún lugar del bosque. Le había ordenado que se quedara allí, pero, ¿y si la necesitaba? Justo cuando estaba a punto de ir a buscarlo, Grant reapareció con algo entre las manos. —¿Qué es eso? —le preguntó, observando la masa de pelo ensangrentada. —Parece ser un cachorro de lobo. Seguramente se ha escapado de la seguridad de la lobera y ha sido atacado por algún otro animal —explicó Grant. Dejó al cachorro sobre la piel y comenzó a lavarle las heridas con el agua de la petaca—. Son heridas de garras y parecen muy profundas. Tal vez haya sido un águila. Creo que sería mejor que terminara con su sufrimiento... Kylia se arrodilló a su lado para tocar las heridas. Sintió la débil respiración del animal y observó que el cachorro tenía los ojos cerrados, como si estuviera listo para enfrentarse a su destino. Apartó la comida y comenzó a envolver al lobito en la piel. Entonces, lo tomó en brazos y se sentó de espaldas al tronco de un árbol, acunándolo suavemente. —No tienes por qué hacerlo, milady. Es tan sólo una pequeña criatura salvaje. La muerte ocurre con frecuencia en los bosques de las Tierras Altas. Necesitas ahorrar tus fuerzas para la tarea que te espera. —No. Ninguna vida es insignificante, milord, ni siquiera la de un animal tan pequeño como éste. Ahora, descansa mientras yo hago lo que puedo con él. En vez de tumbarse al lado del fuego, Grant se puso de pie y comenzó a caminar justo por el exterior del círculo de luz. Se dijo que era porque quería ocuparse de su seguridad, pero no podía negarse la verdadera razón. Necesitaba mantenerse a distancia de la encantadora Kylia. Cuando se acercaba demasiado a ella, se veía abrumado por la tentación de tomar lo que no tenía derecho a tocar. Sólo estar a su lado y verla acunar a un animal herido le hacía tener pensamientos de los que era mejor olvidarse. Por eso, mientras Kylia arrullaba y cantaba al pequeño lobo, permaneció entre las sombras, observándola desde la distancia. Esperaba de todo corazón que, cuando todo aquello hubiera terminado y hubieran conseguido lo que esperaban encontrar, pudiera devolverla a los suyos tal y como la había encontrado, inmaculada ante los males de su mundo. La noche se había vuelto muy silenciosa. A excepción del ulular de un búho cercano y del susurro del viento entre las hojas de los árboles, las criaturas de la noche parecían haberse quedado dormidas. Kylia acarició suavemente el pelo del cachorro de lobo y sintió la recompensa de un lametón. Aquella vez, cuando cerró los ojos, no fue para enfrentarse a la muerte sino para descansar tranquilamente. Tapó bien con la manta de piel a la criatura y la acerco al fuego para que se mantuviera caliente. Entonces, se dirigió al arroyo cercano. Allí, se arrodilló y se llevó un poco de agua a la boca. A continuación, volvió a ponerse de pie y, justo cuando se daba la vuelta, vio una ominosa sombra que se acercaba a ella y que le hizo lanzar un grito de alarma. —Milord —dijo, al reconocer a Grant—. Me has asustado. —Te ruego que me perdones. ¿Cómo está el lobezno? Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan —Sus heridas están sanando. En estos momentos duerme tan tranquilo como un bebé. —Tú deberías estar haciendo lo mismo. El viaje que nos espera por la mañana será largo y arduo si queremos llegar a mi fortaleza antes de que oscurezca. —No estoy cansada. De hecho, me siento llena de energía. Tal vez sea la presencia de ese cachorro —explicó, aunque sabía que la presencia del pequeño animal explicaba tan sólo una pequeña parte de sus sentimientos. La razón del tumulto que sentía en su corazón era más bien el hombre que estaba en aquellos momentos a su lado, seduciéndola con la mirada. Como no le era posible mentir, ni siquiera eludir la verdad, decidió confesar —. No. No es la presencia del cachorro. Eres tú. Grant dio un paso atrás y la observó atónito. —¿Qué es lo que estás diciendo? —Que no me siento llena de energía por la presencia del lobezno, sino por ti — admitió. Entonces, dio un paso al frente para acortar la distancia que había entre ellos. Levantó un dedo y se lo colocó en la boca. Sólo fue un breve contacto, pero sintió las repercusiones de su acto hasta en las puntas de los pies—. El saber que estamos aquí solos. —Estás en una tierra desconocida para ti —dijo Grant, decidido a ignorar el deseo que se había apoderado de él—, lejos de tu hogar y de tu familia por primera vez en tu vida, milady. Ésa es la única razón de que no puedas dormir. —Niégalo si quieres, pero yo sé lo que siente mi corazón. Kylia vio que Grant se quedaba completamente inmóvil. Cuando por fin volvió a tomar la palabra, habló en voz muy baja. —¿Y qué es lo que siente tu corazón, milady? —Una extraña alegría, como si estuviera a punto de realizar un descubrimiento nuevo y maravilloso —susurró mientras le trazaba los labios con la yema del dedo. Grant le agarró la muñeca con la mano para detener el movimiento. Entornó los ojos de tal modo que Kylia sintió miedo. —¿Sabes lo que ocurre cuando se tienta a un lobo dormido, milady? Uno se convierte en su presa —añadió, al ver que ella no respondía—. Una vez que el lobo se despierta te devora. Con eso, le soltó la mano y se apartó de ella. La manera en la que él le había hablado pareció un cuchillo que se hundía en el corazón de Kylia. Entonces, por encima del hombro, Grant volvió a tomar la palabra. —Ahora, ve y descansa para el viaje de mañana. Kylia sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. Se las secó con el reverso de la mano. Observó cómo Grant recogía su espada y volvía a perderse entre las sombras. Mientras regresaba al lado del fuego, Kylia se juró que no se permitiría volver a llorar por aquel hombre ni por ningún otro. Si había pensado que Grant aceptaría lo que ella le ofreciera, estaba muy equivocada. Aunque tarde, comprendió que, desgraciadamente, aún le quedaba mucho por aprender sobre aquel mundo.

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Capítulo 10 Grant desapareció en la oscuridad. Sentía una profunda repulsión por sí mismo. Había visto el dolor que se había reflejado en los ojos de Kylia cuando él había rechazado lo que ella le ofrecía. ¿Cómo iba a poder aprovecharse de ella cuando la joven no tenía ni idea de lo que estaba haciendo? Si ella no era capaz de protegerse, alguien tenía que hacerlo por ella. Se había pasado la vida en el paraíso, donde no existían ni el fingimiento ni la hipocresía. ¿Cómo podía esperar sobrevivir en un mundo en el que tales cosas formaban parte de lo cotidiano? Además, sólo llevaba unos días separada de su familia y tal vez por ello se había convencido de que estaba enamorada. Amor... Ojalá fuera así. Nunca había conocido a una mujer mejor, tan dulce, tan amable, tan generosa con sus dones. Le dolía poder hacerle daño, porque ella sólo se merecía lo mejor. Sin embargo, era mejor así. Le haría daño al principio para ahorrarle un dolor mayor en el futuro. No obstante, esperaba que ella fuera capaz de perdonarlo algún día. En aquel instante, Grant sería capaz de dar cualquier cosa por poder olvidarse del honor y la integridad y simplemente tomar lo que ella le ofrecía. La deseaba tan desesperadamente que era increíble que el corazón siguiera latiéndole. En realidad, la muerte sería preferible al dolor que sentía en aquellos momentos. Con una maldición ahogada, asió con fuerza la daga que llevaba en el costado y rezó por encontrar alguna criatura con la que pudiera luchar. No había nada como una buena y satisfactoria pelea para ayudarlo a apartar la mente de lo que de verdad deseaba hacer. Kylia se cubrió con la capa y regresó al campamento. Se sentía muy confusa. ¿Era así como la veía el jefe de los MacCallum? ¿Como una estúpida mujer que buscaba la emoción de un simple beso? Ella le había ofrecido su corazón. ¿Se imaginaba acaso lo mucho que le había costado admitir la verdad? ¿Desnudar su alma ante él? A pesar de todo, él la había rechazado fría y tranquilamente. Tal vez lo hubiera hecho con hermosas palabras, utilizando la metáfora del lobo y de su presa, pero el significado había quedado perfectamente evidente. No la deseaba. No quería que ella lo despertara de su sueño para que pudiera devorarla. Devorarla... De repente, se detuvo en seco. Le pareció comprender el significado de sus palabras. Un lobo devorando a su presa... ¿Sería posible que no hubiera rechazado su amor por desinterés, sino porque temía por ella? Al comprenderlo por fin, se cubrió la boca con una mano. Grant la había estado protegiendo. Cuidando de su virtud. Temía poseer lo que ella le ofrecía. Temía que, por satisfacer su propio deseo, pudiera hacerle daño a ella. El corazón se le llenó de amor por el hombre que era capaz de anteponer las necesidades de ella a su propio deseo. No era de extrañar que su gente lo hubiera elegido jefe de su clan. ¿Cómo podrían haber encontrado un hombre más noble y honorable que Grant MacCallum? Para ella, Grant se había convertido en un héroe. Un guerrero, un protector que estaba decidido a protegerla a cualquier coste. Se dio la vuelta a tiempo para verlo desaparecer en el bosque. Con celeridad, se dispuso a seguirlo. Al escuchar el crujido de las hojas y la ruptura de ramas, Grant se dio la vuelta blandiendo su espada. Cuando vio que era Kylia, entornó los ojos. —No deberías estar aquí. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan —He comprendido lo que pretendes — replicó ella, sin prestar atención al tono de enfado que había en su voz —¿Y qué es lo que crees que pretendo? —Protegerme, milord. —Eres una mujer muy inteligente, milady. Si no tengo cuidado, muy pronto descubrirás todos mis secretos y comprenderás las costumbres de mi mundo. —Tal vez no todas, pero sí he comprendido una cosa. No sientes tanto desinterés por mí como quieres hacerme creer. —¿Y cómo lo sabes? —preguntó él, sin poder ocultar su sorpresa. —En primer lugar, nunca me has llamado por mi nombre. ¿Es acaso porque te parece tan desagradable que no quieres que lo pronuncie tu lengua? ¿O acaso piensas que, haciéndolo así, mantienes la distancia entre nosotros? Durante un momento, Grant se limitó a mirarla mientras no dejaba de pensar en sus palabras. —Creo que tal vez eres demasiado inteligente, milady. Tienes razón. Muy bien. Te llamaré por tu nombre de pila si tú haces lo mismo conmigo. Kylia tragó saliva y se colocó las manos castamente sobre la cintura. Entonces, levantó la barbilla. —Grant —susurró. La sonrisa regresó a los labios de Grant. —No te oigo. Kylia se aclaró la garganta y lo miró a los ojos. —Grant —dijo, pronunciando la palabra con claridad—. Y ahora el mío. La sonrisa de Grant se le desvaneció en los labios. Frunció el ceño y agarró con fuerza el puño de la espada, tanta que los dedos se le quedaron blancos. ¿Por qué le costaba tanto esfuerzo? No lo entendía. Al fin, consiguió pronunciar el nombre. —Kylia. —No me puedo creer haberte oído pronunciar mi nombre, así sin más. Al oírla hablar, Grant tiró la espada al suelo y extendió las manos para tomarla en sus brazos y estrecharla con fuerza contra su cuerpo. —Kylia —susurró, con una mezcla de placer y dolor—. Kylia. Kylia. Es el nombre más hermoso de toda la tierra. Llevo tanto tiempo deseando decirlo en voz alta —añadió. La abrazó y apretó la boca contra el cabello—. Kylia, mi hermosa Kylia. Tan encantadora como tu nombre... —Grant... Él le impidió hablar con un beso que pareció robarle la respiración. Movió la boca sobre la de ella, bebiéndola, saboreándola, devorándola... Kylia se sintió muy sorprendida. Siempre que la había besado con anterioridad, lo había hecho con dudas, casi con cuidado, como si estuviera poniéndola a prueba y permitiéndole a ella que lo pusiera a prueba a él. Explorando lo desconocido. Sin embargo, aquella vez era diferente. Había una osadía, una posesión en aquel beso que hizo que la cabeza le diera vueltas. Grant la besó muy profundamente, vaciándola al mismo tiempo que la llenaba. Tensó los brazos a su alrededor y la besó más apasionadamente aún, hasta que a ella no le quedó más opción que abrazarlo y entregarse por completo a él. —Grant... —Me encanta escuchar cómo pronuncias mi nombre. Habló contra los labios de Kylia, para lugar volver a hacerlo en el interior de su boca. Ella no pudo recuperar el aliento. No pudo pensar. Lo único que podía hacer era aferrarse a él mientras sus besos le provocaban sensaciones cada vez más excitantes. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan La acariciaba con pasión, una pasión que provocaba una respuesta similar en ella. Constantemente, la cálida y hábil boca de Grant no dejaba de estimular la de ella. Kylia sentía que el calor se despertaba donde él la tocaba. Tanto calor. Sin embargo, unos escalofríos helados le recorrían la espalda cada vez que él le acariciaba los labios. Absorbió la pasión que él le proporcionaba Cuando Grant levantó la cabeza y rompió el contacto, lanzó un suave gemido. Sin embargo, en vez de apartarse de ella, simplemente cambió el ángulo del beso para poder tomarle los labios más ávidamente y hacer que gimiera de puro placer. Kylia sintió que la sangre se le caldeaba y le vibraba en las venas. La respiración se le aceleró al sentir cómo las fuertes manos de Grant la acariciaban por todas partes, despertando sentimientos que ni siquiera había sabido que existían. Se preguntó si el agotamiento rendiría a su corazón, que latía frenéticamente. Grant sintió el cambio que se producía en ella. Había pasado del sentimiento de sorpresa a comprenderse a sí misma como mujer. De la rendición al deseo. Del deseo a la necesidad, que ya era tan imperiosa como la que él mismo sentía. Lo que Grant deseaba, lo que los dos deseaban, estaba dentro de su alcance. Sólo necesitaban alargar la mano y tomarlo. A pesar de todo, él se contuvo, preocupado por el bienestar de Kylia. —Piensa en lo que vamos a hacer, Kylia. —No puedo pensar en otra cosa, Grant. Él tampoco. Casi sonrió, pero aquel asunto era demasiado grave para tomarlo a la ligera. —Cuando lo hagamos, no podremos dar marcha atrás —afirmó, mirándola fijamente a los ojos. Entonces, vio el temor que se despertaba en ellos. —Te preocupas por mí. Por mi virtud. —Alguien debe hacerlo. —Sí, y por eso te estoy muy agradecida. —No es tu gratitud lo que deseo —afirmó él, con voz ronca. —No, es esto —dijo ella. Levantó el rostro hacia el de él. En sus ojos había una mirada de un amor tan profundo, que estuvo a punto de fundirle el corazón—. No tengo deseo alguno de dar marcha atrás, Grant. Sólo deseo ir hacia delante. Contigo. Entonces, se puso de puntillas y depositó un beso sobre la garganta de Grant. Fue un gesto muy sencillo, pero la ternura que se reflejó en él lo desató por completo. La sangre comenzó a rugirle en las sienes. La visión estuvo a punto de nublársele con la bruma de la pasión. El corazón le latía a toda velocidad en el pecho. Con cada caricia de Kylia, con su sabor, la necesidad fue creciendo hasta que llegó más allá de la razón. Con un gruñido que pareció más animal que humano, la apoyó contra el tronco de un árbol y le devoró la boca con una serie de besos que los dejaron a ambos sin aliento. Aunque el cambio que se produjo en Grant provocó un cierto miedo en Kylia, se aferró a él y le ofreció más, deseando que su amado terminara con la necesidad que había dentro de ella. Era una necesidad que nunca había experimentado y que exigía verse satisfecha. En lo más profundo de su ser, un pequeño puño vibraba y latía como un dolor sordo. Los pechos se le hinchieron, obligándola a tensar su cuerpo hacia el de él. Grant depositó cálidos y húmedos besos a lo largo de la suave columna de su garganta, enviándole deliciosas oleadas de placer a lo largo de todo el cuerpo. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan Cuando bajó la boca un poco más, para poder capturarle un seno, Kylia no pudo hacer nada más que gemir su nombre. A pesar de la barrera que suponía el vestido, Grant mordisqueó y chupó hasta que ella gimió de gozo y se rebulló entre sus brazos. —Grant, por favor... —¿Deseas que me detenga? —preguntó tras levantar la cabeza. —No, yo... —Dime que lo deseas, Kylia... Grant esperó, temeroso casi hasta de respirar. Si ella cambiaba de opinión, estaba seguro de que moriría. De repente, en los ojos de Kylia se reflejó una luz que jamás había visto antes. Un brillo lleno de deseo que la empujó a quitarse la capa y a enredarle los brazos alrededor del cuello. Tiró de la cabeza de Grant y lo besó lentamente, para luego susurrar contra los labios: —Lo deseo, Grant. Sólo esto. Y a ti. Sólo... Él le impidió seguir hablando con un beso tan apasionado, tan hambriento, que le arrebató por completo el aliento. Entonces, ya no hubo más palabras. Grant le quitó el vestido, que cayó sobre la hierba a los pies de Kylia. A continuación, le desató las cintas de la camisa y, cuando por fin apartó la tela, la admiró a la luz de la luna. —Mi dulce Kylia. Eres más hermosa de lo que había imaginado... Le dio suaves besos y mordiscos sobre la clavícula. Luego, dedicó toda su atención a uno de los senos. Sintió el modo en el que ella temblaba, por lo que la tomó entre sus brazos y se introdujo el pezón en la boca. Kylia se sintió abrumada por la más increíble oleada de placer que había experimentado nunca. Sintió la necesidad de tocarlo tal y como él la estaba acariciando a ella. Le agarró la ropa y, cuando los dedos le fallaron, él la ayudo hasta que por fin sus ropas se reunieron con las de ella sobre la hierba. Entonces, le agarró las manos y la hizo ponerse de rodillas antes de volver a besarla de nuevo. Le besó los párpados, las mejillas, la punta de la nariz. Sintió cómo ella se relajaba entre sus brazos, por lo que le acarició suavemente la espalda y la estrechó un poco más contra su cuerpo hasta que sintió casi que los dos eran uno solo. —¿Sabes lo mucho que te deseo, Kylia? — susurró mientras la ayudaba a tumbarse a su lado, sobre la capa, para que evitara que estuviera en contacto con la hierba—. Movería el cielo y la tierra por ti. Me enfrentaría a la ira de un ejército completo y atravesaría una muralla de fuego sólo por estar a tu lado. —Yo no te pido ninguna de esas cosas, Grant —respondió ella, acariciándole suavemente la boca—. Sólo te pido que mañana sientas por mí lo mismo que sientes en estos momentos. —Me temo que eso no te lo puedo prometer —murmuró él. Se reflejó en sus ojos una expresión que provocó que el corazón de Kylia se detuviera en seco—, porque sé que mañana los sentimientos que tengo hacia ti serán aún más fuertes. —Oh, Grant... Al oír aquellas palabras, Kylia sintió que el corazón se le henchía de alegría. Grant se colocó sobre ella, acariciándola y besándola con una habilidad que pronto la tuvo temblando de necesidad. Aunque al principio se mostró algo tímida, sintió el deseo de tocarlo a él también. Y así lo hizo, hasta que escuchó un gemido de placer que se le escapaba de los labios. Eso sólo la hizo sentirse más osada, por lo que le acercó la boca a la garganta y se vio recompensada por un gemido animal que surgió de lo más profundo del pecho de Grant. Se inclinó sobre ella, con la mirada encendida. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan —Te lo advertí, Kylia. Ten cuidado. Ahora que el lobo se ha despertado, te devorará. —No tengo miedo, Grant. El lobo también se ha despertado en mí. Se unieron en un beso que expresó hambre salvaje y primitiva. Pura necesidad. Pasión desesperada. El bosque que los rodeaba no importaba. No prestaron atención alguna a las criaturas de la noche que bullían a su alrededor ni al viento que susurraba entre las copas de los árboles. La oscuridad los cubría con su manto y los aislaba del mundo exterior. Lo único que podían escuchar era la entrecortada respiración de ambos. Tan sólo sentían el calor que surgía entre los dos y que estaba dejándoles los cuerpos cubiertos de sudor, el intenso placer que estaban dándose el uno al otro con cada beso y cada caricia. Ningún hombre había tocado a Kylia de aquella manera, unas veces tan delicadamente que estaba a punto de hacerla llorar y otras con tanta pasión que le aceleraba los latidos del corazón y la hacía jadear de placer. La poseía cada vez más fuerte, más rápidamente, hasta que Kylia sintió que la cabeza comenzaba a darle vueltas y que la mente se le nublaba de tal manera que no podía articular ningún pensamiento coherente. Tan sólo podía sentir, experimentar las sensaciones más increíbles que él le provocaba con dientes, lengua y dedos, llevándola cada vez más alto, hasta que ella creyó que iba a volverse loca de placer. No le parecía posible poder experimentar más, pero, cada vez que creía que había alcanzado el límite, él la llevaba aún más allá. —Grant... —Todavía no, mi amor... Él pensó en todas las cosas con las que había soñado desde que la conoció, pero ninguna de ellas se podía comparar con aquello. La tenía entre sus brazos, empapada de placer. La luz de la luna se filtraba a través de las copas de los árboles y le daba al cabello de Kylia una tonalidad azulada. Tenía los ojos llenos de pasión. Veía en ellos un deseo que reflejaba el suyo propio. Pensar que podía poseerla dura y rápidamente lo hizo temblar. Se sentía desesperado por liberar la tensión que se estaba construyendo dentro de él. Sin embargo, quería darle mucho más. Estaba decidido a que su primera vez fuera todo lo placentera posible. Por eso, le rozó la boca con la suya hasta que Kylia tembló de nuevo. Sabía que si no terminaba pronto aquel tormento se volvería loco, pero esperó, besándola suavemente hasta que ella arqueó el cuerpo hacia el de él. La presión que sintió lo desató por completo. Con un ronco grito la penetró. Sintió que ella se tensaba y que se quedaba completamente inmóvil. —Perdóname, mi amor. No quería hacerte daño... Kylia interrumpió sus palabras y le obligó a darle otro beso. Entonces, se envolvió alrededor de él, hundiéndolo más profundamente en ella hasta que Grant se sintió completamente perdido. Le enmarcó el rostro con las manos y, mientras comenzaba a moverse dentro de ella, no dejó de mirarla a los ojos. Medio loca de deseo, Kylia se movió con él. — Kylia... Mi encantadora Kylia... —Grant... El nombre pareció arrancarse de los labios de la joven cuando comenzaron a escalar la cima del placer, cada vez más y más alto. Su respiración se hizo más jadeante y sus corazones latieron con furia mientras ambos subían hasta el cielo y explotaban para formar un millón de minúsculas estrellas.

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Capítulo 11 Permanecieron tumbados, unidos aún, con la respiración acelerada y tratando de tranquilizarse. Grant depositó un beso sobre la sien de Kylia y, entonces, saboreó algo salado. ¿Lágrimas? Se tumbó a un lado y la tomó entre sus brazos, tratando de secarle la piel con los dedos. —Te he hecho daño. Perdóname, Kylia. Fui un egoísta al querer... —No —dijo ella al tiempo que le colocaba una mano sobre la boca para acallar sus palabras—. No me has hecho daño. Simplemente ha sido tan... tan increíble. ¿Es siempre así? —Lo es si los dos amantes tienen sentimientos muy profundos el uno sobre el otro. «Amantes». Aquella palabra le provocó a Kylia una extraña sensación en el estómago. —¿Y somos...? ¿Tú me...? —quiso saber, aunque no pudo terminar ninguna de las dos preguntas. Al ver su confusión, Grant volvió a darle otro beso en la sien. —La respuesta de ambas preguntas es afirmativa. —¿Me... me amas? —Sí —susurró él—. Si tú me lo permites, te demostraré lo mucho que te amo, mi hermosa Kylia, de cien maneras diferentes, empezando con ésta... Le dio cien besos en el rostro, en la garganta y luego más abajo, en los pechos. La respiración de Kylia volvió a agitarse de nuevo. Consciente de que Grant volvía a estar excitado, se apartó de él y lo miró muy sorprendida. —¿Es posible? ¿Otra vez? —No sólo es posible sino extremadamente placentero, Kylia —respondió Grant. Entonces, le mordisqueó suavemente el cuello y le envió unas deliciosas sensaciones por todo el cuerpo. —Sí... Kylia se echó a temblar y le rodeó el cuello con los brazos, entregándose por completo a sus caricias. —Tienes unos poderes sorprendentes, Grant. —Ya ves que no eres tú la única. La calidez de la risa de él inundó los sentidos de Kylia. Se acercó a ella y comenzó a demostrarle, del único modo que sabía, lo mucho que ella significaba para él. La noche fue pasando, pero los amantes estaban tan abrazados el uno al otro que ninguno de ellos sintió que el viento arreciaba y que les enfriaba su caldeada carne al tiempo que hacía que las ramas de los árboles se golpearan violentamente las unas contra las otras. En el cielo, negras nubes comenzaron a aparecer mientras que el trueno rugía en la distancia. Desde lo más profundo del bosque se escuchó el aullido estremecedor del lobo. Grant levantó la cabeza y se esforzó por aguzar el oído por encima de los salvajes latidos de su corazón. Justo entonces, un relámpago iluminó el cielo, seguido inmediatamente de un trueno tan potente que pareció provocar que la tierra temblara debajo de ellos. Respiró profundamente y esperó que se le aclarara la cabeza. Miró a Kylia y vio que él también estaba tratando de tranquilizar su agitada respiración. La primera inclinación de Grant fue maldecir a los elementos, pero, en vez de hacerlo, le acarició a ella suavemente la mejilla. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan —Me parece que la naturaleza está en contra nuestra, mi encantadora Kylia. Por el sonido de ese trueno, creo que estamos directamente debajo de la tormenta. No deberíamos permanecer aquí. —¿Y adonde vamos a ir? —susurró ella. —Dado que ninguno de los dos tenemos ganas de dormir, creo que lo mejor sería proseguir con el viaje hasta que encontremos refugio. ¿Me crees si te digo que odio que tenga que ser así? —Sí —suspiró ella—, porque a mí me ocurre exactamente lo mismo, pero no tengo deseo alguno de que me caiga un rayo encima. —Especialmente, cuando, mañana a estas horas, estaremos secos y a salvo en mi fortaleza. Mi primera preocupación debe ser tu seguridad y comodidad, amor mío. Cuando terminaron de vestirse, Grant agarró la mano de Kylia y entrelazó sus dedos con los de ella. Los dos estaban temblando. —Vamos —dijo él, tras recoger su espada—. Ensillaremos el caballo y nos pondremos en camino. Se dirigieron al campamento y, allí, vieron que el cachorro de lobo seguía durmiendo envuelto en la manta de piel. Kylia lo miró con ternura. —¿Me lo puedo llevar? —preguntó. —Es una criatura salvaje —respondió él—. Pertenece al bosque, con los que son como él. —Pero aún no se le han curado sus heridas. Si lo dejamos aquí, no tendrá defensa alguna contra sus predadores. Por favor, Grant. Es tan pequeño y se encuentra tan indefenso... Grant miró los ojos azules de Kylia y supo que acababa de perder la batalla. Sería capaz de darle todo lo que le pidiera, fuera lo que fuera. —Está bien, aunque no me cabe la menor duda de que los perros de mi fortaleza lo harán huir al bosque en cuanto lo vean —Tal vez no sea así —dijo Kylia, tomando al lobezno en brazos. Entonces, se dirigió al caballo para que Grant la ayudara a montar. —Vaya, mi dulce Kylia —replicó él—. ¿Acaso crees que el lobo se volverá manso o será él quien haga que los perros huyan al bosque? —¿Y por qué no van a poder vivir juntos? ¿Quién dice que no puedan aprender los unos de los otros? Grant se encogió de hombros y observó la bola de pelo que dormía en brazos de Kylia. —Supongo que ya le habrás puesto un nombre, ¿verdad? —Sí, se llama Wee Lad, para hacer honor a lo pequeño que es. —Wee Lad. ¿Y qué harás tú cuando ya no sea tan pequeño? —Entonces, simplemente lo llamaré Lad. —Y supongo que empezarás a considerarlo como si fuera tu hijo. —Tal vez. ¿Quién sabe? La lluvia comenzó a caer con fuerza, por lo que Grant la subió a la silla y se montó detrás. Cuando tomó las riendas, notó de nuevo cómo se le tensaba el cuerpo al sentir el de Kylia. Lo que había entre ellos estaba lejos de haber acabado. Haberle hecho el amor sólo había incrementado el deseo que sentía por ella. Debería estar agradecido por la tormenta, que evitaría que siguiera pensando en la que había estallado en su interior. En aquellos momentos, cuando debería sentirse saciado, no dejaba de experimentar deseo hacia ella. El trueno de la necesidad, el relámpago del deseo ardían en él como nunca lo habían hecho antes. Por el momento, tendría que contentarse con resguardar el cuerpo de Kylia con el suyo, aunque ello significara horas de tormento para él. Había comprendido que la deseaba con una desesperación que rayaba la locura. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan La lluvia cayó durante horas. Se mantuvieron bajo la cúpula protectora del bosque, aunque esta les ofrecía poco refugio contra la poderosa tormenta. Cuando el alba comenzó a despuntar en el cielo, Grant señaló una cueva. —Pararemos aquí durante un rato y descansaremos. Kylia agradeció aquellas palabras. Con la ayuda de Grant descendió del caballo. Al llegar a la cueva, dejó al lobezno en el suelo y desenvolvió la comida. Muy pronto, estuvieron calentándose al lado del fuego y paladeando la primera comida que habían ingerido desde hacía muchas horas. Grant observó cómo Kylia le ofrecía trocitos del cordero al lobezno. Después de tomar unos cuantos, el animal volvió a cerrar los ojos. Aunque seguía muy débil, respiraba mucho mejor. Él se arrodilló al lado de Kylia con una sonrisa en los labios. —Sé que prometí llevarte al refugio de mi fortaleza, pero primero, mi amor, debo saborear de nuevo tus labios. —Ya sabes a dónde nos puede llevar eso... —comentó ella, riendo. —Sí. A donde nos llevó antes de que empezara la tormenta. Sólo nos queda una hora más o menos de camino y el deseo que siento es tan grande... —A mí me ocurre lo mismo. Ya no intercambiaron más palabras. Simplemente se unieron en el fuego de su pasión. —Yo sujetaré a Wee Lad hasta que tú estés sentada, mi amor —dijo Grant. Agarró al lobezno, que seguía durmiendo, y ayudó a Kylia a subir a la silla antes de montarse él también y entregarle al pequeño animal. Acicateó el caballo y, en silencio, deseó poder evitar que Kylia sufriera la incomodidad que suponía tener que avanzar bajo aquella amarga lluvia. Ella no se había quejado, pero Grant había sentido cómo se echaba a temblar a pesar del abrigo de la capa. —Ojalá pudieras domar este tiempo porque así nuestro viaje sería más fácil. Supongo que lo que te estoy pidiendo sólo es posible en tu reino. —¿Por qué no me dijiste antes que deseabas que la lluvia se detuviera? — preguntó Kylia girando la cabeza para mirarlo—. Pensé que tal vez tu gente la necesitaba para sus cosechas. —Así es, pero preferiría que lloviera mañana, para que nuestro viaje resultara menos penoso. Kylia se quedó en silencio. Grant se concentró en el empinado sendero por el que estaban subiendo y se sorprendió mucho cuando, minutos más tarde, la lluvia cesó y el sol salió detrás de las negras nubes. —¿Has hecho tú esto? —le preguntó, incrédulo. —Lo deseé —respondió ella, con una tímida sonrisa—, pero también le pedí a mi madre y a mi abuela que hicieran lo que pudieran. Sus poderes son mucho mayores que los míos. —Nunca dejas de sorprenderme, Kylia. ¿Qué otros poderes tienes que no me hayas mencionado? —La verdad es que no lo sé, porque en mi reino nuestros poderes parecen ilimitados. Yo siempre pensé que los tenía todo el mundo. Ahora que estoy en tu tierra me doy cuenta de que mucho de lo que nosotros damos por sentado no existe aquí. —¿Cómo es eso posible? —No lo sé. Mi madre nos contó que hubo un tiempo en el que todo el mundo tenía el don de la curación, el del conocimiento y el de la videncia, pero que algunos abusaron de tales dones y los utilizaron para su beneficio personal. Otros utilizaron sus dones en contra de los demás y provocaron crueles guerras que llevaron la muerte y la destrucción a la tierra. Después de la guerra, los que la Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan habían comenzado notaron que sus poderes habían disminuido. Celosos de los que aún los tenían persuadieron a los que también los habían perdido de que se volvieran contra los que todavía los conservaban y a los que comenzaron a llamar brujos y brujas. Persiguieron y mataron a muchos de los nuestros. Otros fueron encarcelados hasta que renunciaron a sus poderes. —¿Es ésa la razón de que tu familia se refugiara en el Reino Mítico? —Sí. Cuando mis hermanas y yo sólo éramos unas niñas, Allegra se apiadó de la madre de un muchacho que acababa de ahogarse. Allegra lo devolvió del otro mundo y, aunque su madre se alegró mucho, hubo otros que se escandalizaron. Después de que se nos advirtiera que nos podrían meter en la cárcel por brujería, salimos huyendo en medio de la noche. —¡Qué necios somos! —exclamó Grant sacudiendo la cabeza—. ¿Cómo pudimos ahuyentar a las criaturas más amables que yo he conocido nunca? Kylia sintió que el corazón se le henchía al escuchar aquellas palabras. Tal vez, si la mayoría de los suyos pensaban como él, su familia podría regresar a aquellas tierras y vivir sin miedo al castigo. Sería magnífico poder compartir sus conocimientos sobre la curación de males, terminar con las guerras, el hambre y la desconfianza entre las gentes. Sin embargo, una parte de ella no terminaba de creérselo. Los bárbaros con los que se habían encontrado en el camino no tenían deseo alguno de paz. Además, uno de los más allegados a Grant había sido capaz de traicionarlo. ¿Cómo sería posible vivir en paz mientras la maldad siguiera reinando entre ellos? —Mira, Kylia —dijo él. Cuando llegaron a lo alto de un otero, señaló hacia el horizonte. —¿Es ése tu hogar? —Así es. El pueblo se llama Duncrune. Mi hogar es el castillo de Duncrune — respondió él, con la voz emocionada. Kylia observó las onduladas praderas cubiertas de brezo en flor. En el valle había un precioso pueblo de casas con tejados de paja. Cada una de ellas tenía un pequeño jardín y un cobertizo. A lo lejos se veían campos verdes en los que pastaban los rebaños de ovejas. Por último, sobre los riscos más altos, destacaba una fortaleza con torreones que brillaba bajo la luz del sol. Kylia agarró la mano de Grant, que aún seguía asiendo las riendas. —Es muy hermoso, Grant. —Es propiedad de nuestro clan desde hace generaciones y es mi casa desde que nací. Me dolería mucho perderla. —No vas a perder la casa de tus antepasados —afirmó ella mirándolo a los ojos—. Al menos sin presentar batalla. —Me sorprendes constantemente, Kylia —comentó Grant, con una sonrisa—. No sabía que eras capaz de tanta fiereza. —Sólo en lo que a ti se refiere. Grant se acercó a ella y le dio un suave beso en la mejilla. —¡Qué lealtad! Ojalá sea siempre así, Kylia. Y ojalá yo me la merezca siempre. Grant acicateó al caballo por el sendero que llevaba hacia el pueblo. Cuando las gentes se dieron cuenta de que su jefe había regresado, comenzaron a gritar de alegría y a saludarlo con la mano. Las mujeres se asomaban a las ventanas de las casas o se detenían para mirar mientras tendían la ropa. Los campesinos y los mercaderes hacían un alto en sus tareas para saludarlos con el sombrero. Los niños dejaban de jugar para observar atónitos cómo pasaba el jefe de su clan acompañado de una hermosa dama. Kylia los miró atentamente. No le cabía ninguna duda del afecto y la alegría de aquellas gentes. Parecían estar encantados de que hubiera regresado. ¿Quién podría ser el que lo estuviera traicionando? Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan A medida que el caballo fue acercándose al castillo comenzó a galopar, ansioso por encontrar la comodidad de su establo. Entraron en el patio de la fortaleza y, casi inmediatamente, se abrieron de par en par unas puertas para dejar paso a un guapo joven. Aunque no era tan alto como Grant, era mucho más corpulento. La alegría le brillaba en los ojos. —¡Grant! ¡Has estado fuera tanto tiempo! —Sí, es cierto, Dougal —respondió Grant. Rápidamente desmontó del caballo y se abrazó al joven. —¿Ha sido difícil tu viaje? —Sí, pero ha merecido la pena —contestó él. Entonces, se dio la vuelta y ayudó a Kylia a bajar de la silla—. Mira lo que me he encontrado —añadió, tomándola de la mano—. Kylia, del clan Drummond, te presento a mi hermano Dougal. —Dougal —dijo ella, sonriendo tímidamente—. Tu hermano habla de ti con mucho afecto. —No esperaba menos de él, dado que soy su más ferviente admirador — comentó el muchacho, riendo—. Bienvenida, milady. ¿Qué es eso que lleva entre los brazos? — añadió, refiriéndose al pequeño bulto que ella llevaba en brazos—. ¿Es que ha traído a su hijo? —No, no es un niño —respondió Kylia con una sonrisa. Entonces, retiró la manta de piel y descubrió al lobezno—. Es un cachorrillo muy pequeño. —¿Un lobo? —preguntó Dougal, atónito. —Sí. Estaba herido y no pude dejarlo a merced de los depredadores. —Se llama Wee Lad y te advierto, Dougal, que Kylia ya ha comenzado a considerarlo como su mascota. Todos levantaron la mirada cuando Hazlet, vestida con su habitual hábito de monja y su velo, bajó al patio. —Tía Hazlet —dijo Grant mientras se acercaba a ella respetuosamente—. Como puedes ver, mi viaje ha dado sus frutos. Ven a conocer a la joven que ha accedido a dejar su Reino Mítico para ayudarme a buscar al traidor. La sonrisa desapareció de los labios de la mujer. Entonces, tomó la palabra en voz muy baja. —¿Has sido capaz de traer aquí a una bruja, Grant? —No es lo que te imaginas, tía. Ven. Ayúdame a que se sienta bienvenida — insistió Grant. Entonces, tomó a su tía del codo y la llevó hasta el lugar donde estaban Dougal y Kylia—. Kylia, del clan Drummond, te presento a mi tía Hazlet. Kylia sonrió afectuosamente. —Su sobrino me ha hablado muy cariñosamente de usted. ¡Qué suerte tienen Dougal y él de tenerla a usted a su lado! —Por supuesto —replicó la tía Hazlet. Inmediatamente, vio al lobezno que Kylia llevaba en brazos—. ¿Es eso lo que creo que es? —Es un lobezno, tía. Se llama Wee Lad —explicó Dougal. Al ver que los perros rodeaban a Kylia, olisqueándole la falda del vestido y algunos, los más osados, levantándose sobre las patas traseras para oler al lobezno, sonrió. —Debo advertirle, milady, que su mascota podría convertirse en un bocado muy apetitoso para nuestros perros —añadió. —En ese caso, tendré que tener mucho cuidado para que eso no ocurra hasta que no sea lo suficientemente grande como para poder hacer lo mismo con ellos — repuso Kylia mientras observaba atentamente cómo los criados rodeaban a Grant y le daban una afectuosa bienvenida. Después de devolverles él el saludo, Grant comenzó con las presentaciones.

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La traición- Ruth Langan —Os presento a lady Kylia, del clan Drummond. Milady, ésta es el ama Gunn, que es el ama de llaves del castillo de Duncrune desde que mi padre era un muchacho. Kylia saludó con una inclinación de cabeza a la mujer, que respondió con una reverencia que parecía ir dedicada a una reina. Cuando se incorporó, Grant le ordenó: —Haga que los sirvientes preparen el ala oeste para nuestra invitada, ama. —¿El ala oeste? Eso alojaría a su invitada en los aposentos que hay al lado de los suyos, señor. —Así es —replicó Grant. Vio que su tía lo miraba con mucha intensidad—. Ésta es nuestra cocinera, Mester —añadió, prosiguiendo con las presentaciones—. Mester, ésta es lady Kylia. La cocinera inclinó la cabeza antes de limpiarse las manos en el delantal que llevaba alrededor de la cintura. Entonces, dio un paso atrás, como si tuviera miedo de acercarse demasiado a una bruja. —Nuestro jefe de establos, Gresham. El hombre se quitó la gorra y saludó a Kylia tras mirarla muy atentamente. —Bienvenida, señora —dijo. Entonces, tomó las riendas del caballo y lo llevó hacia el otro lado del patio. —Y éste es el hombre que ha peleado al lado de mi padre y del padre de mi padre. Finlay MacCallum es primo mío y un amigo digno de toda confianza — concluyó Grant. Kylia le dedicó una sonrisa tan cálida como la luz del sol. —Finlay... —Milady —respondió el hombre, también con mucho afecto—. Le doy la bienvenida al castillo de Duncrune. —Gracias. —Vamos dentro para que puedan calentarse —sugirió el ama tras dar un pellizco a una de las doncellas para que abriera las puertas—. Mientras Mester prepara un festín, yo llevaré un poco de té y de cerveza al salón de gala. Kylia entró en el interior del castillo. Inmediatamente se fijó en las empinadas escaleras y en una enorme araña que iluminaba la estancia con sus cientos de velas. Tapices antiguos que relataban la historia del clan MacCallum adornaban las paredes. Al otro lado del vestíbulo había unas puertas talladas primorosamente que daban acceso a una capilla. El dulce aroma del incienso surgía desde su interior. De repente, Grant se detuvo y tomó la mano de Kylia. Los que los rodeaban los miraron atónitos al ver cómo él se llevaba la mano a los labios y decía con enfervorecida reverencia: —Ojalá que encuentres una calurosa bienvenida en mi hogar, Kylia.

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Capítulo 12 Tras el repentino silencio que cayó sobre todos los que los rodeaban, Dougal dio una palmada sobre el hombro de su hermano. —No debes reservarte a esta dama tan encantadora para ti solo —dijo. Entonces, se volvió hacia Kylia y le ofreció el brazo—. Permítame que la acompañe a nuestro salón de gala, milady. Encantada por el entusiasmo juvenil del muchacho, Kylia le colocó una mano sobre el brazo y comenzó a caminar al lado de él. Entre risas, Grant le ofreció el brazo a su tía. Sin embargo, ella dio un paso atrás. —Iré enseguida —anunció. Grant observó cómo se dirigía a la capilla. Sacudió tristemente la cabeza y se dispuso a seguir a los otros. Una vez que estuvieron dentro del salón de gala, se acomodaron en unas butacas que había cerca del fuego. A los pocos minutos, los sirvientes comenzaron a atenderlos y a ofrecerles cerveza para que se refrescaran después del arduo viaje. Kylia estudió las espadas y el escudo que había encima de la chimenea. El escudo llevaba el emblema In ardua petit. Tras leerlo, sonrió. —Has emprendido tareas muy difíciles — dijo. Entonces miró a Grant—. ¿Hablan esas palabras de tu padre o de algún antepasado? —Se refieren al padre de mi padre, que decretó que todos los que lo siguieran conseguirían la grandeza si se enfrentaban a los desafíos más difíciles. —Unos nobles antepasados. —Sí. Desgraciadamente, mi padre murió demasiado joven como para poder alcanzar la grandeza que deseaba. Hazlet, que acababa de entrar en el salón, arqueó una ceja mientras estudiaba a Kylia. —¿Cómo es que has podido comprender esas palabras? ¿Es que te has recibido instrucción? —Mi madre y mi abuela se ocuparon de mi educación y de la de mis hermanas. Las palabras antiguas me resultan tan familiares como las que estamos hablando ahora mismo. Hazlet aceptó la taza de té que le ofreció un sirviente. —En ese caso, también comprenderás el otro emblema de nuestro clan, el que mi sobrino debería haber inscrito junto a las palabras de nuestro antepasado. Deus refugium nostrum. —Sí. Significa «Dios es nuestro refugio». —Me sorprenda que puedas mencionar su nombre, dado que todo el mundo sabe que las brujas adoran al diablo. —¡Tía! —exclamó Grant, enojado y sorprendido a la vez—. Te recuerdo que lady Kylia es nuestra huésped y que está aquí porque yo se lo he pedido. Kylia le tocó suavemente la mano antes de dirigir de nuevo su atención a la anciana. —No tiene por qué temer nada, milady — le dijo—. Yo comparto las mismas creencias que usted. —Sin embargo, no me cabe la menor duda de que, dado que practicas la brujería, vas en contra de todo lo que es bueno y santo. Kylia vio que los sirvientes interrumpían sus tareas para estudiarla, por lo que escogió sus palabras muy cuidadosamente. —No. Lo que hacemos es compartir nuestros dones con los que los necesitan. Cuando su sobrino vino a nuestro reino en busca de ayuda, yo me ofrecí a hacer todo lo que pudiera por él. —Por medio de la brujería —musitó Hazlet. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan En un intento por suavizar la situación, Dougal tomó la palabra y se dirigió a su hermano. —Quiero que me cuentes todo lo que te ha acontecido en tu viaje, hermano. ¿De verdad hay un dragón que guarda el reino de esta dama? —Sí. Desgraciadamente, me vi obligado a matarlo. —Una batalla con un dragón —susurró Dougal, con los ojos llenos de excitación—. ¡Ojalá hubiera podido estar allí para verlo! —Es una pena que tuvieras que quedarte aquí en mi lugar y que no pudieras compartir la aventura —dijo Grant—. Lo lamento profundamente. —No más que yo. Sin embargo, lo importante es que saliste ileso —afirmó Dougal, muy orgulloso—, y que has podido regresar con los que te aman. —De hecho, resulté gravemente herido — le reveló Grant—. Cuando me encontré por primera vez con lady Kylia, estaba tan débil que casi no me podía tener de pie. Su familia y ella curaron mis heridas y me hicieron sentir muy a gusto en su casa. —¿Sois curanderas? —le preguntó Hazlet levantando la cabeza bruscamente. —Sí. Hacemos lo que podemos —respondió Kylia. —¿Cómo pudo persuadirla mi hermano para que abandonara su reino y lo acompañara a las Tierras Altas? —quiso saber Dougal. Kylia se volvió a mirar a Grant. La mirada de sus ojos se suavizó inmediatamente. —Vi la bondad que hay en su corazón. Eso bastó para persuadirme. Hazlet dejó la taza de té sobre la mesa. —Aún tienes que preguntar a los tuyos, sobrino. ¿Es que no te preocupa la seguridad de tu gente? —¿Acaso ha habido algún incidente? — quiso saber Grant. —No ha resultado nadie herido —se apresuró Dougal a responder. —Pero los nuestros se quedaron sin su jefe mientras tú ibas en busca de tu locura. Se han robado ovejas durante la noche. Se temió que un muchacho inocente hubiera sido secuestrado por los bárbaros. Los hombres del Consejo llevan tiempo murmurando que su jefe les ha fallado. Dougal se hizo cargo tan pronto como pudo, pero la gente tiene derecho a esperar que su jefe esté aquí para poner fin a sus problemas. Hay algunos que creen que es hora de que le dejes tu sitio a tu hermano. —¡Tía! --exclamó Dougal, con el rostro enrojecido. Rápidamente se acercó a su hermano y le colocó la mano sobre el brazo—. Quiero que sepas, Grant, que no tengo interés alguno en ocupar tu lugar como jefe de nuestra gente. Estos pocos días han sido más que suficientes como para poner a prueba mi paciencia. Grant sonrió y le dio una palmada sobre la mano. —Gracias, Dougal. A ti también te doy las gracias, tía, por tu sinceridad. Pensaré en las palabras que has pronunciado, porque el bienestar de mi gente es lo fundamental para mí. Si el corazón me dice que estoy fallándoles a los míos, por supuesto que dejaré mi lugar a quien pueda servirles mejor. Creo que lady Kylia querrá refrescarse un poco —añadió. Se levantó, le ofreció el brazo y la ayudó a ponerse de pie—. Tal vez, tía Hazlet, serías tan amable como para enseñarle sus aposentos a nuestra invitada. —Debo ocuparme de que los jinetes vayan al pueblo para invitar a los nuestros al festín de esta noche. Querrán ver por sí mismos que, efectivamente, has regresado. Ardis se encargará de mostrarle sus habitaciones. Una doncella dio un paso al frente. —Si desea acompañarme, milady. Grant apretó con fuerza la mano de Kylia. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan —Ve con ella —le dijo—. Ardis te acompañará de nuevo al salón de gala cuando la cena esté preparada. Mientras tanto, tendrás tiempo para descansar del viaje. —Si, gracias —respondió Kylia. Cuando se dio la vuelta para darle también las gracias a Hazlet, vio que la mujer se marchaba apresuradamente del salón. Salió del salón detrás de la criada. Subieron las escaleras y, a continuación, tomaron un pasillo iluminado por la luz de las velas. Notó que tanto los suelos como las paredes estaban muy limpios. La joven criada se detuvo frente a una puerta doble, la abrió y se hizo a un lado para que Kylia pudiera entrar. La estancia olía a cera de abeja y a flores recién cortadas. Un acogedor fuego ardía en la chimenea. En el dormitorio había otra chimenea, también encendida, con una hermosa cama cubierta de pieles e inmaculadas sábanas de lino. Cerca de la cama había una mesa con una jofaina. —Es muy bonita. —Gracias, milady. Ardis se hizo a un lado para dejar paso a una procesión de doncellas. Una colocó una manta doblada frente al fuego para que otra colocara una bañera encima. Las restantes vertieron agua caliente de los cubos que llevaban en las manos hasta que la bañera estuvo prácticamente llena. Cuando las doncellas se marcharon, Ardis extendió los brazos. —¿Puedo tomar lo que lleva entre los brazos, milady? Kylia le entregó al cachorro. Al ver cómo bostezaba el pequeño lobezno, la criada lanzó un grito de alegría. —Puedes dejar a Wee Lad encima de mi cama, Ardis. Aún es muy pequeño y necesita dormir mucho. —Sí, milady. La doncella dejó al lobezno encima de la cama y luego regresó al lado de Kylia para ayudarla a quitarse el vestido, las botas y por fin la camisa. La joven se metió en la bañera y lanzó un suspiro de placer cuando la doncella comenzó a frotarle el cabello. —Oh, Ardis... Podría quedarme aquí toda la noche. —¿Fue un viaje difícil, milady? —Eso ahora no importa, Ardis. Ahora que estoy aquí, me puedo olvidar de todo lo acontecido durante el viaje. Cuando salió de la bañera se envolvió en una espesa manta y se sentó en una butaca. Entonces, la sirvienta le sirvió una taza de té y se la entregó. —Ahora descanse, milady. Vendré a buscarla cuando sea hora de que se vista para la cena. —Gracias, Ardis. Kylia se tomó el té y observó atentamente las llamas que ardían en la chimenea. Entonces, dejó la taza y se acostó en la cama. Satisfecha y cómoda, se quedó muy pronto dormida con el lobezno acurrucado a su lado. Los sueños resultaron tan reales que podía incluso escuchar el estruendo del metal cuando la espada golpeaba el escudo. Sentía los golpes cuando los habitantes de las Tierras Altas y los bárbaros se enfrentaron con palos y dagas y finalmente, cuando, tras perder sus armas en el campo de batalla, sólo les quedaron los puños. Oyó la voz de uno de ellos que se alzaba por encima del estruendo. Su rostro le resultaba tan familiar como el del hombre que amaba, su voz tan conocida que tuvo que contener el aliento. —¡Luchamos a muerte, muchachos! ¡Hoy se encuentran en nuestras manos las vidas de todos los que amamos! Kylia supo enseguida que se trataba de Stirling MacCallum, el padre del hombre que amaba. Vio cómo alguien le clavaba un puñal en el hombro y le hacía Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan gritar de dolor. En sueños, ella absorbió su sufrimiento y se aferró el hombro, tal y como Stirling se agarraba el suyo, — ¡ Ranald! ¡ A tus espaldas! A pesar de su herida, se inclinó para recoger una espalda de la hierba y atacar al que había derribado a su amigo. Tan pronto como consiguió atravesar al bárbaro, dejó caer la espada y se arrodilló al lado del hombre al que amaba como a un hermano. Le apartó el cabello rubio del rostro y le miró fijamente a los pálidos ojos azules. —Aguanta, Ranald, amigo mío. Yo terminaré con nuestros enemigos y te llevaré a casa. La voz de Ranald era suave, ronca y sonaba como la de un muchacho a pesar de su corpulencia. —Me muero, Stirling... —No, no puedes dejarme. Piensa en Hazlet, amigo mío. Deja que su amor te dé la fuerza que necesitas para seguir viviendo. —Ojalá pudiera... Sé amable con ella, Stirling... Necesitará de tu bondad, de tu fuerza, para poder afrontar lo que le depara el destino. No dejes que la vergüenza la haga esconderse... —¿Y por qué iba a avergonzarse? Tú has peleado como un verdadero guerrero, Ranald. No puede haber mayor amor que el que da el guerrero que es capaz de entregar su vida por los que ama. —Ya sabes que tu hermana es muy orgullosa... —Sí, efectivamente no hay nadie más orgullosa que Hazlet. —Se retirará presa de la ira y del dolor. Dile... La voz de Ranald era muy entrecortada, lo que indicaba que la vida se le estaba escapando. Agarró con fuerza la muñeca de su amigo y se esforzó por decir lo que guardaba en su corazón. —Dile que confíe en tu Mary, que tiene un corazón bondadoso y compasivo. Y dile a Hazlet que la amo más que a la misma vida. —Se lo dirás tú mismo tan pronto como... Stirling observó cómo la vida se apagaba en los ojos de su amigo. Muy pronto reflejaron una mirada vidriosa y vacía. Stirling sintió que los suyos se llenaban de lágrimas. Sin poder evitarlo, estrechó a Ranald contra su pecho y lo acunó suavemente mientras trataba de dar rienda suelta a su dolor. —... como te lleve a casa, amigo mío. Un golpe en la cabeza le arrebató el dolor y el pesar. Soltó a su amigo, agarró la espada y se enfrentó a su atacante, aunque de repente se encontró con dos más. Mientras repelía su ataque, aparecieron tres más y luego una veintena. Rápidamente se vio rodeado de enemigos, que gritaban y chillaban al tiempo que lo cercaban para matarlo. Estaba solo. Los cuerpos de sus camaradas caídos cubrían el campo. Tenía una docena de heridas, cualquiera de las cuales hubiera resultado mortal para un hombre menos notable, pero siguió luchando valientemente hasta que por fin, ensangrentado y vencido, sus dedos inermes ya no pudieron seguir sujetando la espada y cayó al suelo de rodillas. Los bárbaros se abalanzaron rápidamente sobre él con espadas y bastones. Muy pronto, su sangre tiño de rojo la verde hierba. El dolor era insoportable, tanto que deseaba a gritar. Sin embargo, se mantuvo en silencio, privando así al enemigo de su triunfo final. Sus últimos pensamientos antes de perder la vida fueron la expresión del amor que sentía por su esposa Mary y su hijo Grant. Kylia se incorporó de un salto en la cama, con el cuerpo cubierto de sudor y la mente atribulada. A medida que recuperó la conciencia, el dolor que había estado sintiendo hasta entonces fue remitiendo. Sin embargo, aunque sí disminuyó no desapareció por completo. Una parte quedó con ella, recordándole una y otra vez Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan el precio que los guerreros debían pagar para que los que amaban pudieran seguir disfrutando de su libertad. Los bárbaros habían invadido aquella tierra para capturar esclavos. Los hombres de las Tierras Altas se sacrificarían para que las mujeres y los niños no terminaran siendo esclavizados. Los planes de los bárbaros se habían visto frustrados por guerreros como Stirling y Ranald y por sus descendientes. Aunque la guerra le repugnaba, Kylia sabía que sin los valientes guerreros como Grant y los que habían muerto antes de él, el futuro sería muy poco prometedor para aquellas gentes. Miró al fuego. Aún veía en su imaginación al hombre que tanto se había parecido a Grant. El padre que él nunca había conocido. Sabía que había tenido aquel sueño por una razón. Había podido ser testigo del amor que se tenían los dos hombres, que les había llevado a luchar valientemente el uno junto al otro y que habían muerto juntos en el campo de batalla. ¿Por qué habría tenido aquel sueño? Toda su vida había contado con el don de ver acontecimientos o personas especiales en sus sueños. Siempre los había tenido por razones muy concretas. Tal vez en aquel caso había visto a Stirling y a Ranald, había experimentado su dolor porque los que los amaban tenían que saber que no habían muerto en vano. Se sentía una privilegiada por poder decirles a sus descendientes lo valientes que ellos habían sido. Cuando tuviera oportunidad, les contaría su sueño a Grant y a Dougal y a su tía. Aunque resultaba evidente que Hazlet desconfiaba plenamente de los dones de la joven, seguramente le gustaría saber que el hombre al que había amado y que había perdido había muerto como un noble guerrero y que, con su último aliento, había proclamado el amor que sentía por ella. Seguramente le ayudaría mucho a superar el dolor de su pérdida. Tal vez incluso la ayudara a despojarse de su tristeza y a regresar a la tierra de los vivos. Alguien llamó a la puerta. Cuando Kylia dio permiso para entrar, la criada Ardis irrumpió en la sala. Kylia se sintió muy agradecida por su don. Gracias a él, estaba a punto de ayudar a una anciana a despojarse de la pena que la había sepultado en vida durante muchos años. Tal vez, aparte de encontrar al traidor, aquella era la razón de su presencia en el castillo de Duncrune. Si podía llevar paz a los corazones de los que sufrían, su viaje no habría sido en vano.

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Capítulo 13 —Venga, milady —le dijo Ardis. La condujo a la antesala del dormitorio, donde se habían dispuesto una serie de vestidos—. Es hora de prepararla para la cena. Después de ayudar a Kylia a ponerse una suave camisa bordada y varias enaguas, Ardis le mostró los vestidos. —¿Cuál le gusta más, milady? —Son todos tan bonitos —suspiró Kylia—. ¿Quién me los ha proporcionado? —Lord MacCallum. Pidió a todas las costureras del pueblo que trajeran los vestidos que tuvieran hechos con la esperanza de que alguno le viniera. Puede que algunos sean demasiado largos o demasiado anchos, pero yo encontraré la manera de ocultar las imperfecciones. —¿Eres hábil con la aguja y el hilo, Ardis? —Sí, milady. —Como mi madre. Yo la hice sufrir mucho porque nunca pude dominar el arte de la costura —dijo Kylia. Entonces, señaló un vestido blanco, muy sencillo—. Creo que me pondré éste. La criada la ayudó a colocarse el vestido y se alegró mucho al ver que no necesitaba más que una cinta para poder ajustarlo a la estrecha cintura de la dama. Cuando Kylia estuvo vestida, Ardis le cepilló el cabello, que le llegaba a la cintura, hasta que brilló como el azabache. A continuación, le colocó un chal de lana blanca sobre los hombros. —Ahora, milady, la acompañaré hasta el salón de gala. —Gracias —respondió Kylia. Antes de marcharse, se colocó al lobezno sobre un brazo. —Espero que no se ofenda por lo que le voy a decir, milady... —susurró Ardis. —¿De qué se trata? —Creo que lady Hazlet no aprobará que haya un animal en la mesa. —Ah... Bueno, tal vez nadie se dé cuenta. Come tan poco... La joven criada se tragó las palabras que parecía haber estado a punto de pronunciar y guardó silencio. Mientras descendían por las escaleras, Kylia observó el gran salón. —Todo está tan limpio y reluciente... El ama Gunn es digna de admiración. —Sí, milady. Lady Hazlet no acepta otra cosa que no sea la perfección en ella misma y en los que la sirven. Cree que el castillo de Duncrune debe ser algo digno del clan MacCallum, por eso supervisa todo lo que el ama y los criados hacemos. —Perfección... Supongo que eso es lo que buscamos todos, aunque muy pocos la conseguimos —dijo Kylia, tras ponderar un momento las palabras de la joven. —Lady Hazlet se acerca más que nadie, milady. —¿Va siempre lady Hazlet vestida como una monja? —Sí. Se dice que cuando se enteró de la noticia de la muerte de Ranald, se colocó el velo y no se lo ha quitado desde entonces. Lleva una existencia muy retirada. Sólo sale del castillo para pasear por los jardines, en los que reza. Desde que los cuerpos de su hermano y de Ranald llegaron al castillo para enterrarlos, no ha visitado el pueblo. Cada día va a visitar sus tumbas en la cripta que hay debajo de la capilla. Dice que debe pasarse la vida sin Ranald orando por el descanso de su alma eterna. Kylia se apiadó por una mujer que sufría tanto. Estaba más convencida que nunca de que debía contarle su sueño a Hazlet para aliviar su dolor. En el exterior de las puertas del salón de gala, la joven sirvienta se detuvo y se centró una vez más en el pequeño lobezno que Kylia llevaba en brazos.

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La traición- Ruth Langan —Sería mejor que no ofendiera a lady Hazlet, milady —susurró—. Ella tiene mucho poder. —Sí, lo tendré en cuenta, Ardis. Gracias —dijo. Entonces, le entregó al lobezno—, Tienes razón. Encárgate de que le den unos trozos de carne y un poco de agua y que se le confine a mis aposentos hasta que yo regrese. — Sí, milady. Aliviada, la doncella tomó al lobezno y salió corriendo, como si tuviera muchas ganas de escapar. Kylia entró en el salón y se sorprendió mucho por el número de caballeros y damas que había allí sentados. Los criados se encargaban de servirles a todos vino y cerveza. Parecía que el pueblo entero e incluso las aldeas cercanas se habían quedado vacíos aquella noche. Una vez más, Kylia pensó que aquello demostraba lo mucho que la gente apreciaba a su jefe y que por ello deseaban celebrar su regreso. En el momento en el que Grant vio a Kylia, se excusó y se acercó a ella rápidamente. Llevaba una sonrisa en el rostro. Kylia estaba tan hermosa, con aquel vestido blanco tan sencillo, el chal y el cabello cayéndole con suaves ondas hasta la cintura. Sólo verla hizo que el corazón le latiera más rápidamente. —Kylia —dijo, mientras le tomaba la mano y se la llevaba a los labios—. ¿Has podido descansar? —Sí, ¿y tú? —No mucho. Me habría gustado ir a verte a tus aposentos, pero no he tenido tiempo. Tenía muchas cosas de las que hablar con mi hermano y mi tía antes de reunirme con el Consejo. Kylia pensó que detectó un cierto cansancio en los ojos de Grant, pero antes de que pudiera ofrecerle una palabra de consuelo, se encontró inmediatamente rodeada por los curiosos. Grant reclamó silencio antes de tomar la palabra. —Os presento a lady Kylia, del clan Drummond —dijo. La nota de afecto que se reflejó en su voz hizo que muchos de los presentes estiraran la cabeza para ver a aquella misteriosa desconocida. Un guerrero alto y de cabello oscuro dio un paso al frente. —Me llamo Culver y soy primo de Hazlet. Mi madre y la de ella eran primas hermanas. —Culver —repitió Kylia con una sonrisa mientras él le agarraba una mano entre las suyas. —Mi prima me ha dicho que es usted del Reino Mítico —dijo Culver tras llevarse la mano a los labios. — Sí. Ahí está mi hogar. —Entonces, ¿es cierto que eres una bruja? Muchos de los presentes contuvieron el aliento al escuchar tal afirmación. Aunque muchos pensaban lo mismo, ninguno se había atrevido a decir la verdad en voz alta. Antes de que Kylia pudiera responder, un hombre muy corpulento con una barba rojiza se le acercó para besarle la mano. —¿Dice que es del clan Drummond? — preguntó—. Es un clan de rancio abolengo y muy noble, con unos antepasados de los que sentirse orgulloso. —No conozco su nombre, señor —dijo Kylia, con una sonrisa de agradecimiento. —Soy lord Giles MacCallum. Aunque nuestras tierras están junto a las orillas más alejadas del lago, hemos luchado al lado de nuestros primos desde los días de Stirling MacCallum para mantener nuestras tierras libres de bárbaros. —¿Conoció usted al padre del jefe de su clan? Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan —Sí, y a su amigo Ranald. Al oír mencionar aquel nombre, Hazlet se santiguó y se dio la vuelta, lo que hizo que muchos de los presentes se apiadaran de ella. —Es hora de que disfrutemos del festín que han preparado el ama Gunn y nuestra cocinera Mester. Vamos, milady —anunció Grant. Le ofreció el brazo a Kylia y ésta apoyó una mano sobre la manga de él. Entonces, Grant se volvió hacia Giles MacCallum—. Giles, ¿te sentarás a nuestro lado en la mesa? —Por supuesto que sí, amigo mío. No hay nada que desee más que conocer mejor a esta encantadora dama. —contestó el viejo guerrero. A continuación, le ofreció su brazo a Hazlet—. Si me hace el honor, milady. —No —replicó ella. Se alejó de él y se dio la vuelta—. Primero debo encargarme de los criados, pero me reuniré con vosotros en breve. —Es una pena que tu tía no sepa divertirse como lo hacen otras mujeres — comento Giles MacCallum tras rodear con un brazo los hombros de Dougal. Después, los dos siguieron a Grant y a Kylia a través de los invitados hasta llegar a la mesa principal. Grant tomó el lugar de honor a un lado de la larga mesa, con su fiel Finlay al otro lado. Kylia tomó asiento a su izquierda y Dougal a su derecha. Lord Giles se sentó al lado de Kylia e inmediatamente comenzó a charlar con ella. Cuando Hazlet llegó a la mesa, seguida de su primo Culver, los criados habían comenzado a repartir por las mesas bandejas de faisán, salmón y cordero junto con cestas de pan y jarras de cerveza. Hazlet se acomodó al lado de Dougal y guardó silencio. Entonces, inclinó la cabeza hasta que los demás hicieron lo mismo. Aunque no habló en voz alta, comenzó a mover los labios y los demás esperaron respetuosamente hasta que levantó la cabeza y aceptó la comida que le ofrecía un criado. —Ahora —le dijo Giles a Kylia—. Tengo que saberlo todo sobre el Reino Mítico. Llevo escuchando historias al respecto desde que era un niño. —¿Y qué es lo que ha escuchado, milord? —preguntó Kylia mientras se servía un trozo de pescado. —He oído hablar de dragones, de monstruos y de guardianes terribles que se ocupan de proteger el reino. —Eso es cierto, amigo mío —comentó Grant tras tomar un sorbo de cerveza—. En primer lugar tuve que asesinar al dragón para poder cruzar el Lago Encantado. —¿Está de verdad encantado? —quiso saber Giles. —A mí me lo pareció. Vi agua que relucía como los diamantes y que estaba llena de piedras preciosas. Cuando la sangre del dragón tocó el agua, se convirtió en rubíes. —Eso fue producto de tu imaginación — replicó Hazlet llena de indignación. —Sé lo que vi, tía —afirmó Grant. Pensó en las piedras que se había guardado en el bolsillo de su túnica. Aunque demostrarían la verdad de sus palabras, no quiso mostrarlas porque eran muy especiales para él—. Estaba tan débil. Giles, que tendría que haberme ahogado, pero el agua se negó a que me hundiera. En vez de eso, estuve flotando hasta que llegué a la orilla más lejana, donde caí a los pies de la dama. Las demás personas que había sentadas a la mesa guardaban silencio, escuchando y observando atentamente. La mayoría habían quedado fascinados por lo que estaban oyendo. —¿Qué otras cosas maravillosas viste, milord? — preguntó Culver, aunque no dejaba de mirar a Kylia—. Deseamos saberlo todo. Grant decidió no mencionar las hadas ni los caballos alados, sabiendo que habría algunos que estarían dispuestos a enfrentarse a los fieros guardianes del Reino Mítico con tal de poseer aquellos tesoros. Tampoco habló de lo que Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan experimentaron en el Bosque de la Oscuridad. Como los dragones y los monstruos, era una barrera que se interponía entre aquel mundo y el de Kylia. Sin embargo, sí habló de su encuentro con los bárbaros y del valor que demostró Kylia. Todos quedaron asombrados de que una joven tan dulce y encantadora tuviera tal presencia de ánimo. —¿Y no tuvo miedo, milady? —quiso saber Giles. —Sí, pero aún lo tenía más de no hacer nada, porque eso nos hubiera costado la vida a ambos. —Deberías haberla visto —dijo Grant, describiendo a continuación el modo en el que Kylia controló a los bárbaros hasta que los dos pudieron escapar—. Fue magnífica. A medida que la narración continuaba, Hazlet fue frunciendo más el ceño y revelando así lo asqueada que se sentía por las imágenes que conjuraba la historia de su sobrino. —Dragones, monstruos... ¡Qué tontería! Resulta evidente que estabas presa de un hechizo, sobrino. Todos sabemos que esas cosas no existen. —Tal vez no existan en nuestro mundo, tía, pero las vi con mis propios ojos. También vi otras cosas tan extraordinarias de las que no voy a hablar, porque entonces me dirías que soy un necio. Mientras todos reían, Hazlet frunció los labios. —Puede que aún sigas presa de un hechizo, sobrino. Giles trató de alegrar el estado de ánimo de la mujer. —¿Y por qué no? Cuando un guerrero joven y saludable conoce a una dama tan encantadora como ésta, ¿cómo va a poder evitar no caer bajo su embrujo? Creo que yo mismo he caído también, aunque ya estoy lejos de la flor de la vida. Hazlet se levantó al escuchar aquellas palabras. —Afirmaciones tan obscenas están por debajo de ti. Giles, y, además, me insultas, puesto que sabes que no tolero relajación alguna en lo que se refiere a los instintos más primitivos. —Por favor, tía. Ya sabes que Giles no tenía intención de hacer daño alguno — dijo Dougal. Entonces, trató de colocar una mano sobre el brazo de su tía, pero ella lo apartó rápidamente. —¿Te vas a poner de su lado? —Tía, yo simplemente... Hazlet levantó una mano para hacerle guardar silencio. —Sé lo fácil que le resulta a un hombre perderse por una mujer vulgar, pero había esperado que los que llevan el apellido de MacCallum estuvieran por encima de ello — replicó Hazlet. Miró atentamente a todos los que estaban sentados a la mesa. Entonces, se detuvo especialmente en Kylia, en Grant y por último en Dougal—. Veo que estaba equivocada. Con eso, se dio la vuelta y se marchó del salón de gala con la altanería propia de una reina que se siente entre campesinos. En cuanto Hazlet desapareció, la sala se llenó de rumores sobre la invitada del anfitrión de la velada y la dama que era el ama reconocida del castillo de Duncrune. Grant se inclinó suavemente sobre Kylia. —Espero que puedas perdonar a mi tía. Tiene que cargar con un corazón muy pesado. —Sí —afirmó Giles—. Y desgraciado aquél que lo olvide. Esa mujer no sólo sufre su pena sino que la venera. Le da la bienvenida. La lleva puesta, como su hábito de monja, para no olvidarla nunca y que nosotros tampoco la olvidemos. —Giles... Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan Grant sacudió la cabeza, pero fue demasiado tarde. Las palabras de Giles hicieron que Dougal se pusiera de pie para defender a su tía. —Aunque tal vez sea cierto que mi tía se excede en su pena, ¿quién puede decir cuándo sanará un corazón roto? Su dolor es real, Giles y espero que seas lo suficientemente caballeroso como para retractarte de tus palabras ahora mismo. Giles asintió. —Perdóname, Dougal. Y tú también, milord —añadió, volviéndose hacia su anfitrión—. No era mi intención insultar a vuestra amada tía. Satisfecho, Dougal volvió a tomar asiento. Entonces, Culver se apartó de la mesa e hizo una reverencia a Grant. —Tu hermano tiene razón, milord. Tu tía debe de estar sintiéndose muy abandonada por los que la aman. Con tu permiso, iré con ella para hacerle compañía y evitar así que su pena se haga aún mayor. —Es muy amable de tu parte, primo — dijo Grant dándole así su aprobación—. Estás excusado, Culver. Mientras Culver salía de la sala, todos se centraron de nuevo en la cena. Muy pronto, gracias a la ayuda de las bromas de Giles, todos volvieron a reír y a compartir historias de batallas y aventuras. En medio de aquella conversación, Kylia pensó en lo que había dicho Giles. ¿Acaso no se daba cuenta Hazlet de que su pena estaba creando un abismo entre ella y los que la amaban? Con cierta tristeza, se dio cuenta de que la ausencia de Hazlet había aliviado a todos los presentes. Sin la expresión amarga del rostro de la tía de su anfitrión todos podían disfrutar de aquella reunión tan alegre sin sentirse culpables.

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Capítulo 14 A medida que la noche fue avanzando y la cerveza consumiéndose, los invitados se hicieron también más bulliciosos. Era casi imposible tomar más de un bocado de salmón o saborear el cordero sin detenerse para otro discurso y volver a vaciar las copas después, y que los criados se apresuraban a llenar de nuevo. Aunque Hazlet no regresó al salón, su amigo y primo Culver volvió poco después y comenzó una conversación muy intensa con muchos de los hombres del pueblo. —Milord —dijo un guerrero de aspecto cansado tras ponerse de pie—. Se me ha hecho notar que dejó a su gente sin protección durante muchos días mientras iba a buscar a la dama que está sentada a su lado. —Así es. Mi viaje duró muchos días, pero esta dama se ofreció amablemente a acompañarme para prestarme sus servicios. —¿Y qué servicios serán esos? Al escuchar aquella grosera sugerencia, los invitados quedaron en silencio. La ira se reflejó en los ojos de Grant, aunque consiguió controlarla. —La dama tiene los dones de la curación y de la videncia. —Una bruja —dijo alguien, en voz alta. —¿Y cómo sabemos que no lo tiene hechizado? —preguntó otra voz. —Sí —afirmó un corpulento guerrero tras ponerse de pie—. ¿Cómo sabemos que nuestro jefe es el mismo hombre que se marchó del castillo de Duncrune hace tantos días? Si está en compañía de una bruja, ¿cómo podemos confiar en que vaya a seguir protegiéndonos? Yo digo que deberíamos elegir otro jefe entre los presentes, uno que no tenga la mente nublada por la brujería. El guerrero que había hablado en primer lugar tomó el desafío. —Si tu padre viviera, Grant MacCallum, no tendríamos que tomar ninguna decisión. Él sí sabía enfrentarse a sus enemigos. —¡Sí! —gritaron con fuerza varias voces. —Nos merecemos un jefe que nos haga sentimos orgullosos —añadió la voz del guerrero, temblando de la emoción—. Pedimos una respuesta, milord. ¿Te demoraste a propósito con la bruja para poder estar a solas con ella? ¿Es ésa la razón por la que dejaste a tu pueblo tanto tiempo sin protección? —¿Deseas una respuesta? —replicó Grant. Cuando se llevó una mano al mango de la espada, Kylia se la cubrió con la suya. —Ésta no es la manera de responder, mi amor —suplicó. —Es la única respuesta que pienso darles. Si deciden ponerse en contra tuya, se ponen también en mi contra porque... Sus palabras se vieron interrumpidas por la llegada de un grupo de desconocidos. Al verlos, todos los presentes quedaron en silencio. —He venido a buscar al Jefe Grant MacCallum —dijo la voz del jefe con sonora potencia. Grant se acercó a él. —Yo soy el hombre que buscas. El jefe extendió la mano. —Soy Burke, jefe del clan Kerr. Estaba enfrentándome a un grupo de bárbaros y acabo de enterarme de que la encantadora lady Kylia y usted salvaron la vida de mi hijo Ewaid, de su esposa y de su familia. Si no hubiera sido por su amabilidad, sé que habrían muerto a manos de los ladrones que trataron de robarles el rebaño y que incendiaron su cabaña. Mi gente me habló de su bondad y la de la dama. Cómo los dos se quedaron con ellos, sin dormir ni disfrutar de refugio alguno, protegiéndolos a ellos y a su rebaño hasta que mi hijo estuvo lo suficientemente

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La traición- Ruth Langan fuerte como para regresar a su pueblo. Ni siquiera entonces los abandonaron sino que los acompañaron a su casa antes de emprender su viaje una vez más. Entonces, se dio la vuelta y les indicó a sus hombres que acercaran un tonel de cerveza y un cofre de oro que habían llevado consigo. Grant no pudo ocultar su asombro. —Eres demasiado generoso, Burke del clan Kerr. —No más que usted, milord. Mi hijo y su familia son mucho más valiosos para mí que el oro —afirmó. Entonces, miró hacia el lugar en el que Kylia observaba la escena en silencio—. ¿Es ésa la dama? —Así es. Lady Kylia del clan Drummond. —¿Drummond? —repitió Burke, con una amplia sonrisa en los labios—. Su clan es noble y de rancio abolengo, milady. He oído hablar de sus poderes de curación y le estoy agradecido por ello —añadió. Tras acercarse a ella, le tomó la mano y se la llevó a los labios. A continuación, se volvió de nuevo a Grant—. En gratitud por su amabilidad, le juro mi lealtad y la de mis guerreros. Si encuentra su tierra bajo asedio, sólo tiene que mandarme llamar y vendremos a ayudar con la mayor celeridad posible. Con eso, Burke se dio la vuelta y, flanqueado por sus guerreros, se dispuso a abandonar la sala. —Un momento —dijo Grant—. Quedaos y descansad un poco. —Gracias, pero no. Estos tiempos son muy peligrosos y hay invasores por todas partes. No me atrevo a dejar a mi clan sin protección. A continuación, salió de la sala. Se produjo un atónito silencio, que Dougal se atrevió a romper. —Que sirva esto como respuesta a cualquier pregunta que pueda quedar. No puede haber duda alguna de que Grant MacCallum es el mejor y el más noble jefe de las Tierras Altas. Fue capaz de arriesgar su vida por la de un desconocido que necesitaba su ayuda. Sin embargo, además de ser un noble jefe, no hay mejor hermano en todas las Tierras Altas que el mío. Milord, yo prometo la lealtad de mi corazón y de mi espada. —Y yo también —anunció Giles, tras ponerse de pie y levantar su espada hacia el techo. —Y yo —añadió Finlay con voz grave. —¡Habitantes de las Tierras Altas orgullosos y libres! Los hombres, atrapados por el espíritu del momento, se pusieron de pie y desenvainaron sus espadas, repitiendo aquellas palabras una y otra vez. Muy pronto las mujeres también se pusieron de pie y añadieron su voz a la algarabía. Grant miró a Kylia y vio que los ojos se le habían llenado de lágrimas. Se acercó a ella y le tomó la mano. Entonces, la hizo levantarse para darle un beso en la palma. —¿Por qué lloras? —Estaba muy preocupada por ti. Sin embargo, lo que oigo ahora me dice que tu gente te tiene un gran afecto. Mientras aceptaba los vítores de los suyos, Grant la tuvo agarrada de la mano. Entonces, cuando volvieron a tomar asiento, se inclinó sobre ella para susurrarle al oído: —No puedo olvidar que hay uno entre ellos que sería capaz de traicionarme. Además, a pesar del deseo de los presentes, tenemos que tener en cuenta la voz del Consejo. —Ya pensaremos en ello mañana —dijo ella, con una sonrisa—. Esta noche deberías disfrutar del fruto de tus esfuerzos. Vuelves a ocupar el corazón de los tuyos y ellos te sostendrán sean cuales sean las pruebas que te esperan. Grant echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan —¿Cómo he podido vivir tanto tiempo sin tu dulce bondad, Kylia? Casi me haces creer que eres capaz de ablandar el más duro de los corazones. —Créelo —musitó ella. Se centraron de nuevo en el festín. Para los que había sentados a la mesa resultó más que evidente que la relación que había entre los dos atractivos jóvenes iba más allá de la simple amistad. El amor que relucía en sus ojos era imposible de ocultar. No obstante, el desafío que había lanzado un único guerrero estaba aún en la mente de todos. ¿Habría perdido su jefe el corazón con una bruja? Grant estaba junto a las puertas del salón de gala, despidiéndose de sus invitados. Los criados estaban muy ajetreados entregándoles a todos sus capas y chales mientras que Gresham y los cocheros despertaban a los mozos de establo que se habían quedado dormidos tras tomarse sus pintas de cerveza. Se ayudó a los que aún eran capaces de montar a caballo a subirse a sus monturas y el resto se montó en carretas y carros para que pudieran volver al pueblo con sus damas. A pesar del revuelo, Grant era consciente de que Kylia estaba al lado de la chimenea, hablando suavemente con Dougal, Finlay y lord Giles. Verla tan tranquila y serena en medio de aquel caos le provocó una extraña sensación en el corazón. —Te deseo buenas noches, primo —dijo Culver tras aceptar la capa que le entregó uno de los criados. —¿Cómo está mi tía? —preguntó Grant. —Ahora está más tranquila. Un criado nos ha llevado la cena y después fue a visitar la tumba de Ranald para rezar. Creo que lamenta su comportamiento, primo. Grant asintió. —¿Te veré por la mañana? —Sí. Hazlet me ha pedido que venga a desayunar con ella. —Eres muy bienvenido a mi mesa, Culver. —Te lo agradezco, primo —dijo Culver, antes de darse la vuelta y dirigirse hacia la puerta que llevaba al patio. Minutos más tarde, Grant se reunió con los otros al lado del fuego. —¿Te vas a quedar a pasar la noche, Giles? —No. Tengo asuntos que me obligan a regresar al pueblo, pero regresaré por la mañana. Tenemos mucho de que hablar con el Consejo antes de que yo me marche a mi casa —respondió Giles. Entonces, le ofreció la mano a Grant, a continuación a Dougal y por último a Finlay. Después, se acercó a Kylia—. Milady, me siento muy honrado por haberla conocido. —Y yo a usted, lord Giles. Giles besó la mano de la joven antes de marcharse. Kylia subió las escaleras acompañada de Grant y de Dougal. Los dos la acompañaron hasta la puerta de sus aposentos, donde la esperaba Ardis. —Buenas noches —dijo Grant mientras le hacía una reverencia muy formal. A continuación, le besó la mano. Su hermano hizo lo mismo. —Buenas noches, Kylia. Estoy deseando que llegue mañana para que puedas contarme más cosas de tu reino. Cuando los dos hombres se hubieron marchado, Kylia se dirigió a su dormitorio y se quitó el chal de los hombros. —Debes de estar muy cansada, Ardis. —No, milady. Cuando hay una fiesta aquí en el castillo, tengo la oportunidad de ver a mis parientes del pueblo. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan —¿Y tienes muchos? —quiso saber Kylia mientras se despojaba del vestido y de las enaguas. A continuación, se puso el camisón de suave lino que la muchacha le ofreció. —Sí. Mi madre tiene seis hermanos y hermanas, milady, y mi padre es el mayor de cinco. Después de servir la comida a los invitados, nos reunimos en el refectorio para cenar y charlar sin parar hasta que nos enteramos de todas las noticias de nuestras familias. Kylia sonrió por la imagen que aquella descripción le evocaba. —Parece muy divertido. Cuando mis hermanas y yo nos reunimos, nunca se nos acaban los temas de los que hablar. —Sí. A nosotros nos pasa lo mismo. ¿Quiere que la ayude a meterse en la cama antes de que me marche? —No, Ardis. Ya me acostaré yo sola dentro de unos momentos. —En ese caso, le deseo muy buenas noches, milady. Ardis tomó una de las palmatorias y se marchó de la estancia. Cuando la muchacha cerró la puerta, Kylia se acercó al balcón para observar las nubes que flotaban sobre un cielo cuajado de estrellas. Le tranquilizaba saber que aquellas eran las mismas estrellas que estaban titilando sobre el Reino Mítico. —¿Me estás viendo, mamá? ¿Me echas de menos como yo a ti? La luz de una estrella pareció brillar con más potencia que la del resto. De repente, Kylia vio cómo comenzaba a bailar en el cielo. La estrella tardó sólo unos instantes en regresar a su lugar en el cielo. Poco a poco la luz fue apagándose, pero, cuando terminó, Kylia se encontró sonriendo. —Gracias, mamá. Ahora ya no me siento tan sola. Cuando se dio la vuelta, vio que, entre las sombras, había una figura alta y corpulenta. Se sobresaltó mucho, pero se cubrió la boca con la mano para que no escapara el grito que se le había formado en la garganta. Entonces, muy lentamente, lanzó un suspiro de alivio. —Grant, me has asustado. —Perdóname, milady. Quería asegurarme de que tu criada se había marchado antes de mostrar mi presencia. —No deberías estar aquí. Estoy segura de que alguien te verá y, mañana, nos habremos convertido en la comidilla de todo el castillo. —Confía en mí, Kylia. Ya somos la comidilla de todo el castillo y del pueblo entero. ¿Te importa? —Por mí, no, pero por ti sí. Por tu bien, deberías marcharte, Grant. Después de todo, eres el señor de este castillo. —Y, como señor del mismo, he decidido estar aquí contigo. Grant extendió una mano para acariciarle el cabello. Observó cómo los mechones, tan suaves como la propia seda, se le deslizaban entre los dedos. —Llevo deseando hacer esto toda la noche. Sólo esto... —susurró. Entonces, agarró una mano de Kylia y se la colocó encima del corazón—. Mira lo que le haces a mi pobre corazón. —Parece que va a salírsete del pecho. —Sí... —murmuró Grant. La miró atentamente a los ojos antes de estrecharla entre sus brazos y rozarle los labios con los suyos—, La necesidad que siento por ti es tal, Kylia, que no podría soportar dormir solo. La besó larga, lenta y profundamente hasta que Kylia suspiró y le rodeó el cuello con los brazos, entregándose así plenamente al placer. Aquello era lo único que deseaba. Sólo aquello... Estar entre los brazos de Grant, sentirse deseada por encima de todo lo demás, ser amada hasta que los dos estuvieran saciados. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan —Los míos quedaron encantados con tu presencia, Kylia —dijo él, depositando suaves besos desde la sien hasta la mejilla de la joven—. Mi hermano Dougal casi no podía ocultar la emoción que le había producido conocerte —añadió, tras besarle la punta de la nariz—. Y, evidentemente, hechizaste también a Finlay y Giles. Kylia se movió ligeramente hasta que consiguió encontrar la boca de Grant con la suya, deseosa de disfrutar de más besos. —¿Y a su señor? —A su señor le has robado por completo el corazón. Se besaron tan apasionadamente que hasta el mismísimo aire que los rodeaba pareció cargarse de electricidad. —Vaya —dijo una voz femenina. Al darse cuenta de la presencia de lady Hazlet, los dos levantaron la cabeza bruscamente—. Así es como se comporta el señor del castillo de Duncrune cuando está en la compañía de una bruja. Kylia trató de dar un paso atrás, pero Grant se lo impidió colocándole una mano sobre el hombro. La estrechó contra su cuerpo y miró a su tía. —No deberías estar aquí, tía. —Eso ya lo veo, porque tengo ojos, pero me parece que mi sobrino ha caído rendido a las artes de la brujería. —Yo prefiero llamarlo amor —replicó él. —No corrompas esa palabra con actos como de los que acabo de ser testigo, sobrino. El amor sólo es verdadero cuando está bendito por los sacramentos y atestiguado por un hombre de iglesia. Lo que esta bruja y tú compartís es algo ruin y soez, que se burla de todo lo que es bueno y decente. Grant notó que Kylia contenía la respiración, como si estuviera absorbiendo el dolor que le causaban aquellas palabras hasta el mismo corazón. Lanzó una maldición y la colocó detrás de si antes de dirigirse hacia su tía. —Quiero que te marches de estos aposentos y que no regreses nunca a ellos. ¿Me comprendes? —No tienes que prohibírmelo, porque no tengo deseo alguno de volver a ver a esta mujer ni hablar con ella. Es vulgar y te está llevando por un camino de destrucción, sobrino. ¡Qué necio eres! Estás tan cegado por su belleza que no llegas a ver el mal que acecha en su corazón. La mujer se dio la vuelta para marcharse, pero Kylia se acercó corriendo a la puerta para impedírselo. —Espere, lady Hazlet. Hay algo que debo decirle. Hazlet la apartó bruscamente y abrió la puerta. Ya en el umbral, se dio la vuelta. Aunque resultaba imposible verle los ojos a través del omnipresente velo, el odio que había en su voz hablaba por sí solo. —Estás muerta para mí, como mi sobrino. No pienso escuchar palabra alguna que provenga de tus labios ni te reconoceré en modo alguno. Y tú, sobrino, ten cuidado. Gozo de gran influencia en el Consejo. Mayor que la de ninguna bruja. Lamentarás el día en el que trajiste a esta criatura al castillo de Duncrune. Mientras los pasos de Hazlet resonaban por el pasillo, Grant cerró la puerta y tomó a Kylia entre sus brazos. Contra la sien, le susurró: —Me he equivocado al juzgar la profundidad de la pena que siente mi tía. Giles tenía razón cuando dijo que se había adueñado por completo de su mente. No dejes que sus palabras te vuelvan contra mí, amor mío — añadió, tras levantar la barbilla de Kylia y ver el gesto de preocupación que se reflejaba en la mirada de la joven. —Eso no ocurrirá nunca. —¿Me lo prometes? —Sí, pero, a cambio, debo pedirte a ti que me hagas una promesa. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan —Lo que tú desees. —No alejes a tu tía de tu vida — susurró. —Ya has escuchado las palabras que me ha dedicado. Que nos ha dedicado a los dos. Ha insultado a la mujer que amo. ¿Cómo voy a permitirle que lo siga haciendo constantemente? Kylia le tocó suavemente los labios con un dedo. —Escúchame, amor mío. A pesar de la ira de Hazlet, presiento que aún la turba algo que ocurrió en el pasado. Tal vez tema que Ranald no la amara lo suficiente. Si es así, yo puedo asegurarle que fue así. —¿Y cómo lo sabes? —Ven —respondió ella tras agarrarle de la mano y llevarlo hacia la cama—. Te contaré el sueño que he tenido. La sonrisa volvió a los labios de Grant y la calidez a su voz. —Sí. Te escucharé encantado —dijo. Le rodeó la cintura con los brazos y depositó un beso sobre el hueco de la garganta—. Cuando hayas terminado, te enseñaré todas las maravillas que yo he estado soñando.

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Capítulo 15 —Milady. Se acababa de escuchar que alguien llamaba a la puerta, seguida de una voz amortiguada por el grosor de la madera. Kylia se incorporó en la cama, muy confusa. A su lado, Grant apoyó la cabeza sobre un brazo y frunció el ceño. —Dile a Ardis que se marche —susurró, con la voz ronca por el sueño. —¿Cómo puedo hacer eso, Grant? Su deber es ayudarme a vestirme. Él hizo que se volviera a acostar y le dio un beso en la mejilla. —Dile que vuelva cuando el sol esté muy alto en el cielo. Kylia levantó la cabeza y miró hacia el balcón. —Ha estado lloviendo toda la noche. Tal vez el sol no salga durante horas. —Mejor aún. Dile que se marche. Aún no estoy dispuesto a marcharme, mi amor — murmuró, contra los labios de Kylia. —No puedo mentir... —En ese caso, dile la verdad. Al ver el desafío que se reflejaba en los ojos de Grant, Kylia se volvió hacia la puerta y dijo: —Regresa más tarde, Ardis. Aún no deseo levantarme. —Sí, milady. Cuando los pasos de Ardis se alejaron, Kylia observó la amplia sonrisa que se reflejaba en los labios de Grant. —No he mentido, Grant. Efectivamente, aún no deseo levantarme. —Muy bien —susurró él tomándola entre sus brazos y besándola hasta que los dos se quedaron sin aliento—. Después del sueño que tú compartiste conmigo anoche, me siento más inclinado a pasar cada momento del día haciendo algo placentero para tener muchos buenos recuerdos para los malos tiempos. —¿Qué te hace pensar que habrá malos tiempos? —En estos momentos... —susurró él, besándole suavemente la garganta—... me resulta completamente imposible pensar, mi amor. Entonces, mientras el castillo vibraba con sus actividades diarias al otro lado de la puerta de los aposentos de Kylia, los dos se perdieron en un cálido y cómodo mundo de suaves suspiros y apasionados besos. —Buenos días, Grant —dijo Dougal antes de darle una palmada sobre el hombro a su hermano e inclinarse ante Kylia—. Milady... Espero que hayas dormido bien en la primera noche que has pasado en este castillo. —He dormido muy bien, gracias —respondió ella. Sintió que las mejillas se le ruborizaban mientras se dirigía hacia la mesa entre Grant y su hermano—. Buenos días, Finlay. Culver, lord Giles. Los tres hombres se pusieron de pie y le hicieron una reverencia. —Milady —repuso Giles, con una radiante sonrisa—. Le aseguro que es usted una alegría para mis cansados ojos. —Eso se lo dices a todas las doncellas hermosas —replicó Finlay—. Sin embargo, en su caso, milady, no es exageración alguna. Parece que ha descansado muy bien. —Así es, gracias. Se sentó al lado de Grant y aceptó una copa de vino caliente que le ofreció un sirviente. —¿Dónde está mi tía? —le preguntó Grant a Culver. —Decidió desayunar en sus aposentos. Le pareció que sería mejor —añadió, con cierta incomodidad.

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La traición- Ruth Langan —¿Serás tan amable de comunicarle que deseo que nos acompañe esta noche a la hora de cenar? —Lo haré, primo —respondió Culver. Parecía que las palabras de Grant le habían sorprendido y agradado bastante—. ¿Significa esto que no le guardas rencor? —A mí aún me escuecen sus palabras, pero lady Kylia me suplicó un favor y no me puedo negar. Por esta buena y dulce mujer, requiero la presencia de mi tía a la mesa. Culver le hizo una reverencia a Kylia. —Eres tan sabia como encantadora, lady Kylia. Ahora, si me das tu permiso, primo, iré a transmitirle tu petición a lady Hazlet. Grant asintió. Cuando Culver se hubo marchado, miró a los demás, que habían estado escuchando la conversación en silencio. Dougal parecía muy aliviado. —Me alegro de que hayas decidido perdonar a nuestra tía, lady Kylia, porque ella ha sido como una madre para nosotros a lo largo de todos estos años. —Eso es lo que me ha explicado tu hermano. Como madre, tiene miedo de lo que no comprende. Mi familia sabe hace mucho tiempo que se nos teme en vuestro mundo por nuestros dones. —Háblame de ellos —suplicó el joven mientras comenzaba a comerse un muslo de ave. Casi al mismo tiempo, vació la copa de vino. Comía con un entusiasmo que hizo que Kylia sonriera. Al ver que Kylia lo estaba observando, Dougal se detuvo. —¿Qué ocurre, milady? —Nada. Es sólo que no estoy acostumbrada a ver a alguien con tanto apetito. —¿Es que no disfrutan los hombres de tu reino de su comida? —No hay hombres en el Reino Mítico. Bueno, sólo Jeremy, pero no estoy segura de que un trol sea lo mismo que un hombre. —¿Un trol? — preguntó Dougal muy sorprendido, tanto que se olvidó de su comida—. ¿De verdad existen los trols? —Yo sólo conozco a uno. —¿No se trata de desagradables criaturas que duermen debajo de los puentes y viven de la bondad de lo demás? —Jeremy es tan dulce como un niño, aunque estaba bastante amargado cuando vivía en este mundo. Sin embargo, ha perdonado a los que le hicieron mal. Como Bessie. —¿Es Bessie también un trol? —No —contestó Kylia, riendo—. Bessie parece una vieja arpía. Está muy encorvada, tiene joroba y unos rasgos casi terroríficos, pero cocina como un ángel y tiene la disposición de una santa. Antes de que mi familia huyera de esta tierra, nos encontramos a Jeremy y a Bessie viviendo en circunstancias extremas, por lo que los convertimos en parte de nuestra familia. Cuando nos marchamos a nuestro reino, ellos decidieron venir con nosotras porque no tenían ningún sitio al que ir. —¿Y no teníais miedo de ellos? —quiso saber Dougal. —No. Mi madre y mi abuela nos enseñaron que no debemos juzgar a las personas por su aspecto, sino que debemos ver lo que hay en su corazón. —Nunca deja de sorprenderme, milady — dijo Giles—. Si todos fuéramos capaces de seguir ese consejo, este mundo sería un lugar mucho mejor. Dougal se terminó otro muslo de ave y se reclinó sobre su asiento. —Quiero que me lo cuentes todo sobre tu reino, milady.

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La traición- Ruth Langan —En otra ocasión —repuso Grant. Inmediatamente, se puso de pie—. Ahora, debemos reunimos con el Consejo. Tenemos muchos asuntos de los que tratar. Tal vez a ti te gustaría explorar el castillo, milady —añadió refiriéndose a Kylia. —Sí, me gustaría. Antes de marcharse, Giles le hizo una sugerencia. —Los jardines del castillo están preciosos en esta época del año, querida mía. He oído que tiene un lobezno al que tal vez le gustara poder correr un poco. —Así es. Se llama Wee Lad. Gracias, lord Giles. Kylia observó cómo los tres hombres se marchaban y, entonces, se puso de pie. ¿No había dicho Culver que lady Hazlet salía a pasear todos los días por el jardín mientras rezaba? Si quería hacer las paces con la atribulada mujer, lo mejor era que empezara en aquel mismo instante. La lluvia había cesado y había dejado los jardines frescos y verdes. Las piedras que delineaban los senderos relucían bajo los rayos del sol. Wee Lad echó a correr delante de Kylia, aunque se detenía de vez en cuando para olisquear todo lo que le resultaba nuevo y extraño. La joven, que caminaba lentamente a lo largo de los setos se vio muy pronto capturada por la paz que emanaba de lo que la rodeaba. Las rosas creían abundantemente, al igual que la colorida dedalera y la fragante lavanda. Había fuentes en las que los pájaros chapoteaban y bancos de piedra que invitaban al descanso y a la contemplación de tanta belleza. Mientras el lobezno perseguía una mariposa, Kylia tomó asiento y escuchó atentamente el sonido del agua y se llenó los pulmones con los maravillosos perfumes de las flores. Le agradaba saber que los que vivían en el mundo de Grant disfrutaban de los mismos sencillos placeres de los que ella siempre había gozado en el suyo. Sonrió al ver los gestos de Wee Lad. El pequeño lobezno no dejaba de observar ni un instante a una familia de pájaros que extendían las alas y chapoteaban en el agua de una fuente, disfrutando plenamente de su baño. Estaba tan absorta contemplando el constante jugueteo del lobezno que se sobresaltó un poco al ver una figura vestida de negro que entró en su línea de visión. Hazlet, ataviada con su habitual hábito y velo negros, caminaba con la cabeza baja moviendo los labios mientras entonaba una oración silenciosa. Cuando vio a Kylia, miró a su alrededor, como si estuviera buscando un modo de escapar. Entonces, al darse cuenta de que la joven la había visto, levantó la cabeza y dedicó a Kylia una severa mirada. —¿A qué estás jugando conmigo, bruja? —¿Jugando? —preguntó Kylia. —Culver me ha dicho que mi sobrino ha requerido mi presencia en su mesa esta noche porque tú se lo has pedido a él. ¿Por qué lo has hecho? —Usted es como una madre para Grant y Dougal. Les dolería mucho verse separados de usted. —¿Qué importancia puede tener eso para ti? —Usted amó a un hombre profundamente. Usted, más que nadie, debería comprender que cualquier cosa que le haga daño a Grant me hace daño a mí también. —¿Te atreves a fingir que sientes por mi sobrino lo mismo que yo sentí por mi amado Ranald? —No estoy fingiendo nada, lady Hazlet. Amo a su sobrino. —¿Te atreves a confundir el deseo con el amor? Todo el mundo sabe que las brujas no son capaces de amar, excepto, tal vez, a los que son como ellas. Cuando Hazlet hizo ademán de marcharse, Kylia se puso de pie y se interpuso en su camino. —Hay algo que debo decirle. —No me interesa nada que tú quieras decirme. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan —Cuando llegué aquí, tuve un sueño. En él, vi a su hermano y a su amigo en el campo de batalla. Vi cómo morían y oí las últimas palabras que pronunciaron antes de perecer. Kylia vio que lady Hazlet levantaba ligeramente la cabeza y le pareció escuchar que la mujer contenía el aliento. Se armó de valor y decidió hablar inmediatamente, antes de que la dama pudiera salir corriendo. —Stirling y Ranald lucharon con gran valor, pero sus enemigos los superaban en número. —Cualquiera te podría haber contado eso. Todo el mundo sabe que mi hermano era muy testarudo. Aun cuando la fuerza de los nuestros no era rival para los invasores, utilizaba su carisma para persuadir a su ejército de que saliera a luchar al campo de batalla. El orgullo de mi hermano fue la causa de la muerte de todos esos buenos hombres y del que yo amaba. —Aunque usted culpa a su hermano, Ranald nunca lo hizo. Mientras yacía en brazos de Stirling, con su último suspiro de vida, sólo habló de usted. Hazlet se quedó inmóvil. —Ranald le suplicó a su hermano que cuidara de usted —prosiguió Kylia—. Expresó su temor de que usted se retirara del mundo «con miedo y vergüenza», según palabras del propio Ranald. Sus últimas palabras fueron que la amaba más que a la vida misma. Si Kylia había esperado que sus palabras confortaran a la dama, se quedó atónita cuando, en vez de gratitud, Hazlet mostró una airada actitud. —¡Brujerías! — exclamó mientras se llevaba las manos a las orejas, como para no poder oír lo que Kylia deseara decirle a continuación—. ¡Todo esto no son más que brujerías, traídas a mí por el Diablo en persona! — Yo creí que... —Creíste que me engañarías, que ganarías mi confianza para que luego pudieras traicionarme frente a los demás, pero yo conozco a los de tu calaña. ¡Maldita bruja! —gritó Hazlet. Entonces, vio al pequeño lobezno que, tras haber oído los gritos, masticaba ansiosamente el bajo del vestido de Kylia—. ¡Estáis hechos el uno para el otro! ¡Los dos sois criaturas salvajes! A continuación, Hazlet se agarró la falda y salió corriendo hacia el castillo. Kylia, por su parte, la contempló atónita, sin saber lo que acababa de ocurrir allí ni lo que había causado una ira tan terrible. Tras repasar lo ocurrido, no pudo encontrar razón alguna para la furia de Hazlet. Simplemente le había dicho que el hombre que ella había amado por encima de todos los demás había correspondido a su amor y le había pedido a su mejor amigo que cuidara de ella para que no se retirara del mundo por miedo y vergüenza. ¿Qué tenía que temer Hazlet de la muerte de su amado aparte de la soledad? ¿Qué podría avergonzarla, a excepción de los obstinados actos de su hermano, que lo habían llevado a él y a sus hombres a luchar en una batalla que no podían ganar? A pesar de todo, Grant y Dougal sólo sentían orgullo por el valor de su padre. ¿Cómo podría el amor de un buen hombre ocasionarle a una mujer vergüenza y miedo? Kylia volvió a sentarse sobre el banco de piedra y escuchó mentalmente las sabias palabras de su abuela. «Algunas veces las respuestas a nuestras preguntas están delante de nuestros ojos. Lo único que tenemos que hacer es observar nuestro entorno bajo una diferente perspectiva». Se colocó a Wee Lad sobre el regazo y comenzó a acariciarlo. ¿Qué sería lo que no era capaz de ver? ¿Quién tenía la clave de la pena y la ira de Hazlet? ¿Estaría Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan todo aquello vinculado de algún modo a la razón por la que se había visto obligada a acompañar a Grant a su mundo?

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La traición- Ruth Langan

Capítulo 16 Aquella noche asistieron varias docenas de caballeros a la cena que se celebró en el salón de gala, aunque aquella vez sin sus damas. A Kylia le pareció un gesto de mal agüero que todos llevaran el atuendo propio de un guerrero, con sus mantas sobre un hombro, las espadas en las vainas y los mangos de las dagas asomando por encima del cinturón. Mientras avanzaba entre ellos, se sintió empequeñecida por aquellos altos y fuertes caballeros, tan fieros y tan solemnes. Sabía que el Consejo había estado reunido a puerta cerrada durante gran parte del día y ver la intensa expresión que aquellos hombres tenían en el rostro la llenaba de intranquilidad. Grant parecía igual de circunspecto mientras la acompañaba a la mesa. Kylia se sintió aliviada al ver que Hazlet ya estaba allí, sentada entre Culver y lord Giles. Sin embargo, ¿sería aquello una buena premonición o sería sólo que lady Hazlet conocía algo que a los demás les estaba vedado? Con el velo cubriéndole el rostro resultaba imposible saber si su rostro era alegre o sombrío. Después de acompañar a Kylia a su asiento, Grant rodeó la mesa y tomó la mano de Hazlet. A continuación, se la llevó a los labios. —Te doy la bienvenida, tía. —No necesito que se me dé la bienvenida en mi propia casa. Hazlet ni lo miró ni sonrió. Mantuvo la vista gacha bajo el velo negro. —Tienes razón, pero te estoy agradecido por tu presencia en mi mesa. Grant le hizo entonces una señal al ama y las criadas comenzaron a servir. Dougal se acomodó al lado de Kylia y, como siempre, comenzó a comer alegremente todo lo que se le ofrecía. Al ver la sonrisa de la joven, se detuvo para chuparse los dedos. —¿Qué comes tú en tu reino, milady? —Más o menos lo mismo que aquí. Pescado, aves, carne y las muchas frutas y verduras que crecen en nuestro huerto? —¿Tenéis un huerto? ¿Y quién lo cuida? —A mi hermana Allegra era a la que más le gustaba, pero cuando se marchó para casarse con un lord de las Tierras Altas, la tarea recayó sobre mí, aunque, de vez en cuando, mi hermana Gwenellen me echa una mano. —¿Y no podéis ordenarles simplemente a las plantas que crezcan? —¿Te desilusionarás mucho si te digo que tenemos que trabajar, lo mismo que vosotros? —replicó ella, entre risas. Dougal consideró la pregunta durante un instante. Entonces, se sirvió una porción de salmón. —Sí, confieso que siento cierta desilusión. Había esperado que tu Reino Mítico estuviera repleto de cosas increíbles, como... como peces que saltan a la cazuela o pájaros que saben hablar. Grant le guiñó un ojo a Kylia antes de tomar la palabra. —Supongo que, a continuación, desearás caballos que vuelan y pequeñas hadas aladas que revolotean entre los árboles, ¿no es cierto? Los que había sentados alrededor de la mesa se echaron a reír. Dougal se mostró algo avergonzado, pero al final se echó a reír él también. —Supongo que me estaba comportando como un necio, pero, ¿cuál es el propósito del Reino Mítico si es como el resto de los reinos? —Sí. Tienes razón. ¿Cuál es su propósito? —preguntó Grant. Entonces, compartió una cómplice sonrisa con Kylia y tomó un sorbo de su cerveza. Minutos después, al ver que todos habían terminado de cenar, lord Giles se puso de pie, se sacó la espada de la vaina y la levantó para requerir el silencio de Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan los comensales. Inmediatamente, todos los guerreros que abarrotaban el salón guardaron silencio para observar y escuchar, presintiendo que aquel era un momento de gran importancia. —El Consejo se ha reunido hoy para informar del estado de sus ciudadanos y decidir quién nos dirigirá en los días venideros —dijo Giles. Entonces, se volvió hacia el lugar que ocupaba Culver—, Nuestro estimado primo anunciará la decisión del Consejo. Culver se puso de pie y se alejó de la mesa para que su voz pudiera llegar a todos los rincones del salón. —Durante la ausencia de nuestro jefe, Grant MacCallum, se produjo el robo de varias ovejas del rebaño de Kenneth MacCallum. Después del robo, se sugirió que se debería elegir un nuevo jefe de este clan para que no se consintiera que un hecho así volviera a producirse. Cuando varias voces se alzaron lanzando gritos de protesta, Culver se sonrojó. Tras una pequeña pausa, volvió a tomar la palabra. —No importa quién realizó esta sugerencia, pero el nombre que se ofreció como nuevo jefe del clan fue el de Dougal MacCallum, el hermano menor del actual jefe. Grant se volvió para observar a su hermano, quien tenía las mejillas ruborizadas por la incomodidad que había sentido al escuchar aquellas palabras. —Dougal rechazó la oferta y pidió al Consejo que demorara la decisión hasta el retomo de su hermano. Cuando se indicó que cabía la posibilidad de que nuestro jefe no regresara de un viaje tan peligroso, su hermano insistió una vez más en que el Consejo se tomara su tiempo. Más tarde, supimos que las ovejas habían sido robadas por un bárbaro que actuaba en solitario y que estaba de paso por esta zona y que se las cambió a James MacCallum por una manta y un cuchillo. Cuando James se enteró del robo, devolvió las ovejas a su primo Kenneth —explicó Culver. Tras aclararse la garganta, prosiguió hablando—. Durante la ausencia de nuestro jefe se creyó que se había producido otro delito. El hijo pequeño de Russell MacCallum estuvo desaparecido un día y se temió que hubiera sido secuestrado. Una vez más, se sugirió que nuestro clan carecía de un jefe fuerte, pero, antes de que se pudieran tomar medidas al respecto, se descubrió que el niño se había salvado de morir ahogado por la rápida intervención de John MacCallum, quien se llevó al muchacho a su propia casa y lo alimentó y cuidó de él antes de devolvérselo a sus agradecidos padres. Culver miró a su alrededor, contento de contemplar las sonrisas que veía en los rostros de sus parientes. Satisfecho de su informe, se volvió hacia Giles, quien se colocó de pie a su lado. Con voz clara. Giles anunció: —Anoche supimos del noble gesto de nuestro jefe, que ha tenido como resultado la promesa de lealtad del líder del clan Kerr. Eso sólo sirvió para confirmar la fe que tenemos en el hombre que elegimos como nuestro jefe. Después de emitir su voto, el Consejo ha afirmado una vez más su promesa de afecto y lealtad a nuestro jefe, Grant MacCallum. Al oír aquellas palabras, Dougal se sacó la espada de la vaina y se la presentó a su hermano antes de arrodillarse a sus pies. —A ti, mi hermano y jefe, te ofrezco mi corazón y mi espada. Grant mostró un gesto atónito y agradecido al escuchar las palabras de su hermano. Entonces, le tocó suavemente en el hombro con la espada. —Levántate, hermano. Tu devoción me ha emocionado profundamente. Las palabras de Grant provocaron que los ojos de Kylia se llenaran de lágrimas. A lo largo de la narrativa de Culver se habían adueñado de ella sus peores temores. No quería ni imaginarse lo que habría sentido Grant. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan El gesto de Dougal fue repetido por Finlay, a continuación por Giles y finalmente por Culver, que, como los demás, se arrodilló y juró su lealtad antes de verse tocado en el hombro por su líder. Después, todos los caballeros en la sala imitaron su ejemplo. Juraron su lealtad a Grant y se fueron colocando a su lado hasta que estuvo rodeado de leales guerreros. Kylia miró atentamente los ojos de cada uno de ellos, esperando descubrir así el que pudiera haber estado mintiendo. Sin embargo, cuando todos hubieron jurado su fidelidad, no estaba más cerca de la verdad que al principio. Ninguno de ellos era el traidor. Miró a Hazlet, que había permanecido en silencio a lo largo de la cena. Parecía estar distraída, como si no le interesara en absoluto aquella demostración de lealtad para con su sobrino. Cuando se dio cuenta de que Kylia la estaba observando, su agitación se acrecentó. Rápidamente se levantó de la mesa y abandonó el salón. Su marcha dejó a Kylia profundamente turbada. —¿Estás segura de que no viste traidor alguno entre mis hombres, amor mío? Grant y Kylia estaban tumbados sobre el lecho de ella, observando cómo las oscuras nubes ocultaban la luna en el cielo nocturno. —Los miré a todos a los ojos. No vi nada que indicara traición. —¿Crees que te lo podrían haber ocultado? Kylia sonrió y le acarició suavemente la boca con un dedo. Tenía una boca tan firme y tan cálida, que le daba tanto placer... —¿Pudiste tu esconder los sentimientos que tenías hacia mí, Grant? Al oír aquellas palabras, él se echó a reír. —Y yo que creí, neciamente, que mis pensamientos eran secretos. —Y lo son, pero a mí no me los puedes ocultar. Sin embargo, puedes estar seguro de que no los compartiré con nadie más. Grant se inclinó sobre ella y la besó. Kylia se incorporó un poco y le colocó una mano sobre el pecho. —Tu corazón debería latir mucho más ligero ahora que tus hombres te han jurado apego y lealtad. —SÍ —susurró él. Le encantaba sentir las caricias de Kylia sobre su cuerpo—, pero no se me olvida que alguien muy cercano a mí me traicionó antes de nuestra última batalla. Nunca me habría imaginado que podría ocurrir algo así, Kylia. Ella detuvo la mano. El mismo pensamiento la turbaba a ella. —Lo sé. —Las tierras de los MacCallum son muy amplías. Nuestras gentes están desperdigadas por colinas y valles. Muchos de mis más fieles guerreros ya han regresado a sus casas para ocuparse de sus rebaños y de sus cosechas. Si es necesario, haré que me acompañes a visitar cada granja y cada casa hasta que hayas mirado a los ojos de cada uno de ellos. —Si eso es lo que deseas, mi amor. En realidad, Kylia sabía que había una persona en d castillo a la que nunca había podido mirar a los ojos. No quería albergar sospecha alguna sobre la mujer que Grant quería como si fuera una madre, pero el velo de Hazlet era el método perfecto para impedirle a cualquiera mirar en su alma. Sin embargo, Kylia decidió no mencionar sus sospechas hasta que pudiera confirmarlas o negarlas. —Déjame pensarlo —dijo él. Entonces, la obligó a tumbarse—. Por el momento, déjame amarte, Kylia. —Si es eso lo que deseas... El resto de la frase desapareció en los besos de Grant. Después, ya no tuvieron necesidad alguna de intercambiar palabras, dado que se perdieron en su amor. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan Kylia estaba de pie en el balcón de sus aposentos. Observaba a Grant y a Dougal, que se dirigían hacia el pueblo de Duncrune a lomos de sus caballos. Allí, habían acordado reunirse con Culver y lord Giles. Como se sentía algo inquieta, se cubrió los hombros con un chal y salió de sus aposentos, con Wee Lad pisándole los talones. Decidió ir al jardín a buscar a Hazlet, para ver sí podía encontrar algún modo de ver el alma de la mujer a través del velo. Aunque la entristecía profundamente, estaba cada vez más convencida de que la tía de Grant estaba relacionada directamente con las traiciones que había sufrido el jefe del clan. De camino al jardín, se encontró con la minúscula ama Gunn. —¿Necesita algo, milady? Si no recordaba mal, era la primera vez que la anciana la hablaba a ella directamente. Tal vez Ardis la había convencido de que no se convertiría en sapo por acercarse demasiado a la bruja. Aquel pensamiento hizo que Kylia sonriera. Efectivamente, había notado que todos los criados guardaban las distancias con ella. —No, gracias. Dado que el lord no está, pensé que iría a dar un paseo por el jardín. Es decir, si no tiene usted objeción alguna, ama. —Por supuesto que no, milady —replicó el ama, aunque no dejaba de mirar al lobezno con cierto aire de sospecha—, pero abríguese bien con el chal, porque la brisa es hoy algo fresca. ¿O acaso no siente usted el frío como nosotros? —añadió mirándola de reojo. —Siento todo lo que usted siente, ama. El frío, el hambre, el miedo... —¿Miedo? —repitió el ama, completamente atónita—. ¿De verdad? —Claro que sí. Mis hermanas y yo somos mujeres corrientes con dones algo extraordinarios, que hemos prometido utilizar exclusivamente para hacer el bien. —Entonces, ¿no hechizaría usted a nadie sólo para gastarle una broma? —Si lo hiciera se debilitarían mis dones y, con el tiempo, podría perderlos, como los perdieron muchos antes de nosotras. —Oír eso me consuela —suspiró el ama, muy aliviada. —Ama Gunn, ¿conoce usted a lady Hazlet desde hace mucho tiempo? —Sí, porque estuve al lado de su madre el día en el que ella nació. —De niña, ¿siempre era tan seria? —¿Seria? —repitió la mujer. Entonces, se echó a reír—. De niña, Hazlet era un tormento para sus padres. Era una niña muy salvaje y alocada. Los desafiaba constantemente, al igual que a su hermano Stirling. En realidad, quería acompañarlo y aprender el arte de la guerra. —¿El arte de la guerra? ¿Hazlet? —preguntó Kylia, muy sorprendida. —Sí. Todo cambió después de la llegada de Ranald. La joven Hazlet comenzó a disfrutar de las ocupaciones propias de las mujeres que había despreciado durante tanto tiempo. Sin embargo, cuando Ranald murió, lady Hazlet se recluyó en sus aposentos y se aisló de todo el mundo. Creo que habría permanecido allí hasta que la muerte la hubiera reclamado si no hubiera sido por el nacimiento prematuro de Dougal. —¿Asistió usted también ese nacimiento? —El castillo estaba pasando por momentos difíciles. La pequeña guarnición de hombres que se quedaron aquí para proteger a las mujeres y a los niños consiguió repeler a los bárbaros. Entonces, comenzaron a llegar los cuerpos de los muertos —susurró, santiguándose inmediatamente—. El cadáver del jefe, el de Ranald... Si no recuerdo mal, Hazlet se ocupó del alumbramiento mientras los demás preparábamos los entierros. Más tarde nos enteramos de que lady Mary había muerto en el parto. —¿Y Hazlet no volvió a regresar a sus aposentos? Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan —No podía hacerlo. Se tenía que ocupar del hijo mayor del difunto jefe y de su hermano recién nacido. Durante un tiempo, Hazlet pareció dejar a un lado su pena, pero, más tarde, cuando los muchachos se fueron haciendo hombres, la pena volvió y con ella un fervor religioso que nunca antes se había visto en ella. Al ver que la cocinera se acercaba a ella, el ama abrió la puerta que llevaba al jardín. —Que disfrute de su paseo, milady — concluyó. —Gracias, ama. Kylia salió al exterior y dejó al lobezno en el suelo antes de comenzar a caminar por el sendero. A causa de los altos setos, era imposible ver un sendero desde otro. La joven se dejó llevar por la belleza de lo que los rodeaba mientras avanzaba hacia el laberinto sin dejar de pensar en lo que el ama le había dicho. Al escuchar el sonido de los cascos de los caballos, levantó la mirada y vio a Gresham, que llevaba de las riendas a uno de los rocines. Inmediatamente, Wee Lad se escondió entre las faldas del vestido de la muchacha. Tras quitarse el sombrero, Gresham le hizo una profunda reverencia. —Le deseo muy buenos días, milady. ¿Le gusta pasear por los jardines? —Sí, son preciosos. Esperaba compartir mi paseo con lady Hazlet, pero no he visto señal alguna de ella. —Si no está en los jardines, tal vez esté en la cripta. La visita diariamente, aunque no le proporciona consuelo alguno. Me temo que lady Hazlet no encontrará nunca la paz hasta que se una con Ranald en el otro mundo — añadió, bajando respetuosamente la voz. —¿Cree que desea la muerte? El hombre se encogió de hombros. —No lo sé, milady, pero lo que sí sé es que no encuentra placer alguno en esta vida —dijo. Parecía a punto de contarle algo más, pero se lo pensó mejor—. ¿Le gustaría que uno de los criados la acompañara a la cripta? —No es necesario. Según se me ha dicho está debajo del castillo. —Así es. Si decide ir, llévese una vela, milady, porque está muy oscura e infestada de toda clase de alimañas. Las palabras de Gresham le provocaron a Kylia un escalofrío de pavor por la espalda.

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Capítulo 17 Tras encerrar a Wee Lad en sus aposentos, Kylia comenzó a descender por la estrecha escalera de piedra que había debajo de la capilla. Bajo la luz de la palmatoria que llevaba en la mano, veía perfectamente los roedores que huían despavoridos a su paso. Sobre su cabeza, había pesadas vigas de madera que descansaban sobre las columnas de piedra que soportaban la estructura. Estaba empezando a lamentar su decisión de haber acudido allí. Sería mucho mejor esperar hasta el día siguiente, cuando podría encontrarse con Hazlet en el soleado jardín. O tal vez podría convencer a Ardis de que la acompañara a los aposentos de la dama, donde las dos mujeres podrían conversar en privado. Sería mucho más civilizado. Si proseguía en su empeño, no sólo tendría que enfrentarse a las sospechas de lady Hazlet, sino también a la oscuridad de las catacumbas. Ella, por su naturaleza, prefería el sol. Sería mucho mejor para ella enfrentarse a Hazlet a la luz del día. Justo cuando estaba a punto de darse la vuelta para regresar sobre sus pasos, oyó un sonido que la hizo detenerse en seco. Era el llanto de una mujer. ¿Se habría caído Hazlet? Si era así, estaría tumbada, sola y herida en aquel horrible lugar. A pesar de que no le apetecía seguir bajando, el tierno corazón de Kylia no le permitiría salir huyendo. Bajó los últimos escalones y siguió por un pasillo oscuro y estrecho. Cuando dio la vuelta a una esquina, se quedó atónita al ver el espectáculo que contemplaron sus ojos. Unas enormes puertas de piedra estaban abiertas de par en par y el madero que se había utilizado para asegurarlas estaba caído a un lado. Kylia entró en una enorme sala que servía como mausoleo familiar y que contaba con más de una docena de tumbas labradas en piedra que descansaban sobre pedestales del mismo material. Un ángel tallado en piedra levantaba los brazos en señal de bienvenida y parecía hacer guardia en el centro de la sala. La tenue luz de varias antorchas colocadas en cavidades de la pared reflejaba espectrales sombras sobre el techo. —Lady Hazlet, ¿dónde está? ¿Se encuentra bien? —preguntó Kylia mientras avanzaba por la sala buscando el lugar del que provenía aquel llanto. Vio inmediatamente a Hazlet. Estaba tumbada sobre una de las tumbas con los brazos extendidos, como si tratara de abrazar al que estaba allí enterrado. Unos apenados sollozos se le desgarraban de la garganta. Atónita por la profundidad del dolor de Hazlet, Kylia dio un paso atrás, avergonzada de haber sido testigo de una escena tan intima. Antes de que pudiera retirarse, Hazlet levantó la cabeza llena de ira. Rápidamente, se puso de pie y avanzó a través de la sala como si fuera una criatura salvaje. —¿Qué derecho tienes de venir a la última morada de mi familia, pensando que me puedes ofrecer consuelo con las últimas palabras de mi amado Ranald? No tienes derecho alguno, bruja —le espetó. Entonces, empujó a Kylia con tanta fuerza que la joven se golpeó contra el ángel de piedra y cayó. La palmatoria se le escapó de las manos y la llama de la vela se apagó con la tierra que cubría el suelo. Sin que pudiera evitarlo, Kylia se golpeó la cabeza contra la base de piedra de la estatua. Tardó un momento en recuperarse del dolor que se apoderó de ella. Un delgado hilo de sangre le caía de la sien y le manchaba el cuello y el hombro del vestido. Asombrada por la violencia de sus actos, Hazlet permaneció inmóvil, con la mano sobre la boca y la respiración muy agitada.

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La traición- Ruth Langan —Perdóname. No quería... —susurró. Parecía bastante confusa—. Sólo quería transmitirte mi ira. Nunca quise... Estás sangrando —añadió, tras arrodillarse al lado de Kylia. A pesar del dolor y del hecho de que la cripta no dejaba de dar vueltas a su alrededor, la joven se incorporó. Contuvo el aliento y trató de poner palabras a sus pensamientos. —Esto no tiene ningún sentido. ¿Por qué no iba a reconfortarla saber que el último pensamiento coherente que Ranald tuvo antes de morir fue dedicado a usted, lady Hazlet? —No tenía necesidad alguna de que me reconfortaras —replicó Hazlet. Dio un paso atrás y empezó a andar de arriba abajo por todo el mausoleo, como si no supiera si salir huyendo o quedarse—. Yo ya sabía lo mucho que me había amado. Aunque la cabeza seguía dándole vueltas, Kylia se puso de pie. Desgraciadamente, dio un traspié y cayó sobre la tumba a la que Hazlet había estado abrazada. Bajo la tenue luz de las antorchas, pudo leer el nombre que había tallado sobre la lápida. Stirling MacCallum. Como las letras no dejaban de bailar ante sus ojos, Kylia sacudió la cabeza y se esforzó por enfocar la vista. ¿Por qué era Stirling? ¿Por qué no era Ranald? —No lo comprendo. Pensaba que su pena era por Ranald, el gran amor de su vida. ¿Por qué sigue llorando por su hermano? De repente, Hazlet adoptó una actitud desafiante. —Esto no es asunto tuyo —replicó—. Tal vez lloro por las vidas perdidas, por los sueños desperdiciados. Sean cuales sean las razones, son exclusivamente mías y mías seguirán siendo. No necesito que una bruja me examine el alma. —Es cierto, pero, ¿y el que la juzgará cuando muera? ¿Le mentirá también a Él? —¿Cómo te atreves a hablarme a mí de Dios, cuando las almas malvadas como la tuya están condenadas al infierno durante toda la eternidad? —¿Es eso lo que de verdad cree, lady Hazlet, o es simplemente lo que quiere hacerse creer para sentir consuelo? —Yo no necesito consuelo alguno, y mucho menos de alguien de tu calaña. Kylia miró a su alrededor buscando una oportunidad para escapar. Estaba convencida de que aquella mujer estaba completamente loca. Al darse cuenta de que Hazlet le bloqueaba la salida, se dio cuenta de que necesitaría un arma con la que defenderse. De repente, comprendió que lo único que podía hacer era tratar de descubrir los secretos de Hazlet. Esas eran las únicas armas que necesitaba. Con rapidez, extendió la mano y arrancó el velo que cubría el rostro de lady Hazlet. Entonces, rápidamente, se dejó caer al suelo. —¿Cómo te atreves? Kylia rodó sobre el suelo y se pegó a una de las paredes de piedra. Rápidamente, se puso de pie, agarró una antorcha e iluminó el rostro de lady Hazlet. Cuando sus miradas se cruzaron, Kylia sintió una profunda conmoción por todo su cuerpo. Fue como si una daga le hubiera atravesado el corazón. Sin poder evitarlo, se tambaleó y fue a golpearse contra la dura piedra de la tumba. Al ver la palidez del rostro de la joven, Hazlet dio un paso atrás y levantó una mano para protegerse los ojos de la luz. —No... No permitiré que lleves a cabo tus brujerías conmigo... —Es demasiado tarde —susurró Kylia. Dejó caer la antorcha y permitió que ésta se apagara contra el suelo.

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La traición- Ruth Langan No le alegraba lo que acababa de averiguar. En un breve suspiro lo había visto todo. El amor. El odio. La razón de la vergüenza. La desesperación de una mujer en conflicto con todo lo que creía. Alarmada ante la callada resignación de Kylia, Hazlet se dio cuenta de que había ocurrido lo peor. ¿Podría ser que aquella joven hubiera visto de verdad su alma? Agarró el brazo de Kylia, con una súplica desesperada en la voz. —No puedes decir nada. No debes hacerlo. ¿Es que no lo ves? Nos destruirá a todos. —Sí... Kylia cayó de rodillas, demasiado débil como para permanecer de pie. Al verla, Hazlet se arrodilló a su lado. —¿Me guardarás el secreto? Kylia la miró y, una vez más, se encontró inmersa en el alma de la mujer. Cerró los ojos, deseando con todas las fibras de su ser poderse olvidar de todo lo que acababa de descubrir. —No ofreceré la verdad, pero, si me preguntan, no podré mentir. Me está prohibido. Si lo hiciera, pondría en peligro mis dones. —¿Tus dones? ¿Es en eso en lo único que piensas? ¿Y qué hay de las vidas de los que se verán destruidos por la verdad? —La elección fue suya, Hazlet. Hace muchos años, eligió una mentira, una mentira que lleva corroyéndole el alma desde entonces. —¿Y qué? Es mi alma. Mi vida. No tienes ningún derecho sobre ella. —Es cierto. Ojalá nunca hubiera oído de hablar de usted ni hubiera averiguado nunca su mentira. Sin embargo, estoy aquí a petición de su sobrino, que la ama como si fuera usted su madre. Le aseguro que no añadiré mentiras mías a la suya. —Nos destruirás a todos —le espetó Hazlet. Entonces, agarró un pesado candelero de oro y se puso de pie—. Te crees mejor que los mortales, ¿verdad, bruja? Tu honradez no te va a servir de nada ahora. Acabas de sellar tu propio destino. —¿Sería capaz de añadir el asesinato a su lista de pecados, Hazlet? Al escuchar las palabras de Kylia, Hazlet la miró durante un largo tiempo. Entonces, arrojó el candelero al suelo. —Si no puedo matarte, al menos te haré sufrir tal y como yo he sufrido. Como una loca, Hazlet empezó a correr por el mausoleo, tirando antorchas y velas al suelo y apagándolas contra la tierra. Entonces, con la última vela que quedaba encendida en la mano, se dirigió hacia la puerta y se volvió con un gesto triunfal en el rostro. —No se me ocurre un lugar más perfecto para una criatura de otro mundo que esta sala llena de muertos. Veamos qué poderes tienes sobre ellos, bruja. Kylia observó cómo las puertas se cerraban lentamente detrás de Hazlet. El mausoleo quedó en una profunda oscuridad. Desde el otro lado de la puerta, oyó cómo el madero se colocaba sobre sus soportes al otro lado de la puerta para asegurar las dos hojas. Entonces, se produjo un espectral silencio, roto únicamente por el sonido de su propia respiración. Kylia trató de no dejarse llevar por el pánico que amenazaba con apoderarse de ella. Sin embargo, cuando el silencio se hizo completo, pudo escuchar el sonido de las ratas que se deslizaban sobre la tierra. Cuando sintió que algo le rozaba el bajo del vestido, lanzó un grito. —¿Kylia? —dijo Grant, tras entrar en los aposentos de la joven. Sólo el pequeño lobezno salió a recibirlo. Entre risas, lo tomó en brazos y le rascó la oreja—. Ya veo que no eres el cachorrillo herido y débil que encontramos en el Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan bosque. Ardis —añadió, al ver a la doncella—, ¿quieres ir al dormitorio de lady Kylia para pedirle que salga? —Lady Kylia no está aquí, milord. —Veré si está abajo —replicó Grant, tras entregarle a la muchacha el lobezno. Después de recorrer los jardines por todas partes, fue en busca del ama. La encontró en el salón de gala, preparando la cerveza para la cena. —Pensé que encontraría a lady Kylia aquí contigo, ama. —No, milord. No la he visto desde primeras horas de la tarde —replicó la mujer. Al ver que lady Hazlet entraba en el salón seguida de Dougal, sonrió—, ¿Quiere que empiece a servir ya la cena, milord? —Hasta que encuentre a lady Kylia no. Al oír las palabras de su hermano, Dougal se echó a reír. —¿Crees que se ha perdido o que simplemente se ha escondido? Grant se encogió de hombros. —Su criada no la ha visto, como tampoco el ama, desde primeras horas de la tarde. —Tal vez se ha marchado al pueblo. —No. La habríamos visto por el camino. Voy a ir a preguntarle al resto de los criados. Alguien tiene que haberla visto. Dougal se decidió a seguir a su hermano. —Iré al establo —dijo—. Tal vez decidió salir a montar a caballo. —Si ha sido así, Gresham lo sabrá. Cuando los dos hermanos se hubieron marchado, lady Hazlet se acercó al fuego para calentarse. Parecía la señora del castillo de Duncrune de pies a cabeza. Se había puesto un vestido y un tocado limpios y, como siempre, llevaba su velo ocultándole el rostro. Sin embargo, tenía tanto frío... Ni siquiera los leños que ardían en la chimenea podían hacer desaparecer el frío que sentía en el alma. Era como si la sangre se le hubiera convertido en hielo. Con un escalofrío pensó que, tal vez, era el corazón lo que se le había congelado. Durante mucho tiempo, había vivido intensamente la vida. Sin embargo, ésta se había terminado para ella el día en el que su hermano y su amante habían dejado sus vidas en el campo de batalla. De nuevo, sentía que todo había vuelto a ocurrir. El dolor, la conmoción, el miedo y la vergüenza. Todo por culpa de una bruja.

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Capítulo 18 Kylia respiró profundamente hasta que sintió que el pánico iba remitiendo. Después de todo, ¿qué había allí dentro que pudiera temer? Hazlet no le había hecho ningún daño. Simplemente la había encerrado en el mausoleo. Aunque estaba muy oscuro, hacía frío y había humedad, no suponía una amenaza para su vida. Había sufrido aquella clase de incomodidades antes. Se cubrió bien con el chal y comenzó a buscar una solución. Decidió que lo primero que necesitaba era luz. Extendió los brazos y comenzó a entonar los antiguos cánticos. A los pocos minutos, vio que una tenue luz iluminaba la estancia. Vio que en una de las antorchas que había sobre la tierra ardía una pequeña brasa. Llena de alegría, se apresuró a levantarla del suelo hasta que comenzó a arder vivamente. Tras colocarla en uno de los huecos que había en la pared, tomó el resto de las antorchas y velas y las fue encendiendo hasta que estuvieron todas ardiendo. Se colocó en el centro de la sala, con una repentina oleada de seguridad en sí misma. Ya tenía calor y luz. Justo entonces, un orondo ratón se le subió a la punta de la bota. Aunque su primer impulso fue lanzar un grito, se agachó y extendió una mano. —Hola, pequeña criatura. ¿Estoy entrometiéndome en tu casa? El ratoncillo comenzó a olisquearle los dedos. —Veamos si me quedan algunas migas de la comida de Wee Lad. Se registró los bolsillos y encontró un pequeño trozo de la galleta que había compartido con el lobezno horas antes. Cuando extendió la mano, el ratón la observó con cierta cautela antes de acercarse. Al final, incapaz de resistirse, se le subió a la palma de la mano y devoró la comida. —¿Ves? —comentó, riendo—. Yo te tenía miedo a ti y tú me tenías miedo a mí. Sin embargo, ahora estamos compartiendo tu casa y mi comida. Ojalá fueras lo suficientemente fuerte como para levantar el madero que me mantiene prisionera. Cuando el ratón se marchó, la joven decidió acercarse a la puerta y probar otro hechizo. Recordó el que Gwenellen había utilizado para levantar a Bessie hasta el tejado de la casa y cómo se habían reído de la pobre Bessie. En realidad, Gwenellen había estado tratando de llamar a la lluvia. Pobrecilla. Definitivamente, se le daban bastante mal los hechizos. Levantó los brazos y comenzó a entonar los antiguos cánticos. Momentos más tarde, oyó que el pesado madero se frotaba contra los hierros que lo sujetaban y que empezaba a levitar. Cuando las puertas se abrieron, se dispuso a salir con una sonrisa. Sin embargo, descubrió que no había sido su hechizo el que había abierto la puerta, sano las manos de Hazlet, que estaba al otro lado del umbral con un pequeño y amenazador cuchillo en la mano. —¡Grant! —exclamó Dougal, mientras entraba en el castillo seguido del encargado de los establos—. Gresham me acaba de decir que Kylia pensaba reunirse con nuestra tía en la cripta. —Resulta muy extraño que la tía Hazlet no lo haya mencionado —comentó Grant. Tenía en brazos a Wee Lad. —Eso fue hace horas, milord —dijo Gresham, tras quitarse el sombrero como gesto de respeto—. Tal vez lady Hazlet se haya olvidado. —Sí —afirmó Dougal—. Oye, Grant, ¿por qué no dejas suelto al lobezno para ver si encuentra a Kylia? Grant lo pensó durante un instante. Entonces, asintió. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan —¿Y por qué no? Este animal la adora, igual que ella a él —repuso mientras colocaba al lobezno en el suelo—. Encuentra a tu ama, Wee Lad. El lobezno permaneció inmóvil un instante, mirando a su alrededor lleno de confusión. Entonces, se dirigió inmediatamente hacia la capilla, con Grant y Dougal pisándole los talones. Una vez allí, el lobezno olisqueó los escalones de piedra que llevaban hacia la cripta. Al cabo de un instante, comenzó a bajar. Dougal y Grant lo siguieron inmediatamente. —No consigo imaginarme que lady Kylia se haya metido en un lugar como éste — comentó Dougal. —Ni yo —repuso Grant—. Y si hubiera sabido antes que nuestra tía se pasa la vida aquí debajo, le habría prohibido que regresara. No me extraña que lleve años tan desanimada. Sólo ver este lugar me hace anhelar el aire fresco y la luz de la mañana. A medida que fueron avanzando por el oscuro pasillo, vieron que una tenue luz brillaba delante de ellos. Entonces, oyeron voces de mujer. Al reconocer la de Hazlet, se detuvieron para escuchar. —No ha estado bien que te encerrara aquí, Kylia Drummond. No has hecho nada para merecerte este tratamiento —decía Hazlet. Entonces, dejó de hablar y miró a su alrededor. Enseguida, se dio cuenta de los cambios—. Te dejé sin luz, pero las antorchas están ahora encendidas. ¿Cómo es posible? La voz de Kylia no contenía ira ni amargura alguna. —Es sólo uno de los muchos dones que he descubierto aunque, sinceramente, no sé si podría recordar las palabras exactas. —¿Conjuraste la luz? —Sí. También estaba tratando de levantar el madero. En realidad, pensé que lo había conseguido cuando vi que las puertas se abrían. Desgraciadamente, parece que mis escasos dones no sirven para tanto. Sin embargo, te estoy muy agradecida de que hayas regresado para liberarme, Hazlet. Al ver que Dougal y Grant estaban en la puerta, la joven sonrió a modo de saludo. —¿Cómo me habéis encontrado? ¿Os ha guiado hasta aquí vuestra tía? Grant no sonrió. Dejó de mirar a Kylia y se centró rápidamente en su tía. —¿Qué significa esto? ¿He escuchado bien? ¿Fuiste capaz de encerrar a Kylia en un lugar tan tétrico como éste? —Lo que ha ocurrido aquí queda entre nosotras —repuso Hazlet—. No tengo intención de discutirlo contigo, sobrino —añadió. Se guardó el cuchillo en el bolsillo de su hábito y se dirigió hacia la puerta. En el umbral, se detuvo y se volvió para mirar a Kylia—. Estoy segura de que la bruja estará encantada de contártelo todo. Después de todo, ésa es la razón de su presencia en el castillo. Mientras el sonido de los pasos de Hazlet se alejaba, Grant se volvió hacia Kylia. —He oído que mi tía decía que te había encerrado en este lugar. ¿Es eso cierto? —le preguntó. Kylia miró a los dos hermanos. Vio idénticas expresiones de asombro en sus rostros. —Tu tía estaba disgustada e hizo algo de lo que ahora se lamenta. Debo aceptar su disculpa y no guardarle rencor. Dougal sonrió. —¡Dios santo! —exclamó—. Ahora veo por qué mi hermano te ama tanto. Eres una mujer notable, Kylia. En vez de experimentar alegría al escuchar aquellas palabras, Kylia sintió que el corazón le daba un vuelco. —Ahora no debemos hablar de amor. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan —En eso estoy de acuerdo —dijo Grant, que la estaba observando muy atentamente—. Ya habrá tiempo para eso más tarde. Por ahora, cuéntame lo que ocurrió entre mi tía y tú para que ella decidiera encerrarte en este lóbrego lugar. Kylia negó rápidamente con la cabeza. —No te lo puedo contar —susurró ella bajando la cabeza. —Me lo dirás todo —insistió Grant. Entonces, la agarró de la barbilla para obligarla a mirarlo. —No. —Dime la verdad, Kylia. ¿Has averiguado algo que sea de importancia vital para mí? —Así es, pero es el secreto de Hazlet y sólo ella te lo puede contar. Ahora, deseo regresar a mi reino. —Teníamos un acuerdo —le recordó Grant—. Te quedarías hasta que hubieras averiguado el nombre de la persona que me traicionó... De repente, Grant pareció entenderlo todo. Durante un largo instante estudió el rostro de Kylia antes de volver a tomar la palabra. —Me enfrentaré a esto y entonces hablaremos de tu futuro. —Había esperado... Debo marcharme de aquí, Grant. No puedo quedarme. —Por favor, Kylia... No puedo abandonar a mi gente otra vez en un momento tan peligroso como éste. Debo encargarme de que el asunto con mi tía se concluya inmediatamente. —Y yo debo marcharme —replicó ella—. Mi presencia aquí sólo será fuente de más dolor para ti y para ella. Los dos quedaron en silencio. Dougal, por su parte, los miraba atónitos. Al final, Grant asintió levemente. —Está bien. Haré que mi hombre de confianza, Finlay, te acompañe. —Déjame ir a mí también, Grant —suplicó Dougal—. Sería para mí un honor acompañar a lady Kylia a su reino. —Por no mencionar una aventura —añadió Grant. —Sí. Una aventura que llevo mucho tiempo soñando. —Ten cuidado, Dougal. El viaje no es agradable. Te verás sometido a duras pruebas, tanto para el cuerpo como para la mente. Dougal se tensó inmediatamente. —¿Acaso me consideras un guerrero menos valiente que Finlay? —Claro que no —respondió Grant mientras le daba a su hermano una palmada en el hombro —, pero hay muchos que trataron de llegar al Reino Mítico y que no han vivido para contarlo. Te quiero mucho, Dougal. Tú eres la única familia que tengo. —Haré que te sientas orgulloso de mí — afirmó Dougal. Luego dedicó a su hermano mayor una radiante sonrisa y añadió: —Entonces, tu y yo podremos sentamos alrededor del fuego cuando seamos viejos para hablar de las maravillas que vimos en el reino de lady Kylia. La voz de la joven hizo que los dos se volvieran a mirarla. —No lo entiendes, Dougal. Sólo se te permitirá escoltarme hasta las orillas del Lago Encantado. Desde allí, yo regresaré sola a mi reino. —¿Por qué tengo que detenerme a orillas del lago? —Hay fuerzas que te impedirán seguir. —Mi hermano las superó. —Sí, Dougal. En el fuego de tu hermano ardía un fuego lo suficientemente potente como para superarlas. Tu corazón no alberga ningún fuego, al menos no por el momento —añadió, pensando en los secretos de Hazlet—. Tal vez algún día. —¿Deseas aún acompañar a lady Kylia?—le preguntó Grant. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan —Sí. Al menos conseguiré experimentar el Bosque de la Oscuridad y ver las aguas del Lago Encantado. —En ese caso muy bien. Prepárate para marchar mañana. Cuando Dougal se marchó corriendo, Grant asió las manos de Kylia y tiró de ella. —Debo hablar con Finlay para organizar que lo acompañen algunos de mis hombres. Después de eso, me reuniré contigo en tus aposentos. —¿Para despedirte de mí? —dijo ella. —Para tratar de hacerte cambiar de opinión, amor mío. Si me dejas, te aseguro que mi corazón dejará de latir. —Lo mismo le ocurrirá al mío, pero debo hacerlo. Grant la tomó entre sus brazos y le impidió seguir hablando con un rápido beso. A continuación, volvió a besarla hasta que las cabezas de ambos comenzaron a darles vueltas. —¿ Cómo voy a poder soportar que te marches, Kylia? —Yo tampoco podré soportarlo, pero debo hacerlo. Grant le agarró la mano y entrelazó sus dedos con los de ella. Ya en la puerta, se inclinó para recoger al pequeño lobezno y entregárselo a Kylia. En silencio, comenzaron a subir los escalones, sabiendo que cada uno de ellos los acercaba un poco más al dolor de la separación.

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Capítulo 19 Mientras Grant charlaba en voz baja con Finlay y Dougal, Kylia estaba de pie frente al fuego, con Wee Lad entre sus brazos. Ni el calor del pequeño lobezno ni el de la hoguera lograban derrotar el frío que le envolvía el corazón. Amaba a Grant. Había comenzado a apreciar su casa y a los suyos. Sin embargo, ¿cómo podía permanecer allí, conociendo el secreto que lady Hazlet guardaba en el corazón? Algo tan terrible corroería el amor que Grant y ella compartían. Él lamentaría el hecho de que Kylia supiera algo que se negaba a compartir con él. Poco a poco, el tiempo iría destruyendo los sentimientos que sentían el uno por el otro. Escuchó la voz de Grant, suave y resignada. —Entonces, ya está todo acordado. Os marcharéis por la mañana. Kylia apretó el rostro contra el cuello del lobezno, deseando poder rendirse a la necesidad de llorar. — ¡Mi señor! —exclamó Ardis, tras entrar en el salón de gala. Estuvo a punto de chocarse con el ama, que llevaba entre las manos una bandeja de copas de cerveza. — ¿Es que no tienes modales, muchacha? —Le espetó la anciana ama—. Márchate de aquí ahora mismo. —Pero ama... —susurró la criada. —Ya me has oído. Fuera de aquí. Ardis se dio la vuelta y se dispuso a obedecer. Desde la puerta, musitó: —Lady Hazlet me ordenó que tenía que decirle al señor... —¿Lady Hazlet? — preguntó Grant, dejando inmediatamente su copa—. ¿Qué tienes que contarme de mi tía, Ardis? La muchacha miró al ama, que no hacía más que fruncir el ceño, y luego a su señor, que la animaba a que se acercara un poco más. Tímidamente, avanzó hacia el lugar donde estaba Grant, retorciéndose las manos para tranquilizarse los nervios. —Cuando lady Hazlet se enteró de que Dougal se iba a marchar del castillo de Duncrune para acompañar a lady Kylia a su casa, se puso... se puso muy agitada. Me envió a buscarlo, milord, junto con su hermano y lady Kylia. — ¿Quiere que vayamos a sus aposentos? —No, milord. A la cripta. Grant se apartó de los otros y cruzó el salón para acercarse al lugar en el que estaba Kylia. — ¿Has oído eso? —Sí. —Vamos, amor mío Grant la agarró del codo. Con su amado a un lado y Dougal al otro, Kylia avanzó una vez más hacia las catacumbas. Con cada paso que daba, sentía que los latidos del corazón se le aceleraban un poco más. ¿Iría lady Hazlet a revelar su secreto? Si era así, ¿cómo reaccionarían Grant y Dougal al enterarse de las noticias? Para Kylia, decir la verdad era tan natural como respirar. Sin embargo, para alguien como Hazlet, que se había pasado gran parte de su vida presa de una mentira, podría resultar demoledor y seguramente ocasionaría un profundo dolor a los que inocentemente la habían creído. Cuando entraron en la cripta, vieron que Hazlet estaba de pie entre las tumbas de Ranald y Stirling. La tenue luz de las antorchas que alineaban las paredes le otorgaba a su rostro un aire espectral.

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La traición- Ruth Langan —Deteneos —dijo Hazlet, levantando un brazo para impedir que se acercaran demasiado a ella. No prestó ninguna atención ni a Dougal ni a Kylia. Se centró completamente en Grant— De niña, tenía celos de mi hermano Stirling. Tú te pareces tanto a él. Mientras él estudiaba las lenguas antiguas, a mí me enseñaban a coser. Sin embargo, yo aprendía en silencio, escuchaba y tomaba mis lecciones. Cuando él se fue a estudiar el arte de la guerra, yo me quedé en el castillo, para aprender el humilde arte de llevar una casa para un hombre, aunque, en el fondo de mi corazón, yo era tan guerrera como él. Cuando regresó para que se le proclamara jefe de nuestro clan, yo le supliqué que me permitiera ir con él al campo de batalla. —No lo sabía, tía —dijo Grant, atónito. —¿Y cómo ibas a saberlo? Era mi secreto. Y, más tarde, mi vergüenza. —No... Hazlet levantó la mano para obligarlo a guardar silencio. —Cuando Stirling regresó a casa de sus estudios, trajo con él a un primo, Ranald, que se había convertido en su mejor amigo. Ranald no era como el resto de los guerreros. Había en él una bondad, una ternura que yo nunca había visto en otro hombre. Le importaba de verdad lo que había en mi mente y en mi corazón. Con el tiempo, le entregué mi corazón. Yo era joven y atolondrada y me enamoré locamente de él. Cuando supimos que los invasores se dirigían a nuestras tierras por dos frentes, se acordó que Ranald dirigiría un ejército de guerreros hacia el norte y que Stirling llevaría el resto hacia el sur. Un tercer contingente permanecería aquí en el pueblo para defender a los que se quedaran... Empezó a ocurrirme algo que yo no pude comprender —prosiguió, tras una pequeña pausa— . Lloraba por todo y me ponía de mal humor incluso cuando Ranald trataba de consolarme. Cuando averigüé la razón de tales cambios, llegué a la conclusión de que mi hermano haría que me metieran en un convento de clausura para que nunca más volviera nadie a verme. —¿Y por qué pensaste eso, tía? Cuando Dougal le hizo la pregunta, Hazlet se volvió para mirarlo, como si lo viera por primera vez. El duro gesto de sus ojos se suavizó durante un instante. Entonces, parpadeó y apartó rápidamente la mirada. —Decidí que debía actuar antes de que mi hermano pudiera hacerme algo así. Cuando se marchó con su ejército, yo envié una carta a nuestros atacantes para comunicarles el lugar en el que mi hermano había decidido esperarlos. —¿Traicionaste a tu propio hermano? — preguntó Grant, con voz cortante. —Sí —admitió Hazlet—. Y te culparé a ti de que no quieras matarme para vengar su muerte. La muerte ya no supone una amenaza para mí, porque he pagado el precio de mis pecados de un modo peor que con la muerte. Lo que yo no sabía era que Stirling había cambiado de planes y que le había pedido a Ranald que luchara a su lado. Cuando me enteré de que tanto mi hermano como el hombre al que yo amaba habían muerto, me encerré y juré quedarme en mis aposentos hasta que la muerte, me llevara a mí también. —Pero no moriste, tía —le espetó Grant, agarrando el mango de la espada con gesto amenazador. —Sí morí, de una manera que tú nunca conocerás ni comprenderás —replicó Hazlet. Entonces, miró a Kylia—. La bruja sabe lo que ocurrió a continuación porque me arrancó el velo y me miró el alma a través de los ojos. Ahora, no me importa que vosotros lo sepáis también —añadió, levantando la cabeza con orgullo—. No me ocultaba por pena, sino por vergüenza. Estaba encinta del hijo de Ranald. Al oír aquellas palabras, Grant y Dougal se miraron muy sorprendidos. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan —¿Qué ocurrió con el niño? — quiso saber Grant, con un tono muy duro de voz—. ¿Lo mataste para evitarte la vergüenza? —Supongo que, en mi estado de locura, se me pasó por la cabeza, aunque nunca hubiera podido hacer algo así con un niño indefenso. —¿Por qué no? Acabas de admitir que causaste la muerte de tu propio hermano. —Sí, pero en realidad no había pensado en las consecuencias de mis actos. Había un demonio dentro de mí que me obligaba a comportarme de un modo que no se parecía a nada de lo que había hecho antes. —¿Qué hiciste con el niño, tía Hazlet? — preguntó Dougal, tras dar un paso al frente. Hazlet apartó la mirada. —Tu madre se puso de parto demasiado pronto. Como la batalla alrededor del castillo ya había comenzado, no había nadie que pudiera asistirla en el parto. Cuando Mary me vio, supo enseguida que la hora del alumbramiento de mi hijo también había llegado. Con lágrimas en los ojos, le confesé mi culpa y le supliqué su perdón. Nunca sabré si fue la conmoción que le produjo saber que yo había traicionado a su esposo o el parto en sí mismo, pero, fuera cual fuera la razón, tanto Mary como su bebé murieron. —No —replicó Dougal—. Querrás decir que nuestra madre murió. Yo sigo aquí, tía. Hazlet lo miró y, entonces, los ojos se le llenaron de lágrimas. —Tú no eres el hijo de Mary y de Stirling, Dougal. Eres mi hijo. Supe que, haciéndote pasar como el hijo de ellos, los tuyos te amarían en vez de vilipendiarte por ser el hijo bastardo de Ranald —susurró. Entonces, en silencio, ahogó un sollozo—. Mi castigo ha sido ver cómo te convertías en un hombre sin saber que yo era tu madre. —¿Por eso me traicionaste a mí como traicionaste a mi padre? —le espetó Grant, lleno de ira—. ¿Para que Dougal pudiera ocupar mi lugar como jefe del clan? Hazlet asintió, demasiado abrumada como para poder hablar. Por fin, susurró: —No culpes a Dougal. Él es inocente. —Yo no lo culpo a él. Él siempre será mi hermano. En cuanto a ti, tía... —Hay un demonio dentro de mí. Algunas veces puedo superarlo. Otras, es él el que me supera a mí y tengo que ceder a sus órdenes. Hazlet levantó la mirada y observó lentamente a Grant. Entonces, centró toda su atención en Dougal, como si estuviera memorizando todos los rasgos de su rostro. —Eres como él, ¿sabes? —le dijo—. Te pareces tanto a mi adorado Ranald. Amable, paciente y bueno. Perdóname, hijo mío. Con un rápido movimiento, se sacó un puñal del bolsillo de su hábito. La hoja, afilada como una cuchilla, relució bajo la luz de las antorchas. Antes de que nadie pudiera impedírselo, lo levantó y se lo hundió en el pecho. Entonces, se arrojó sobre la tumba de su amado para morir. Dougal fue el primero que llegó al lado de Hazlet. La levantó suavemente de la tumba y la colocó en el suelo mientras la sangre le manaba entre los dedos y comenzaba a encharcar el suelo. —¡Ayúdala! —le gritó a Kylia—. Si hay alguien que pueda salvarla, ésa eres tú. —Ojalá pudiera ser así —susurró Kylia arrodillándose sobre la tierra a su lado. —Eres una bruja. —Sí, pero el don para curar del que disfruto es muy débil. Necesitaría a toda mi familia a mi alrededor para poder curar alguien con una herida tan mortal como ésta. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan —Entonces, llámalas, Kylia. Te lo suplico. Kylia miró a Grant, que estaba de pie al lado de ellos, mirando a la mujer que había amado y honrado durante toda una vida. De mala gana, asintió. —Sí, Kylia. Dougal tiene razón. Debemos hacer todo lo que podamos para salvarla. Al oír aquellas palabras, Kylia cerró los ojos y extendió los brazos. —Familia mía... Un favor os pido. Dejad la comodidad de vuestro hogar y venid a mí... Se produjo un fuerte rugido, como si se tratara de un poderoso viento. La llama de las antorchas comenzó a moverse y, de repente, aparecieron en la cripta tres mujeres ataviadas con vaporosos vestidos. Cada una de ellas saludó a Kylia con un abrazo. —Abuela. Madre. Gwenellen. Me alegro tanto de que hayáis podido venir. —¿Y cómo no íbamos a hacerlo? —dijo Nola, con voz muy suave. De repente, se produjo un nuevo torbellino de aire. Cuando las llamas de las antorchas se calmaron, apareció una cuarta mujer en medio de la bruma. —¡Allegra! ¡Oh, Allegra! Todas las mujeres se acercaron a la recién llegada para abrazarla efusivamente. —Estaba paseando por los jardines con mi amado Merrick cuando oí una voz que me llamaba. Temo que mi esposo se sobresaltó un poco, pero ha aprendido que debe esperar lo inesperado al convivir con una bruja — explicó Allegra, con una sonrisa—. ¿Por qué me has llamado, Kylia? —Te necesito, Allegra. Os necesito a todas. Ésta es Hazlet, cuyo sentimiento de culpa y vergüenza por su comportamiento la ha llevado a tratar de terminar con su vida. Wilona tocó suavemente la herida. —Efectivamente es muy grave. Tal vez sea mejor que la dejemos pasar al otro lado. —¡No!—gritó Dougal. —Acaba de enterarse de que la mujer a la que él ha estado toda su vida llamando tía es en realidad su madre —explicó Kylia—. Pensad en todas las cosas que le quedarán pendientes en el corazón si ella muere ahora. Las mujeres miraron a su alrededor. Entonces, comenzaron a formar un círculo alrededor de Hazlet. Wilona se volvió hacia Dougal y extendió una mano. —Eres sangre de su sangre —le dijo—. Es importante que tú también te unas al círculo. Inmediatamente, Dougal tomó la mano de Wilona en la suya. Al ver que Grant se echaba a un lado, Kylia extendió una mano. —Tú también eres sangre de su sangre, amor mío. Al escuchar aquellas palabras, las mujeres se miraron las unas a las otras muy sorprendidas. Antes de que Grant le tomara la mano, Kylia se inclinó y tomó al lobezno. Entonces, lo metió entre los pliegues de la túnica de Grant. Cuando el círculo estuvo completo, hizo una señal a su abuela, quien comenzó a recitar las antiguas palabras. Poco a poco, todos comenzaron a repetirlas, hasta que muy pronto la cripta se llenó del sonido de sus voces. De repente, la cripta desapareció. Estaban volando por los aires, con Hazlet colocada en el centro del círculo. A pesar de que Dougal se sorprendió mucho, no se soltó. Grant hizo lo mismo, sin dejar de observar cómo Kylia y su familia seguía recitando los antiguos cánticos. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan Flotaron sobre colinas y praderas, sobre lagos, arroyos y densos bosques antes de asentarse sobre una verde pradera sobre la que flotaba la fragancia de las flores silvestres. Siguieron agarrados de las manos y recitando las antiguas palabras. Entonces, vieron que los párpados de Hazlet se agitaban y que por fin se abrían. —Estás viva, madre —dijo Dougal, cayendo de rodillas a su lado. Los demás observaban la escena en silencio. —¿Madre? —preguntó Hazlet muy sorprendida—, ¿Significa eso que he muerto y ya he subido al cielo? —No. Kylia y su familia te han devuelto a la vida. —¿La bruja? —preguntó, mirando a su alrededor—. ¿Acaso estoy aquí para purgar mis pecados? —No —dijo Wilona suavemente—. Has vuelto para que puedas tener una segunda oportunidad de ser la mujer que debías haber sido. —¿Y qué mujer es ésa? —quiso saber Hazlet. Dougal le tomó la mano. —Tal vez puedas empezar siendo mi madre —susurró. Hazlet miró a Grant. —¿Y tú, sobrino? Como jefe de nuestro clan, tienes derecho a matarme por mi traición. —Así es. La idea resulta muy tentadora, dado que mi corazón sufre por la pérdida de un padre que nunca conocí. Sin embargo, ¿cómo puedo hacer menos que Dougal o que esta mujer, cuya bondad nos ha puesto a todos en evidencia? Al ver a Kylia al lado de Grant, una amplia variedad de emociones se reflejó en el rostro de Hazlet. —He sido malvada. Cruel. Deshonesta. Soy culpable de todo lo que te he acusado a ti. Sin embargo, tú has utilizado tus poderes para salvarme. ¿Cómo podré pagar la deuda que he contraído contigo? —Puedes vivir el resto de tus días con bondad, caridad y honradez —respondió Kylia—. Es lo que se les pide a todos los que regresan de la otra vida. —Te doy mi palabra —susurró Hazlet. Entonces, cerró los ojos muy lentamente. Dougal levantó la mirada, muy alarmado. —¿Se nos muere otra vez? —No —contestó Wilona—. Ha tenido un viaje muy largo y duro desde el otro lado. Ahora debes dejarla descansar. Mi hija y yo nos ocuparemos de su cuidado. Gwenellen, tal vez podrías llevar al muchacho a explorar nuestro reino durante un rato. —Sí. Con una sonrisa, Gwenellen agarró la mano de Dougal y los dos empezaron a correr por la pradera. Entonces, la pequeña se detuvo para mirar a su hermana, que seguía aún al lado de Grant. —¿Venís vosotros? —No —respondió Grant—. Nos quedaremos aquí. Tenemos muchas cosas de las que hablar. Mientras Gwenellen y Dougal se marchaban, Kylia se percató del gesto sombrío que se reflejaba en los ojos de Grant. Sintió que el corazón se le detenía. Había algo oscuro e inescrutable en él que la asustó mucho más que el Bosque de la Oscuridad o los secretos que había descubierto en el corazón de Hazlet.

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Capítulo 20 Kylia tocó suavemente el brazo de Grant. —¿Qué te ocurre, mi amor? Él le agarró la mano y comenzó a caminar hasta que los dos llegaron a lo largo de una colina. Más abajo, estaban Gwenellen y Dougal mirando las copas de los árboles, en las que reían y susurraban las hadas. A otro lado de la pradera, en el exterior de su acogedora casa, estaban Nola y Bessie removiendo algo en un enorme puchero. Parecían estar preparando la comida. Por su parte, Wilona y Jeremy estaban arrodillados a ambos lados de Hazlet, humedeciéndole la frente y cubriéndola con una manta de piel. Grant volvió a tomar la palabra. Habló con un tono solemne y serio. —Han ocurrido tantas cosas... Todo lo que he sabido hoy me ha conmocionado profundamente. Ya no soy el hombre que pensaba que era, ni Dougal es el hermano que yo creía. —Pero aún os seguís queriendo. Eso no ha cambiado. —Sí, lo quiero mucho, pero nuestras lealtades estarán ahora divididas. Veo que él desea conocer a la madre que nunca tuvo, mientras que yo la odio por haberme privado del padre del que nunca disfruté. —Tu resentimiento desaparecerá con el tiempo, Grant. —Rezo fervientemente para que así sea. No quiero albergar odio en mi corazón, sobre todo cuando veo la bondad que hay en ti. Sin embargo, no sé si seré capaz de perdonar lo que sea necesario para restañar las heridas que hay en nuestra familia. —Te llevará tiempo. —Tiempo... —susurró él, con cierta repugnancia. —Sí. Date tiempo para dejar que estos cambios se fundan contigo. Date tiempo para perdonar, para aprender a amar. —¿Y si no puedo? ¿Y si la tela que une nuestra familia se ha desgarrado para siempre? —Estoy segura de que tejerás una nueva. Juntos tejeremos una nueva y verás que el pasado ya no importa. —Pero a mí sí me importa, ¿es que no lo ves? —replicó él. Observó durante un momento las dos manos unidas. Entonces, se soltó muy lentamente—. Tú vives en un paraíso. Yo vivo en un mundo de mentiras, engaños y violencia. ¿Qué hombre querría compartir ese horror con alguien tan bueno y cariñoso como tú? —Yo he aprendido a amar a tu tierra, a tu gente. —Eso es porque tu corazón es bueno y puro, pero, ¿es que no lo comprendes, Kylia? La gente de mi mundo nunca cambiará. Incluso los que se proclaman santos son capaces de engañar, de mentir y de robar. Y de matar —añadió, en voz algo más baja—. Mírame. Yo he matado a hombres en el campo de batalla. ¿Qué diferencia hay entre el hecho de matar a nuestros enemigos o a nuestros hermanos? —Claro que hay diferencia, Grant —afirmó Kylia. Le tocó suavemente el rostro y lo miró fijamente a los ojos, deseando que él comprendiera la sinceridad de sus palabras—. Tú luchas contra los invasores para que tu gente pueda vivir en paz. Incluso estás dispuesto a sacrificar tu vida por ellos. ¿Puede haber algo más honorable que eso? —Tal vez sea necesario y honorable como tú dices, pero arrebatarle la vida a otro nunca podrá ser bueno. Mientras tu familia y tú os pasáis el tiempo curando a los demás, yo me paso el mío infligiendo heridas mortales. ¿Cómo puedo pedirte que dejes una vida en el paraíso por lo que yo te puedo ofrecer? Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan —Pregúntamelo. Pregúntame y deja que sea yo quien tome esa decisión. En vez de las palabras que Kylia deseaba tan desesperadamente escuchar, Grant se limitó a sacudir la cabeza. Entonces, se marchó, dejándola de pie en lo alto de la colina, con el corazón rompiéndosele en un millón de trozos. Se reunieron todos alrededor de una mesa festiva bajo la sombra de un árbol. El contraste entre Kylia y su familia, ataviadas con sus lujosos vestidos de llamativos colores, y la sobriedad del hábito de monja de Hazlet, resultaba muy llamativa. Aunque ya no llevaba el velo sobre el rostro, se había ocultado el cabello con un trozo de tela marrón y mantenía la cabeza baja mientras los demás mantenían una animada conversación. Resultaba evidente para todos que la culpa le pesaba demasiado sobre los hombros. Wilona rodeó a su hija con un brazo y miró con afecto a sus tres nietas, que se estaban turnando para alimentar a Wee Lad. —¿No te parece fantástico tenerlas a todas juntas de nuevo? —Sí —respondió Nola. Entonces, apretó con fuerza la mano de Allegra—. ¿Cómo te va la vida con tu amado Merrick y su hijo Hamish? —Somos muy felices, a pesar del hecho de que Merrick ha estado lejos de nosotros durante más de dos semanas dirigiendo un ejército contra los invasores. Grant miró a la hermana mayor de Kylia con repentino interés. —¿Cómo supera la ausencia de su esposo cuando marcha a la batalla, milady? —Como cualquier otra esposa. Permanezco todo lo ocupada que me resulta posible sin dejar de preocuparme por él. —Sin embargo, tiene que ser mucho peor para alguien como usted. —¿Para alguien como yo? —preguntó Allegra, sin comprender. —¿No lamenta haber dejado el paraíso para vivir con un simple mortal? Allegra soltó una carcajada. —Puede que Merrick sea mortal, pero no hay nada simple en todo su cuerpo, como tampoco lo es lo que siento por él. ¿De qué me serviría a mí el paraíso si no puedo estar con él? —¿De qué? —replicó Grant, atónito—. Aquí no hay crueldad, ni enfermedad, ni mentiras ni engaños. Aquí podría disfrutar del amor de su familia. Podría compartir sus risas y sentir el calor del sol sobre el rostro todos los días. No habría ni dolor ni pena. —¿Ni pena? Si es eso lo que cree, es que nunca ha experimentado el amor, milord. A mí se me advirtió que cambiaría por el amor de un mortal, pero hasta que lo experimenté por mí misma, no lo comprendí. Usted nos cree diferentes a los mortales, pero se equivoca. Cuando hemos encontrado el amor, nos convertimos en seres como ustedes. Podemos subir al cielo por el puro goce de amar o caer en las profundidades de la desesperación por la pérdida del ser querido. Verá, Grant MacCallum. A pesar de todos nuestros dones aquí en el Reino Mítico, de todos nuestros hechizos y conjuros, se nos puede romper el corazón. Nola miró a Kylia, que llevaba muy callada durante toda la velada. —Ven, hija. Ayúdame a servir el té. Cuando estuvieron en el interior de la casa. Nola colocó las tazas sobre una bandeja mientras Kylia servía en ellas el té. —¿Amas a este hombre, hija mía? —Sí —respondió ella, sin rodeos. —Sin embargo, el amor te hace infeliz. ¿Acaso no corresponde él a tus sentimientos? —Creo que sí, pero los secretos que ha revelado su tía lo han convertido en un hombre airado y amargado. No desea llevarme a un hogar en el que se vive así.

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La traición- Ruth Langan —Cree que otros tienen una familia perfecta y que él es imperfecto, ¿no es así? — preguntó Nola, con una sonrisa. Kylia asentó—. Si lo amas y él corresponde a ese amor, encontrarás el modo de hacerle cambiar de opinión. —¿Cómo? —replicó Kylia, con los ojos llenos de lágrimas—. Él está ansioso por regresar a su casa y me ha dejado muy claro que no me va a pedir que lo acompañe. —En ese caso, debes tratar de hacerle cambiar de opinión. Después de todo, tú dispones de ciertos dones. —La abuela y tú me enseñasteis que no tengo derecho a utilizarlos para mis propias necesidades. —Tal vez, sólo en este caso, podríamos hacer una excepción. Cuando su madre salió de la casa con la bandeja en las manos, Kylia permaneció a solas en la cocina, preguntándose cómo podría obrar tal magia en alguien tan testarudo y obstinado como Grant MacCallum. Mientras tomaban el té y comían fruta recién recolectada de los árboles, el sol comenzó a ocultarse por el horizonte. Las sombras del atardecer comenzaron a reunirse a su alrededor. Hazlet, que estaba sentada al lado de Dougal, se volvió hacia Kylia y rompió el silencio que se había impuesto a sí misma. —Milady, ¿cómo podré darte las gracias por el don tan maravilloso que me habéis dado tu familia y tú? —No es necesario que nos des las gracias —respondió Kylia. —Sin embargo, yo deseo pagar mis pecados. He permitido que la amargura, el orgullo y la tristeza arruinaran mi vida y las de todos los que amaba. Por favor, creedme cuando os digo que cambiaría con gusto esta nueva vida que se me ha dado por poder convenceros de que lo más importante del mundo es el amor. No todos lo encontramos. Y algunos, a pesar de sentirlo, no se ven correspondidos. No obstante, si se es lo suficientemente afortunado como para amar y verse amado, se debe hacer todo lo posible para nutrir el mayor don de todos. Al oír aquellas palabras, Grant se puso de pie. —Con vuestro permiso —dijo—. Necesito dar un paseo para bajar esta deliciosa comida. Cuando estaba a punto de marcharse, Kylia se levantó. —Creo que yo también iré a disfrutar del aire de la noche. Inmediatamente, el lobezno se marchó tras ella. Los demás permanecieron al lado de la casa, observando las dos sombras que, poco a poco, se iban fundiendo con la oscuridad. Kylia se acercó a Grant, consciente de que él estaba haciendo un gran esfuerzo para no tocarla. Cuando llegaron a lo alto de la colina, levantaron la cabeza para observar la cúpula de estrellas que se extendía por encima de sus cabezas. —Mis hermanas y yo cabalgamos entre ellas una noche. —¿Y cómo fue? —preguntó Grant girándose para mirarla. —Maravilloso. Fue como... como la primera vez que tú me besaste. Grant sintió una extraña sensación por la espalda. Él también recordaba aquella primera vez y el efecto imborrable que había tenido sobre él. —Dudo que un beso pueda compararse con ir cabalgando entre las estrellas. —Claro que sí, si los dos que comparten el beso están destinados a estar juntos desde el principio de los tiempos. —Kylia, no sabes... Ella le colocó un dedo sobre los labios para silenciar su protesta. —Te vi por primera vez cuando no era más que una niña y mi corazón te reconoció enseguida. Después de eso, cada vez que tu rostro aparecía en el lago o Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan en mis sueños, te conocía un poco mejor. No puedes seguir negándome lo que te estás negando a ti mismo, amor mío. —He tomado una decisión, Kylia —afirmó él agarrándole la muñeca con fuerza—. Cuando me marche de aquí, lo haré solo. —Porque sientes que no me mereces — dijo ella suavemente, sin amargura. —Eso es. —Si te marchas sin mí, no conocerás un momento de paz. Yo turbaré tus sueños y te seguiré mientras llevas a cabo tu rutina diaria. Verás mi rostro en cada doncella y escucharás mi voz hasta en el susurro de un arroyo. Cada vez que respires, me respirarás a mí. Te lamentarás de tu pérdida como sólo puede hacerlo un amante rechazado. —Tamaña crueldad no es propia de ti, Kylia —replicó Grant, atónito por el fervor que ella demostraba. —No seré yo quien lo haga, sino tú mismo. Has visto cómo tu tía lleva sufriendo toda una vida por las decisiones que tomó y, a pesar de todo, quieres adoptar unas muy similares. —Yo elijo no tener que mentir o engañar para tener lo que desea mi corazón. ¿Es que no lo ves, Kylia? Yo podría mentirte, prometerte el paraíso entre mis brazos. Sería un paraíso para mí, pero para ti significaría una vida de infierno, esperando mientras yo me enfrento a los invasores. Podría suplicarte, decirte que nunca amaré a otra del modo en el que te amo a ti. Aunque puede que sea cierto, es también egoísta por mi parte. Deseo para ti algo mejor de lo que yo te puedo ofrecer. —¿Y qué hay acerca de lo que yo deseo? Te deseo a ti — suspiró ella, al ver que Grant no respondía-—. Sólo a ti. Y esto —añadió., Le rodeó el cuello con los brazos y se puso de puntillas para darle un beso en la boca—. Sólo esto. Grant había creído que podría resistirse, pero, en el momento en el que sintió la boca de Kylia, experimentó un fuerte deseo que le impulsó a responder con un lento y profundo beso que hizo que la cabeza le diera vueltas y que pareciera que el suelo desaparecía bajo sus pies. —¿Cómo es posible que me desees, Kylia? —murmuró, contra los labios de ella—. Soy débil, mi amor. Un hombre débil y mortal. Eso es algo de lo que seguramente te lamentarás algún día. —No me arrepentiré de nada. Ni ahora ni nunca —prometió. Se pegó con fuerza a él. Necesitaba sentir cada centímetro de su piel. —Amor mío... —musitó Grant. Le dio una serie de besos sobre los ojos, las mejillas y la punta de la nariz, antes de reclamar una vez más su boca—. ¿Como he podido vivir sin ti? Prométeme que, por muy alocadamente que me comporte, nunca me dejarás. —Te lo prometo. —Y yo te prometo que te amaré sólo a ti, mi dulce y hermosa Kylia. La estrechó entre sus brazos y le besó la sien, respirando el aroma que emanaba de ella. Por encima de sus cabezas, las estrellas comenzaron a bailar en el cielo, como si fueran unos centelleantes fuegos artificiales. A sus pies, Wee Lad levantó la cabeza a la luna y, por primera vez en su joven vida, aulló. Cuando los dos se separaron un poco, Grant se echó a reír. —Veo que aquí en el Reino Mítico tenéis unos métodos poco usuales de anunciar las cosas de importancia. —Sí. Espero que no te importe. —¿Importarme? — comentó él, riendo—, A mí se me había ocurrido gritarlo desde las copas de los árboles, pero tu método es mucho mejor, amor mío. Le tomó la mano y, con el pequeño lobezno pisándoles los talones, regresaron hacia la casa para compartir las buenas nuevas con los demás. Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan

Epílogo El pequeño grupo estaba de pie, formando un círculo. Cada uno de ellos tenía una vela en la mano. La luna se había convertido en un enorme globo dorado que resaltaba sobre el cielo de la medianoche. El aire nocturno estaba perfumado por el dulce aroma de las rosas. Dougal estaba al lado de Grant. Tenía puesta la mano sobre su hombro, observando cómo Kylia, acompañada de sus hermanas Allegra y Gwenellen salían de la casa y comenzaban a cruzar la pradera hacia ellos. Ella iba ataviada con un vestido blanco que parecía haber sido tejido por los ángeles. Su espeso cabello negro, entrelazado con flores, le caía por los hombros y el rostro como un velo de seda. Cuando llegó al lado de Grant, él le tomó las manos y se quedó atónito al sentir lo caliente que estaba su piel y el amor que se reflejaba en sus ojos. Los dos juntos, se dirigieron hacia Wilona, quien colocó una mano sobre las que ellos ya tenían entrelazadas. —Para todas las cosas hay un momento. Un tiempo para vivir y un tiempo para amar. Al escuchar aquellas palabras tan familiares, Kylia sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. —Decid ahora lo que guardan vuestros corazones. La voz de Grant era fuerte, con ricos matices, cuando tomó la palabra sin dejar de mirar a su futura esposa. —Yo había creído que podría negar el amor que siento por ti para poder librarte de las penurias de mi mundo. Sin embargo, ya no puedo negarte a ti, amor mío, más de lo que podría negar mi propia vida. Te amo, Kylia del clan Drummond. Te adoraré el resto de mis días y más allá de mi muerte — prometió. Entonces, se sacó una pequeña bolsa de la túnica y la abrió para dejar al descubierto las joyas que había tomado del Lago Encantado—, Con estas piedras yo te entrego mi amor y mi vida. Mientras las derramaba en las manos de Kylia, las piedras parecieron fluir como lágrimas líquidas, pálidas y luminosas como las estrellas que brillaban en el firmamento. Entonces, mientras, misteriosamente, unas comenzaron a danzar en el aire, otras formaron un collar alrededor de la garganta de Kylia, sujetas por un hilo de oro casi invisible. Kylia parpadeó para no llorar. No quería que nada le impidiera ver el rostro de Grant mientras hablaba desde el fondo de su corazón. —Llevo toda mi vida conociéndote. Mi amigo, mi amor, mi esposo... Seré tuya para siempre, tanto en este mundo como en el próximo. Wilona levantó las manos sobre las cabezas de los novios para bendecirlos. —A partir de ahora ya no sois dos, sino uno sólo. Un corazón. Un amor. Una voluntad. Ya no tenéis dos familias sino una. Idos y llevad a cabo vuestras vidas juntos. Sin embargo, recordad siempre que aquí, en el Reino Mítico, tenéis un hogar. Los que dejáis atrás estarán esperando vuestras visitas. Se volvieron para aceptar las sinceras felicitaciones y abrazos de su familia. Nola se secó las lágrimas de los ojos. Entonces, tomó a su hija entre sus brazos y le besó la mejilla. —Temía que estuvieras enamorada del amor, pero ahora sé que amas de verdad no a un ideal sino a un hombre que sólo quiere lo mejor para ti. —Sí. Soy muy afortunada, madre. —Efectivamente.

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La traición- Ruth Langan Kylia abrazó a su abuela y a sus hermanas antes de dirigirse a Jeremy y Bessie para recibir sus felicitaciones. Cuando besó la mejilla de Kylia, Dougal sonreía de felicidad. —Ahora tengo una hermana —dijo. —Y yo un hermano. Es algo que siempre he deseado. Con una sonrisa, Dougal abrazó con fuerza a Grant. —Has elegido muy bien, hermano mío. Cuando los dos se separaron, Grant lo miró a los ojos y asintió. —Yo siempre elijo bien, no sólo a mi esposa, sino también a mi hermano, porque tú eres mi hermano, Dougal. Si no nacimos de la misma madre, sí compartimos la misma sangre. Somos hermanos de corazón. Ahora y siempre. Al oír aquellas palabras, Hazlet, que se había mantenido en un discreto segundo plano, dio un paso al frente y le extendió la mano. —Te ofrezco mis más sinceros deseos de felicidad, sobrino. Hoy he vuelto a nacer. Ahora, podré morir siendo una mujer feliz. Grant le agarró la mano y la abrazó. —Lo importante es, tía, si puedes vivir siendo una mujer feliz. —¿Qué quieres decir con eso? —preguntó ella, sorprendida. —Si de verdad has vuelto a nacer, debe de haber una razón para ello. Tal vez sea para que aprendas cómo disfrutar de la vida para variar, en vez de vivir siempre sumida en la tristeza. —Creo que tienes razón, sobrino. Lo intentaré —prometió Hazlet. Entonces, sorprendió a todos cuando se empinó y le dio un beso en la mejilla. Cuando Hazlet se disponía a apartarse de Grant, él se lo impidió y la besó también en la mejilla. —Ya está, tía. No te ha dolido, ¿verdad? Tal vez cuando regresemos a Duncrune podrías dejar que lord Giles hiciera lo mismo. Hazlet lo miró atónita. Entonces, se volvió para mirar a Kylia. —Tienes un halo de serenidad que resulta muy atractivo —dijo, mientras le tomaba las manos—. Espero que me enseñes a amar, a perdonar y a encontrar la felicidad que tú ya has hallado. Kylia sonrió. —Creo que ya estás aprendiendo, tía Hazlet. Grant tomó de la mano a su esposa. —Ahora debemos marchamos, amor mío. Mi gente... Nuestra gente nos necesita. —Sí. Rápidamente, Kylia tomó en brazos al lobezno y se volvió para dedicarles una última mirada a su familia, a la que tanto quería. —Espero que nos traigas a Kylia con frecuencia, Grant —le recordó Nola. —Ya sabes que lo haré —prometió él—. Yo mismo ansío la paz y la belleza de este reino tanto como ella. Mientras Grant y Kylia unían las manos con las de Dougal y Hazlet, Wilona comenzó a entonar un cántico en la lengua antigua que los ayudaría a marcharse. Muy pronto, Nola y sus hijas se unieron a ella y los hicieron volar envueltos en las notas de la hermosa canción. Con las palabras reseñándoles en los oídos, comenzaron a flotar por encima de colinas y valles, sobre pueblos y agrestes campos hasta que, a sus pies, divisaron el pueblo de Duncrune y, un poco más allá, el castillo. Mientras descendían, Grant estrechó a Kylia entre sus brazos. —Bienvenida a casa, amor mío. «Casa». Aquella palabra la hizo echarse de nuevo a llorar, aunque sus lágrimas eran de felicidad. Por fin estaba en el lugar al que pertenecía, con el Escaneado por Sigena- Año 2004

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La traición- Ruth Langan hombre que había sido dueño de su corazón desde el principio de su vida. El hombre con el que estaría, de ello estaba completamente segura, hasta el final de los tiempos.

Fin.

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Ruth Langan - Serie Las Hermanas Drummond 02 - La Traicion

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